Una declaración universal para la democracia.

No hay que olvidar que como forma de gobierno la Democracia prácticamente desapareció desde la antigüedad griega hasta su reaparición en el proceso de nacimiento de Estados Unidos. Sin duda nada, absolutamente nada indica que algo parecido esté pasando, pero su crisis actual a través del mundo necesita de nuevas iniciativas para dar la lucha en nombre del mejor sistema de gobierno conocido.
Ricardo Israel.
El 10 de Diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamaba la Declaración Universal de Derechos Humanos. Un documento legal y 30 artículos recogen los principios básicos. Entonces no hubo consenso para un Tratado obligatorio, pero años después se logró la aceptación que los Estados estaban obligados a protegerlos, lo que se incrementó con otros instrumentos.
A pesar del retroceso que significa que la Comisión respectiva de las Naciones Unidas esté integrada por algunos de los peores violadores de esos derechos, la claridad de este Documento es tal que todos lo entienden y también es relevante que sea enseñado a través del mundo en el sistema educacional. Marca un antes y un después en la historia, entrega un horizonte común y permite diferenciar donde se violan y donde se respetan esos derechos.
Este ejemplo es útil para la actual situación que experimenta la Democracia, la que vive un periodo complicado y creo que mucho necesita una Declaración similar al éxito que se logró en 1948. En el siglo pasado era más fácil diferenciar quienes representaban un peligro como fue el caso del estalinismo comunista, el nacismo fascista y los golpes militares. Hoy han aparecido otros.
El ideal democrático se ha visto afectado por alternativas que le agregan un apellido pero que en realidad son su enemigo total, como aquellos gobiernos controlados por el crimen organizado. También por el populismo, la demagogia, la inexistencia o irrelevancia de controles internacionales, el rol distorsionador del dinero, la crisis ética de partidos políticos y de representantes electos, la pérdida del ideal de servicio público, la validación de la violencia como método por parte de conocidos intelectuales.
El problema se hace mas grave por el impacto de las nuevas tecnologías y de las redes sociales, a lo que hay que agregar la carencia de instrumentos adecuados para medirla y así poder distinguir las sociedades que se acercan a las que se alejan del ideal, los que avanzan y los que retroceden.
La Democracia es un sistema de gobierno que no ha logrado ser superado. Es el mejor, pero siempre es frágil. Es un intento nunca acabado y siempre mejorable.
Es un sistema de poder donde la gente de todas maneras puede ser obligada a hacer cosas que no quiere, como respetar autoridades, pagar impuestos o cumplir leyes. Pero tiene algo que la distingue, cual lo es la resolución pacífica de los conflictos propios de toda sociedad.
Allí también existe poder, conflicto y autoridad como también la lucha entre conceptos siempre presentes tales como igualdad, libertad o ética, pero sus reglas permiten que se combinen sin destruirse unos a otros. Si la ética crece en importancia es necesario agregar que es una ética de principios más que de valores, ya que estos últimos cambian al modificarse las circunstancia y las épocas, mientras que los principios son pocos y más permanentes. Son estos principios los que proporcionan un ideal y hasta una forma de vida alrededor de la protección de derechos fundamentales.
La crisis actual llega a la idea misma de representación y al desinterés de muchos votantes afectando la legitimidad que le daba una confianza que se ha ido perdiendo.
Pero la Democracia no es solo principios, sino también un consenso sobre un sistema de reglas que deben ser cumplidas. De ahí la oportunidad y necesidad de una Declaración Universal para la Democracia.
Al exitoso ejemplo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Democracia le puede agregar dos elementos: en primer lugar, que sus principios han cambiado poco y sus hitos siguen siendo aceptados, tanto en su origen en la antigüedad griega como en su reaparición moderna en el proceso constitucional que creó a los Estados Unidos y en su triunfo en el último siglo. En segundo lugar, a la Democracia la distingue el hecho que es también un sistema de reglas establecidas en el Derecho Internacional y aceptadas por muchos sistemas constitucionales en diversos países. Existe por ejemplo una Carta Democrática Interamericana, siendo un tema distinto que no se respete o no se castigue a los gobiernos que la violan.
No hay que olvidar que como forma de gobierno la Democracia prácticamente desapareció desde la antigüedad griega hasta su reaparición en el proceso de nacimiento de Estados Unidos. Sin duda nada, absolutamente nada indica que algo parecido esté pasando, pero su crisis actual a través del mundo necesita de nuevas iniciativas para dar la lucha en nombre del mejor sistema de gobierno conocido.
Existiendo definiciones, conceptos, principios y reglas, la Democracia tiene mucho terreno avanzado. De ahí la necesidad de una Declaración Universal para abordar el difícil momento que vive.
(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona, Doctor (Ph.D.) en Ciencia Política (Government, University of Essex), excandidato presidencial en Chile (2013)

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