Venezuela: Los “ángeles de la paz”

Por: Hernán Maldonado*

Los socialistas del siglo XXI, en Venezuela, de pronto se han convertido en “ángeles de la paz y el amor” y se proponen legislar contra los “delitos de odio”, ese genérico criminológico que desde hace mucho tiempo tiene vigencia en el moderno Derecho Penal, pero que, como ”novedad”, se la invoca actualmente en muchos países.

El principal delito de ese tipo es la discriminación racial, pero también rige para la defensa de víctimas de la persecución por razones ideológicas, políticas, sociales, religiosas, orientación sexual, enfermedad, alguna discapacidad o malformación física, etc., etc.

Esos delitos están contemplados en las leyes penales de nuestros países, con mayor o menor énfasis, pero dada su frecuente utilización en las cortes de Estados Unidos (“hate crimes”) se ha popularizado la expresión y la ilegal Asamblea Nacional Constituyente (ANC) venezolana quiere castigar severamente el odio por razones políticas.

El escrache, que nació en Argentina, es definido en el diccionario de americanismos como “la manifestación popular de denuncia contra una persona pública a la que se acusa de haber cometido delitos graves o actos de corrupción y que, en general, se realiza frente a su domicilio o en algún lugar público al que acude la persona denunciada”.

Hace un mes, el ex presidente de PDVSA y actual embajador en el Consejo de Seguridad de la ONU, Rafael Ramírez, fue confrontado por venezolanos que lo ubicaron cenando en un lujoso restaurant de Nueva York, donde un trozo de carne asada cuesta igual al sueldo de 3 meses de un profesor universitario en Venezuela.

El 20 de agosto, el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, fue escrachado en Ciudad de México. Un joven no identificado lo acusó de ser un “asesino, ladrón corrupto” en el aristocrático barrio de La Condesa.

El escrache fue publicado por medios mexicanos que se preguntaban por qué las autoridades no lo expulsaban en represalia a la expulsión del ex presidente Vicente Fox, cuando en junio fue a Caracas en una misión internacional. Peor todavía, al alabar esa expulsión Rodríguez despotricó contra México afirmando que es un país de narcotraficantes.

Hace pocos días, el canciller Jorge Arreaza y su predecesor Samuel Moncada, paseaban en Central Park de Nueva York y otros jóvenes venezolanos los escracharon, acusándolos de corruptos. El tranquilo paseo de ambos, irónicamente, se produjo mientras en su país los milicianos se alistaban para la inminente “invasión de los gringos”.

La abanderada de la próxima ley draconiana, es la actual presidenta de la ANC, Delcy Rodríguez, quien como canciller insultaba a diestra y siniestra a sus colegas en asambleas hemisféricas. Perú retiró a su embajador en Venezuela porque Rodríguez llamó a su presidente “perro simpático”.

Hugo Chávez, casi desde el mismo día en que asumió el cargo, instituyó el odio en Venezuela. Amenazó con freir en aceite hirviendo las cabezas de líderes opositores y convertirlos en polvo cósmico aniquilándolos. Chocando vigorosamente un puño en la palma de la otra mano, ofrecía pulverizar a los “diablos con sotanas” (los obispos), y hasta deseó que un prelado fallecido ardiera “en la quinta paila del infierno”.

Una veintena de dignatarios extranjeros supieron del odio de Chávez, entre ellos el peruano Alan García o el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, antes de que éste se le arrojara a sus pies para asegurarse la reelección en el cargo, dado que el sátrapa venezolano era dueño de los votos de los países-islas del Caribe.

Chávez no escatimó su verbo venenoso para maldecir a Israel “desde el fondo de mis entrañas” o para agredir verbalmente a Estados Unidos, pese a ser su mejor cliente petrolero. Rodríguez, obviamente, ya no se acuerda que el “Júpiter tronante”, desde lo alto de una tribuna en la Av. Bolívar vociferaba: “Yanquis de m… ¡Váyanse para el c…! Delcy, ¿quiénes sembraron el odio en Venezuela?

(*) Hernán Maldonado es periodista. Ex UPI, EFE, dpa, CNN, El Nuevo Herald. Por 43 años fue corresponsal de ANF de Bolivia.

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*