VICEPRESIDENTES (II): Mike Pence

En mi último artículo, me referí a la manera en que Tim Kaine suplía electoralmente las carencias de Hillary...

En mi último artículo, me referí a la manera en que Tim Kaine suplía electoralmente las carencias de Hillary.   Resulta obligado que hoy mencione la forma en que Mike Pence, el compañero de ticket electoral de Donald Trump, pule las limitaciones del candidato republicano.  Mike Pence se ha definido como “cristiano, conservador y republicano” y, precisamente, en ese orden.  En otras palabras, Pence se considera, en primer lugar, cristiano; después portador de una visión conservadora y, finalmente, miembro del partido republicano.  Pence es miembro de una iglesia evangélica y buena parte de su misión consiste en llevar a sus correligionarios a votar por Trump en lugar de optar por Hillary o, más posiblemente, por la abstención.

A diferencia de lo sucedido con las elecciones que ganaron, en su día, Jimmy Carter, Ronald Reagan o los Bush, no da la sensación de que el voto evangélico vaya a ser esta vez la clave para alcanzar la presidencia.  Sin embargo, sí que existen sobradas posibilidades de que pueda marcar la diferencia entre que Hillary gane por la mínima o por un landslide y, sobre todo, también podría ser la causa decisiva de que Hillary llegue a la Casa Blanca o de que lo haga Trump.  En suma, con ese voto solo no se puede alcanzar la presidencia, pero sin él, no cuenta con la menor posibilidad de triunfo el partido republicano.  Por añadidura, en Estados Unidos, los votantes evangélicos son los que desempeñan un papel frente al aborto o el matrimonio homosexual semejante al de ciertos católicos en otras partes del mundo.  Es verdad que Donald Trump lleva unas semanas difundiendo el rumor de que es un born again Christian, pero, de manera que no debería sorprender a nadie, no es fácil creerlo y ahí es donde entra Pence.

Pence tiene una larga trayectoria pro vida y de oposición a la agenda del lobby gay.  Semejante posicionamiento ha sido esencial para que se convirtiera en gobernador de Indiana.  Con un diez por ciento de evangélicos entre los hispanos de la Florida, estos aspectos pueden resultar no tan claros, pero son de una relevancia extraordinaria a escala nacional.  Por añadidura, Pence es un hombre de trato exquisito, casi podría decirse que incluso elegante.  No cuenta con la simpatía llamativa de Kaine, pero sí dispone de un carácter suave, incluso, ocasionalmente, dulce, que resulta muy apreciado por una sector nada desdeñable del electorado estadounidense y que sirve de claro contrapeso a los excesos verbales de Trump.  En honor de la verdad, hay que decir también que no pocas veces las palabras de Trump son retorcidas para que expresen mucho más de lo que dicen y así, cuando señala que espera una reacción de la Asociación nacional del rifle, se manipula en el sentido de que estaba llamando a disparar sobre Hillary.  Pero sean tergiversadas ocasionalmente o no, Pence constituye un excelente contrapunto.  Pence mantiene la relación con el establishment del partido republicano nada feliz con la elección de Trump por las bases; apela al voto evangélico de manera directa como uno de los suyos y coloca aceite y bálsamo en las ronchas y escoceduras que provocan las palabras del candidato.   En otros términos, de la parte más airada del electorado se ocupa Trump y Pence tiene como función mantener e incluso incrementar los votos de los más moderados que se sienten tentados de votar a Hillary o, al menos, de abstenerse.  Que, al fin y a la postre, salga con éxito de su cometido es algo que se sabrá en noviembre.  De momento, sin embargo, hay que reconocer que la elección de Pence está bien pensada.