¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN CATALUÑA? (II)

La impunidad del nacionalismo catalán se ha mantenido incólume durante décadas. Sin embargo, tarde o temprano, tenía que concluir.

En la última entrega señalé los privilegios que, desde hace siglos, ha disfrutado Cataluña en comparación con otras partes de España así como la manera en que ese trato de favor se ha disparado en las últimas décadas al servicio de una más que corrompida política clientelar. La pregunta, pues, es por qué, a pesar de esos beneficios escandalosos, injustos e innegables, el nacionalismo catalán se ha lanzado por el camino de la independencia. Las razones son, fundamentalmente, tres. A lo largo de cuatro décadas, Cataluña se ha convertido en la región más corrompida de Europa occidental. Con seguridad, el origen de tan lamentable circunstancia se encuentre en el denominado caso Banca catalana. En 1982, quedó de manifiesto no sólo que la dirección de este banco estaba incursa en graves delitos sino que además esa circunstancia afectaba de lleno a Jordi Pujol, a la sazón, presidente de Cataluña. En puridad, Pujol tendría que haber sido detenido, juzgado y condenado. Sin embargo, las presiones del rey, del gobierno de Felipe González e incluso de la iglesia católica lograron que en 1984, Pujol se viera libre de cargos de los que, a todas luces, era culpable. El régimen de 1978 había decidido otorgar impunidad al nacionalismo catalán y el paso resultó tan obvio que los obispos catalanes, en 1985, es decir, el año siguiente a la exoneración de Pujol, publicaron un documento conjunto en el que asumieron todo el discurso ideológico nacionalista. Sabían ya los prelados quien mandaba en la zona y quien, presumiblemente, seguiría haciéndolo en el futuro.

La impunidad del nacionalismo catalán se ha mantenido incólume durante décadas. Sin embargo, tarde o temprano, tenía que concluir. Desde la familia Pujol – definida por el fiscal como una organización para delinquir – a un número más que considerable de políticos, cerca de cuatrocientos cargos del nacionalismo catalán se hallan incursos actualmente en causas judiciales por corrupción. Esto significa una cifra casi doble a la de procesados por corrupción en la socialista Andalucía y casi el triple que en la comunidad de Madrid. La amenaza de la independencia se ha convertido así en un instrumento de extorsión para consagrar una impunidad aún mayor que la disfrutada desde hace décadas. Para que los lectores puedan comprender la doble vara de medir de que disfruta el nacionalismo catalán basta con mencionar el reciente caso de la librería Blanquerna. Hace dos años, un grupo de jóvenes irrumpió en este centro situado en Madrid mientras se celebraba un acto independentista. Se limitaron a gritar consignas como “Cataluña es España”, pero la justicia española los ha condenado hace unas semanas a penas de cuatro años de prisión. En paralelo, por desobedecer las órdenes de los tribunales – incluido el Supremo – desencadenar una campaña de secesión y burlar la ley no se ha llevado a cabo ni una sola detención en Cataluña. Es obvio que la impunidad del nacionalismo catalán es enorme, pero aún así no lo suficiente como para que los nacionalistas no utilicen el chantaje independentista.

La segunda razón es un fruto directo del adoctrinamiento nacionalista. Tras cuarenta años de inculcar el odio a España y la consigna de que todos los males se deben a pertenecer a la misma, al menos, dos generaciones han terminado por creerlo. Era cuestión de tiempo que esas nuevas generaciones exigieran de los dirigentes políticos que dieran el paso que, en teoría, resultaba ineludible.

La tercera razón es, finalmente, la convicción de que incluso si no se alcanza la independencia la situación privilegiada de Cataluña puede incrementarse. Hace apenas unos días, la patronal catalana se ha manifestado de acuerdo con la tesis de suprimir el referéndum y, a cambio, aprobar un nuevo estatuto de autonomía que incluiría, entre otros privilegios, un concierto económico para Cataluña similar al que disfrutan las Vascongadas y Navarra y una representación catalana en organismos internacionales. En otras palabras, Cataluña sería independiente de facto, determinaría la aportación que haría a España que, no obstante, cubriría todos sus gastos. El niño malcriado decide no abandonar el hogar paterno, pero los padres pagarán todos sus caprichos y no pondrán ningún obstáculo a que haga lo que le venga en gana. En términos económicos, la propuesta es inviable, pero también sería la coronación de una trayectoria de siglos. Al fin y a la postre, Cataluña lograría convertir a España en un simple protectorado de sus oligarquías.

