¿Un modelo para la paz mundial?

Desde la perspectiva de la ciencia política, el éxito del Tratado Antártico plantea preguntas interesantes sobre su aplicabilidad a otras regiones y problemas mundiales. ¿Ofrecen los elementos clave del Tratado Antártico algún tipo de hoja de ruta para un mundo más pacífico? Tal vez, pero ¿será solo porque en la Antártida hace mucho frío, y —lo más importante—, no tiene población humana.
José Azel.

En la tierra existe solamente un lugar donde nunca ha habido guerra, donde la investigación científica es prioritaria y donde el medio ambiente tiene protección total. Es un continente hermoso, con un territorio mayor que el de los Estados Unidos y Europa juntos, dedicado con éxito a la paz y la ciencia. Pero esta región de maravilla tiene un rasgo distintivo; bueno, quizás dos: hace mucho frío y no tiene población humana nativa.

En diciembre de 2019 me puse la ropa de invierno más cálida, las gafas de científico social y viajé a la Antártida en un esfuerzo por comprender el éxito del Tratado Antártico, que dejó a un lado las reclamaciones territoriales históricas de Argentina, Australia, Chile, Francia, Nueva Zelanda, Noruega y el Reino Unido. Cuando entró en vigor el tratado, en 1961, Estados Unidos, Rusia, Bélgica, Japón y Sudáfrica también tenían importantes intereses en la Antártida. Sin embargo, el documento ha mantenido al continente en paz y comprometido con la ciencia.

Desde nuestra base de operaciones, un crucero anclado en alta mar, utilizamos kayaks y lanchas de desembarco zodiac, para incursionar en varios puntos del continente durante siete días consecutivos. Siguiendo las estrictas normas de protección ambiental del Tratado Antártico, nuestras botas y cualquier equipo que tocara tierra eran desinfectados por completo antes y después de cada desembarco.

Esta observancia ambiental rigurosa parecería trivial, excepto si consideramos que la Antártida no pertenece a ninguna nación o grupo de naciones. Mientras se esté en la Antártida no se está en ningún país. En teoría se está sujeto solamente a las leyes del país de origen y a las normas del Tratado Antártico, pero no hay nadie en la Antártida que haga cumplir esas leyes y normas. Cualquier ejecución tendría que esperar a llegar a casa.

Causa sorpresa que el Tratado Antártico original, firmado por los 12 países con reclamos territoriales o con intereses significativos, consistía en solo catorce breves artículos que cabían en una página. Con los años se han agregado protocolos adicionales y ha sido firmado por 54 países. Para apreciar el alcance del Tratado Antártico, consideremos algunos de sus elementos claves:
Artículo 1: No se hará uso militar de la Antártida. Artículo 2: Habrá completa libertad de investigación científica. Artículo 3: Las naciones del Tratado Antártico intercambiarán información sobre los planes y datos de sus programas científicos, e intercambiarán científicos. Artículo 7: Todas las instalaciones pueden ser inspeccionadas en cualquier momento por inspectores de otras naciones del Tratado. Artículo 8: Todo el personal estará bajo la jurisdicción de su propio país. Artículo 10: Todas las naciones del Tratado tratarán de garantizar que nadie realice ninguna actividad en la Antártida que sea contraria al Tratado.

Otros artículos tratan sobre protección del medio ambiente, conservación, eliminación de residuos, etc.

El artículo 4 es una ingeniosa estratagema diplomática con la que los reclamos territoriales originales, quedan en espera. Esos reclamos territoriales no se reconocen, pero tampoco se descartan. Simplemente, se colocan en espera y no se pueden hacer nuevas reclamaciones mientras el Tratado esté en vigor.

Es notable que este Tratado, firmado durante la Guerra Fría, haya sido efectivo para regular el comportamiento de naciones poderosas con reclamos e intereses respecto a la Antártida, y no ha sido objeto de discordia internacional. La Antártica se ha mantenido pacífica, cooperativa, con ambiente protegido y comprometida con la investigación científica.

Pero no se trata solamente de una regulación de la conducta de estados nacionales. El Tratado ha influido en el comportamiento individual de las personas que visitan la Antártida. El continente recibe casi 40,000 visitantes por año y sigue siendo una hermosa tierra virgen donde los pingüinos ignoran a los visitantes.

Desde la perspectiva de la ciencia política, el éxito del Tratado Antártico plantea preguntas interesantes sobre su aplicabilidad a otras regiones y problemas mundiales. ¿Ofrecen los elementos clave del Tratado Antártico algún tipo de hoja de ruta para un mundo más pacífico? Tal vez, pero ¿será solo porque en la Antártida hace mucho frío, y —lo más importante—, no tiene población humana.

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