Afganistán, la huida.

Como aficionado de la historia considero que la reciente retirada de tropas de Estados Unidos de Afganistán, tiene todas las características de una decisión política. Una providencia basada en deseos, convicciones y compromisos ordenada por burócratas y políticos, que aparentemente no tuvieron en cuenta muchas de las consecuencias de sus acciones.

Nunca debimos ir a Afganistán (III).

Si he de ser sincero, no puedo imaginar un solo conflicto armado a día de hoy que pueda beneficiar a Estados Unidos, pero es obvio que distintos lobbies piensan en no menos de media docena de guerras. A fin de cuentas, de ellos sólo sacarían beneficios – o, por lo menos, así lo creen – mientras que la sangre y el dinero los pondrá Estados Unidos.

Nunca debimos ir a Afganistán (ii)

En 2021, finalmente, el presidente Biden anunció la retirada definitiva de Afganistán y, de manera inevitable, ha quedado de manifiesto la derrota de Estados Unidos en la guerra más prolongada de su Historia. El coste de ese fracaso no ha sido pequeño. De hecho, la victoria de los taliban en la guerra de Afganistán ha ido unida a cifras de pérdidas humanas nada desdeñables que superan en su conjunto las ciento treinta mil muertes.

Nunca debimos ir a Afganistán (I).

La Historia de los errores occidentales en Afganistán viene de lejos aunque nadie ha querido aprender las lecciones. Por no irnos demasiado atrás en el tiempo, deberíamos recordar la guerra anglo-afgana de 1839. A esas alturas, el imperio británico estaba obsesionado con una expansión rusa de la que ahora sabemos que no existía el menor peligro.

Carlos Alberto Montaner

La rendición de Afganistán.

Un team de los navy seal ya había liquidado en Paquistán a Osama bin Laden hace más de 10 años, el 2 de mayo del 2011, y Al Qaeda no sólo estaba descabezada, sino que tenía sus días contados. Ese era el momento de salir de Afganistán, pero el entonces presidente Obama, por la razón que fuere, ni siquiera lo consideró.