Resumiendo, pues, hemos llegado a esta situación por una mezcla de corrupción clientelar gigantesca, adoctrinamiento fanático y codicia desmedida. A todo ello, se une otro factor de enorme peligrosidad que suele pasarse por alto en los análisis. Me refiero a la alianza entre el nacionalismo catalán y los grupos anti-sistema.

Históricamente, esa alianza se ha producido en varias ocasiones. Aprovechando la desestabilización propia del nacionalismo catalán, en 1917, los grupos antisistema se sumaron al mismo para dinamitar la monarquía parlamentaria. El intento fracasó, pero volvió a reproducirse en 1934 cuando la izquierda y el nacionalismo catalán se se alzaron contra el gobierno de la II República abriendo el camino para una guerra civil que estalló menos de un bienio después. De nuevo, en 1936, el nacionalismo catalán, unido a la izquierda, instauró un régimen revolucionario en Cataluña que acabó con cualquier vestigio de legalidad republicana. Suele pasarse por alto, pero resulta conveniente recordar que durante los dos años y medio de gobierno del nacionalismo en Cataluña (julio de 1936-enero de 1939) se llevaron a cabo muchísimos más fusilamientos de civiles en esta región que los que perpetró Franco en casi cuarenta años de dictadura.

En la actualidad, esa alianza de sangrienta historia ha vuelto a articularse. No se trata sólo de que ETA haya fletado autobuses para apoyar a los nacionalistas catalanes el 1 de octubre; no se trata sólo de que antifa procedentes de Francia, Italia y Grecia llegarán a Cataluña este fin de semana para apoyar a los nacionalistas catalanes, ni siquiera se trata sólo de que la CUP, una fuerza nacionalista catalana, ya haya comenzado a constituir Comités de defensa de barrio para reprimir a los no-nacionalistas. Se trata de que Podemos ha decidido apoyar el nacionalismo catalán en la convicción de que puede ser el detonante para un cambio de régimen. La meta – expresada de manera pública – del día después sería la constitución de una Asamblea constituyente al estilo madurista que arrastre a España por las delicias de una nueva revolución chavista. Como maestro de ceremonias de la alianza entre Podemos y el gobierno catalán ha actuado nada menos que Roures, un trotskista magnate de los medios de comunicación, que reunió a ambos en su casa para cenar hace apenas unos días.

¿Es posible que tan siniestra meta se alcance? ¿Puede saltar por los aires el régimen constitucional gracias a la alianza de la extrema izquierda con el nacionalismo catalán y el vasco? Desde luego, no es imposible. Hace apenas unas horas, la Conferencia episcopal española por unanimidad emitió un comunicado en el que manifestaba su apoyo a los obispos catalanes – todos ellos nacionalistas catalanes y algunos furiosamente independentistas – asumía expresamente el lema de Podemos de paz, fraternidad y libertad; definía a España como estado, pero evitaba cuidadosamente calificarla como nación y señalaba que la única solución era “el diálogo generoso” con los golpistas catalanes que violan la legalidad constitucional. Quizá no resulte sorprendente en una institución que pasó de ser rabiosamente franquista a pro-democrática en los años setenta y que hoy preside un pontífice que ha ayudado a personajes tan poco recomendables como Raúl Castro, Nicolás Maduro o Evo Morales. Pero, juicios morales aparte, un paso de esas características lleva a pensar que quizá el descoyuntamiento de la España que hemos conocido en las últimas cuatro décadas no es, ni mucho menos, imposible.

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*

Vea: 

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN CATALUÑA? (I):

https://www.intdemocratic.org/2017/09/que-esta-pasando-en-cataluna-i/