¿QUÉ SUCEDE EN ESPAÑA? (I): ¿Una España mejor?

Un análisis de la situación actual del gobierno Español (I)

La reciente caída del gobierno español y su sustitución por un gabinete socialista con el respaldo de comunistas y nacionalistas catalanes y vascos ha sorprendido a no pocas personas.  Que así sea tiene una enorme lógica ya que para comprender lo acontecido hay que conocer bien la política española y esa circunstancia no resulta tan habitual.  No sorprende por ello que haya quien se ha apresurado a trazar paralelos entre la situación de España y la de  Venezuela o a buscar responsables extranjeros.  Como materia para una charla de cafetería esos acercamientos pueden contar con alguna utilidad, pero presentan el problema de que no tienen el menor punto de contacto con la realidad.

A decir verdad, lo acontecido en España estaba cantado desde hacía tiempo – algunos hemos escrito sobre ello con anterioridad incluso en este foro – y, muy posiblemente, sólo nos encontramos ante un episodio más de un camino hacia la extinción paulatina del sistema político español iniciado en el año 1978. Analizarlo exige un conocimiento de tres áreas especialmente erosionadas en España desde 2004 en que José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder.  El gobierno de Rajoy contribuyó también enormemente a ese deterioro e incluso lo ha aumentado de manera decisiva.  Esa circunstancia explica que el final político de Rajoy haya causado no menos alegría entre los votantes de la derecha que entre los de la izquierda.  En esta entrega y en las siguientes, intentaré abordar el trasfondo político, institucional y económico que ha causado el final de Rajoy y que, a día de hoy, no permite hacer previsiones halagüeñas de cara al futuro.

La semana pasada, Mariano Rajoy se despidió señalando su orgullo por dejar tras de si una España mejor que la que había encontrado al llegar al poder hace seis años. Objetivamente hablando, esa afirmación, lamentablemente, no se corresponde ni de lejos con la verdad. Mariano Rajoy llegó al poder con una abultadísima mayoría absoluta que iba acompañada de un poder territorial – ayuntamientos y Comunidades autónomas – no menos extraordinario.  La clave de su victoria no se hallaba en él ni en su equipo – en términos generales, grises y mediocres – sino en la inmensa hartura que en los ciudadanos españoles habían provocado los dos mandatos de Rodríguez Zapatero conocido popularmente como ZP.  Los votantes esperaban que Rajoy corrigiera los excesos ideológicos de ZP que iban de la ideología de género a la ley de memoria histórica así como la pésima situación económica, tan mala que en 2010 España estuvo en suspensión de pagos unas horas del día 7 de mayo y no se desplomó gracias al americano Obama y al chino Xi.

Sin embargo, Rajoy no cumplió una sola de sus promesas electorales con el resultado de que casi todo empeoró en sus seis años de gobierno.  En términos meramente ideológicos y en contra de su electorado, mantuvo la libérrima ley de aborto impulsada por la ministra feminista Bibiana Aído; avanzó la ideología de género hasta el punto de que hace unas semanas su ministro de justicia se arrodilló ante las turbas callejeras y atacó a un juez públicamente por no haber dictado una sentencia que dejara satisfechas a las feministas; no tocó la sectaria ley de memoria histórica y cedió todavía más ante los nacionalistas vascos y catalanes.  Todos eran males que procedían de la época de ZP, pero Rajoy no sólo no los corrigió sino que los empeoró conscientemente.

Tampoco la economía española mejoró.  Trataré este tema en la siguiente entrega, pero ya ahora adelanto que aunque la propaganda oficial ha insistido en que España ha salido de la crisis, la realidad es muy diferente.  España pasó durante el gobierno de Rajoy – y gracias a su desastroso ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro – de tener una deuda pública del 60 por ciento del Producto Interior Bruto a superar el cien por cien y continúa siendo el único país de toda la Unión Europea que no ha cumplido con los objetivos de control de déficit desde hace una década, seis de esos años bajo Rajoy.  Insisto en que volveré sobre este tema en otra entrega, pero estas dos pinceladas bastan ahora para indicar hasta qué punto la economía española pasa por un pésimo momento que, al menos en teoría, podría concluir con una suspensión de pagos, el temido default.    De hecho, como han reconocido en la reciente Declaración de Granada cerca de cuarenta catedráticos españoles de Hacienda pública, la política seguida por el ministro de Hacienda está tan plagada de ilegalidades que ha logrado convertir a los ciudadanos en, literalmente, súbditos.

Dado que la traición a los principios ideológicos ha ido sumada a la crisis económica y a la institucional – temas ambos que trataré más adelante – no sorprende que el PP de Rajoy haya perdido tres millones de votos – prácticamente uno de cada cuatro votantes – con el resultado de que no conserva ninguna de las alcaldías relevantes ni tiene la mayoría absoluta en ningún gobierno regional. De hecho, tras perder más de la mitad de gobiernos regionales que controlaba hace seis años, en los que aún conserva el poder lo hace en situación precaria y en minoría.

Los resultados de la conducta de Rajoy van mucho más allá de la pérdida de peso del PP en las instituciones.  De hecho, el PP tiene un pavoroso futuro como partido, la derecha que consiguió unir Aznar está dividida y enfrentada, al parlamento ha llegado una izquierda chavista y hasta un político con menos de un centenar de escaños se ha convertido en presidente de gobierno.   José María Aznar señalaba hace apenas unos días que no se sentía representado por el PP de Rajoy y que la derecha estaba abierta en canal.  No es su opinión solo sino la de millones de votantes habituales de la derecha y la del autor que escribe estas líneas.   Rajoy volvió la espalda a los españoles y los españoles le volvieron la espalda a Rajoy. Sin embargo, no se trata sólo de una suma interminable de traiciones electorales además en el origen de su horrible final están también la pésima política económica y una crisis institucional relacionada de manera directa con la corrupción.

CONTINUARÁ

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