Unos aliados son más iguales que otros: la jerarquía de aliados de Estados Unidos.

Corría el año 1956 cuando se creó una alianza de inteligencia conocida en inglés como los Five Eyes, es decir, los cinco ojos. Formada por Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, esa alianza existe a día de hoy y está por encima de cualquier otra alianza como pueda ser, por ejemplo, la NATO.
César Vidal.

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Corría el año 1956 cuando se creó una alianza de inteligencia conocida en inglés como los Five Eyes, es decir, los cinco ojos. Formada por Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, esa alianza existe a día de hoy y está por encima de cualquier otra alianza como pueda ser, por ejemplo, la NATO. Las naciones miembros de los Cinco ojos no sólo comparten inteligencia entre ellas a un nivel que resulta impensable para otros aliados sino que además espían a sus propios aliados e instalan en los sistemas y territorios de éstos puertas que les permiten acceder a todo tipo de secretos políticos, económicos y sociales así como influir en el resultado de las elecciones o en la marcha de las economías. En 2009, Francia, miembro permanente del Consejo de seguridad de la ONU, tuvo la posibilidad de entrar en los Cinco ojos, pero el hecho de que no se le concediera un status de igualdad con los otros miembros y, sobre todo, el que no se le garantizara que no sería espiada por ellos la llevó a rechazarla. En 2013, Alemania expresó su interés en formar parte del gran club de los espías, pero su solicitud cayó en saco roto. Incluso Israel cuya política tanto pesa en la de Estados Unidos no forma parte del selecto club de aliados de Estados Unidos.
A día de hoy, los Cinco ojos constituye la agencia de inteligencia más poderosa del globo y su vigilancia se extiende, gracias a la superioridad tecnológica, a enemigos y amigos por igual garantizando una clara hegemonía del mundo anglosajón. Cuestión aparte es que su existencia apenas sea conocida y que no se tenga el menor interés en que se sepa que los aliados de Estados Unidos están sometidos a una lógica orwelliana. Ya saben, aquella de la granja de los animales donde todos los animales eran iguales, pero unos más iguales que otros.
Todo esto ha vuelto a salir a la luz – y no de la mejor manera – al suscribir Estados Unidos, dentro del grupo de los Five Eyes, una alianza conocida con el nombre de Aukus. Dicha alianza reúne a Estados Unidos, Australia y Reino Unido. De ella se mantienen fuera el Canadá que no tiene intereses en la zona del Indo-Pacífico y Nueva Zelanda que es contraria a la nuclearización de la zona.
Esta nueva alianza constituye un claro intento de frenar la creciente influencia china en la zona a pesar de que lo cierto es que China sólo cuenta con tres portaviones y la flota de Estados Unidos cuenta con un número de portaviones que supera al de todas las marinas del mundo sumadas.
En el espíritu de los Five Eyes, el pacto publicado implica que Estados Unidos y sus dos aliados comparten información en áreas que incluyen inteligencia artificial, capacidades cibernéticas y de defensa submarina. Además los tres socios de AUKUS se han dado un plazo de dieciocho meses para trazar los detalles para desarrollar los submarinos nucleares.
La firma de este acuerdo ha dejado de manifiesto cuál es la jerarquía de aliados que mantiene Estados Unidos así como las repercusiones especialmente negativas para uno de los más importantes: Francia. En 2017, el gobierno conservador australiano de Malcolm Turnbull firmó con París la construcción de doce submarinos diésel-eléctricos, por valor de más de 30.000 millones de euros, a cargo de la empresa estatal gala Naval Group. Ahora, Australia ha roto ese contrato y ha cerrado la compra de ocho submarinos de propulsión nuclear con Estados Unidos. Sin embargo, por encima de la notable pérdida económica, ha quedado de manifiesto que Francia es, a lo sumo, un aliado de segunda clase para Estados Unidos. De manera nada sorprendente, el ministro de asuntos exteriores francés ha calificado como traición la acción de Estados Unidos y de Australia a la vez que ha acusado a ambas naciones de “muestra una falta de coherencia”. Igualmente, Francia ha llamado a consultas a sus embajadores en Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia por lo que ha calificado como “trato inaceptable”.
