The checks and balances y algo más

El constitucionalismo, estimados amigos, asume el ejercicio del poder soberano, máximo y extraordinario en cabeza del pueblo, concibiéndolo, además, como terrenal y no divino. El “checks and balances” que marcha aparejado a “la separación de los poderes” propende a un gobierno alimentado por la necesaria garantía de los derechos ciudadanos. Ese es el bien por proteger.
Luis Beltrán Guerra G.

Al agradecer la invitación, permítanme decirles que el “Checks and Balances” es y ha sido una “cláusula tentativa” en lo que respecta al equilibrio que ha de observarse en el ejercicio del poder público, particularmente, en aquellos gobiernos derivados de la cesión de soberanía que el pueblo les hace. Y que en aras de la claridad, ha de entenderse que no es “un endoso absoluto”, ni mucho menos una entrega de la voluntad ciudadana. Por el contrario, es más bien relativo y, para que así sea, los que elaboran las leyes, gerencian al gobierno y aplican el orden normativo han de controlarse mutuamente.

Me complace ver a colegas académicos, exalumnos de pregrado y hasta postdoctorados, por lo que esta es la de “la excelencia”. Soy Daniel Desamarais, nativo del Cusco, pero criado en Toulouse. Hoy titular de la Sorbona. Me acompańa mi pareja Victoria Sabalenka, de Bielorrusia, exiliada por Lukashenko.

El “Check and Balances” suele vincularse con “la constitucionalidad anglosajona”, ubicándosele en la “Arquitectura del Estado”. La justificación, no puede excluirse al pueblo del gobierno, motivo para arbitrar una fórmula que coadyuve a que los cesionarios (legisladores, administradores y jueces) ejerzan sus funciones de conformidad con la Constitución y las leyes. En el común se escucha que es el pueblo quien manda.

He de expresar que lo he calificado como precepto de naturaleza imperativa, pero, asimismo, anhelo de los edificadores de las sociedades democráticas, convencidos que sin una equilibrada balanza entre gobernantes y gobernados, marcharían con una acentuada debilidad. Mi pareja es partidaria de explicar el tema como lo hace con sus alumnos del tercer nivel elemental, utilizando “La guía de BENS”: La Constitución dividió al Gobierno entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, con funciones específicas y separados el uno del otro, pero con controles para evitar “una excesiva potestas” en todos ellos.  Estos ejemplos ilustran 1) El legislativo hace leyes, pero el presidente en el poder ejecutivo puede vetarlas, 2) El judicial también puede declarar esas leyes inconstitucionales, 3) El ejecutivo hace cumplir y administrar las leyes, 4) El presidente, Jefe del  ejecutivo, puede vetar una ley, pero el legislativo puede anular ese veto, 5) El legislativo aprueba nominaciones presidenciales, controla el presupuesto y puede acusar al presidente y destituirlo, 6) El Ejecutivo puede dictar decretos con fuerza de ley, pero el Judicial puede declararlos inconstitucionales, 7) El  judicial interpreta las leyes, pero el presidente nombra a los jueces con la anuencia del legislativo, el cual puede, inclusive, destituirlos. Esta “guía”, concluye la maestra Sabalenka, ha ayudado a mis alumnos para finalizar con honores sus doctorados.

El constitucionalismo, estimados amigos, asume el ejercicio del poder soberano, máximo y extraordinario en cabeza del pueblo, concibiéndolo, además, como terrenal y no divino. El “checks and balances” que marcha aparejado a “la separación de los poderes” propende a un gobierno alimentado por la necesaria garantía de los derechos ciudadanos. Ese es el bien por proteger. Por tanto, pregunto si favorecería, por ejemplo, a los sufragantes a preguntarse por qué y cómo el Presidente, senador o juez me representa, cuando lo único que hice fue meter unas papeletas en las urnas y en horas de la noche, después de los escrutinios, miré cercanamente al elegido, mucho más contento que los votantes, aunque estos últimos aplaudían fervorosamente. No les ofendo al manifestarles que el “Check and Balances”, cuya genialidad no puede negarse, la alimenta hoy una aceptación relativa del constitucionalismo, pues se le cuestiona no garantizar una verdadera representación del pueblo. Además, se adiciona que el poder ejecutivo se ha arrogado un cumulo de atribuciones, por lo que la crítica ha dado en llamarle “el príncipe democrático”, el legislativo se percibe autónomo y en lo relativo al judicial, quienes acuden a él salen alarmados por la ineficiencia o la amoralidad de los jueces. Al “sistema del check and balances”, en ese ambiente de escepticismo, se le mira como en una ruleta que gira, gira y gira y muy pocos aciertan donde cae la bolita. En este albur suele ubicarse al pueblo.

Es por ello una gran verdad que las “constituciones no caen milagrosamente de los cielos, son más bien creaciones humanas producto de la lucha política. Y allí algunos ganan y otros pierden”. (Chau Donato, Francisco, 126 Universitas, 2013). Las normas constitucionales, no olvidemos, están supeditadas al interés de poderosos actores sociales.

El escenario induce a preguntarnos si son especuladores aquellos que supeditan la legitimidad y honestidad de las providencias políticas, a su análisis con los sufragantes y a “la inclusión social”, definiendo esta manera como “democracia deliberativa”. Cabría indagar si no será lo mismo que la “democracia participativa que destruyó a Venezuela, acota Caupolicán Ovalles, casi tumbando el equipo que utiliza para filmar eventos relacionados con el desastre caraqueńo.

Jerónimo Santos opina que la Corte Suprema de Justicia de Colombia ha interpretado que el “Check and Balances” no excluye la legitimidad del pueblo soberano para “los referendos revocatorios, moción de censura y rendición de cuentas”, mecanismos de control directos.  Este sistema propende a impedir no sólo la tiranía del gobierno en lo concerniente al pueblo, sino a controlar los abusos de unos sectores sobre otros. El ciudadano queda legitimado constitucionalmente a ello. En su país, a pesar de todo, funcionan las instituciones, una gran ventaja.

No puedo concluir esta charla, expresa el conferenciante, sin manifestarles que tal vez el problema más serio que confronta la democracia es la desigualdad social, con respecto a la cual los gobiernos, en su mayoría, terminan enredados. Clientelismo y populismo han caminado al lado de las políticas redistributivas, tanto en lo que respecta a su diseńo como a su puesta en práctica. Pero, también, la inclinación popular hacia las dictaduras o democracias.

Les prometo que nos veremos pronto.

Por favor, no me olviden. Ni tampoco a Victoria.

Y muy a nuestro pesar he de recordarles el pago de los estipendios, que como saben comprende los fees por las charlas de Victoria y mía, así como pasajes aéreos y gastos de hotel y alimentación.

Les quiero mucho.

@LuisBGuerra

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