Algunos incluso dirán que estos pasos han sido inútiles porque la verdad es que la nueva alianza militar no tiene seguridad alguna de cambiar el equilibrio de poder en la zona ya que China es el gran socio comercial de una región cuyos vecinos son cada vez más dependientes de la economía china. De hecho, la influencia comercial de Pekín tiene todos los visos de aumentar tras haberse incorporado la pasada semana de forma oficial al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico.
Todo esto – quiero insistir en ello – era de sobra conocido aunque da la sensación de que muchos analistas lo ignoraban totalmente. Déjenme que les dé un ejemplo. En el año 2018, saltó a la luz la lucha por la hegemonía mundial que libraban Estados Unidos y China en un terreno tan relevante como el tecnológico. Así, la detención, aparentemente por causas penales, que afectó a la hija del fundador y CEO de la empresa china Huawei implicaba un intento de Estados Unidos de impedir que Huawei debilitara la red de poder de Estados Unidos mediante el deshilachamiento de sus mecanismos y, en especial, de los referidos a los Five Eyes. No se trataba principalmente de un supuesto caso de espionaje industrial – aunque quizá pudiera serlo también – sino de algo mucho más grave. La posible venta a naciones aliadas de Estados Unidos de mecanismos de interceptación de los medios de inteligencia utilizados por los Cinco ojos habría sido fatal para Estados Unidos no sólo porque habría aflojado el control que tiene sobre sus aliados sino porque además hubiera entregado a China una extraordinaria capacidad de bloqueo de operaciones norteamericanas de inteligencia. La clave – una vez más – eran los Five Eyes… desconocidos por tantos.
La cuestión, sin duda, es muy seria. El avance imparable de la influencia china – un avance basado fundamentalmente en la economía y la diplomacia – sumado a los errores de la política exterior de Estados Unidos ha colocado a la primera de las democracias en una difícil tesitura y más tras la desastrosa retirada de Afganistán. Resulta lógico, pues, que flexione los músculos militares con una alianza que puede parecer nueva, pero que, en realidad, no es sino una expresión, aunque muy limitada, de lo que desde hace décadas son los Cinco ojos.
Como era también de esperar, esa acción ha tenido consecuencias entre los aliados de Estados Unidos ya que ha quedado de manifiesto lo que resulta un secreto a voces y es que no todos los aliados de Estados Unidos disfrutan de la misma categoría. En la primera línea, están las naciones anglosajonas, es decir, Reino Unido, pero también Australia, Canadá y Nueva Zelanda. En segundo lugar, aparecen aliados como Francia o Alemania, sin duda relevantes, pero que, bajo ningún concepto, pueden formar parte del club selecto de cabeza. Se pueden indignar por formar parte de una segunda división… pero nada más.
A continuación, se halla el resto de la NATO cuya importancia real es la de aportar bases para la aviación y los misiles americanos. Es el caso de España, Italia, Grecia, Turquía y las todavía menos relevantes repúblicas del Este de Europa. Estas naciones son aliados de tercera e incluso cuarta fila para Estados Unidos y, en realidad, sólo se considera importante su aportación en territorio y su papel como compradores de armamento. Y esto no lo trajo Trump. Es una realidad desde los años cincuenta del siglo pasado.
Aún más atrás se encuentran las naciones de Hispanoamérica hacia las que se desarrolla una política específica que no siempre es la más adecuada ni inteligente, cierto, pero que se corresponde con ser aliados de quinta división. A continuación están las naciones de Asia y África que, con alguna excepción como el Japón, tienen un papel incluso más retrasado en la jerarquía de aliados de Estados Unidos.
Éste es el mundo real y por ello no pueden extrañar ni la exclusión de Francia de un océano Pacífico que Estados Unidos desea que sea un lago americano ni tampoco la reacción de la potencia europea que ha visto cómo Australia anula un importante acuerdo económico, pero, sobre todo, que contempla con amargura cómo, a pesar de ser, por ejemplo, miembro permanente del Consejo de seguridad de la ONU, no pasa de ser un aliado de segunda para los Estados Unidos. La realidad es que no se puede pasar por alto que Estados Unidos tiene su jerarquía de aliados y que la élite la constituyen los miembros de los Cinco ojos. Fuera de ellos, todos son lugares secundarios e incluso menos. Téngase en cuenta esta realidad por encima de las proclamas oficiales y se comprenderán no pocos pasos en política internacional.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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