Pensando en el futuro de Cuba

En apariencia, el futuro se percibe rosado. O Raúl Castro va aflojando el dogal que oprime la isla desde hace casi seis décadas o volverán los tiempos del embargo como un merecido castigo

Con Donald Trump electo y Fidel Castro muerto, no son pocos los que claman por un regreso de la política exterior estadounidense al punto anterior al acuerdo entre Obama y Castro.

Trump incluso parecería apoyar esa eventualidad al indicar que si Cuba no cumple las condiciones acordadas está dispuesto a volverse atrás de lo pactado.

En apariencia, el futuro se percibe rosado. O Raúl Castro va aflojando el dogal que oprime la isla desde hace casi seis décadas o volverán los tiempos del embargo como un merecido castigo.

Sin embargo, la realidad es muy distinta. De hecho, no tengo el menor deseo de herir sensibilidades, pero esa política podría constituir un grave error. Aún iré más lejos: es justo lo que está esperando la Nomenklatura castrista. Si Estados Unidos da marcha atrás, La Habana no sólo conseguirá resucitar el espantajo de la lucha anti-imperialista más que repetido estos días en los bochornosos homenajes rendidos a Fidel Castro, sino que además lo hará frente a un Donald Trump que ha ganado las elecciones en Estados Unidos, pero que concita enormes antipatías en todo el globo.

Convertida de nuevo, por mor de la propaganda, en el David aguerrido que se enfrenta al Goliat yanqui, la dictadura recibiría ayuda no de Rusia que está más que escarmentada de sus experiencias previas con Cuba, pero sí de la Unión Europea y también, y de manera muy especial, de China.

En un intento, por lo tanto, de repetir la política que ha fracasado durante más de medio siglo y que proporcionó a Castro la excusa para justificar las calamidades que perpetró, no sólo no se lograría dar un solo paso hacia el final de la tiranía caribeña, sino que incluso se le abrirían las puertas para aguantar por tiempo indefinido.

Me consta que el tema de Cuba es propenso a crispar los ánimos y es lógico que así resulte. Abandonar la patria querida, perder bienes y familia, separarse para siempre de amigos y lugares no son circunstancias que faciliten el nacimiento de sentimientos positivos. Sin embargo, aquí se trata de ser más prácticos que emocionales, más realistas que sentimentales. ¿Se desea el final de la dictadura o lo que se ansía es dar salida a la rabia acumulada? Si es lo segundo, regresar a la situación de décadas es ideal. Si, por el contrario, se trata de lo primero, la única salida es esperar con paciencia durante los próximos diez años.

En siete u ocho, las empresas estadounidenses estarán en la isla haciendo negocios y estrechando todavía más los lazos entre las dos naciones. La Nomenklatura querrá ser Vietnam – saben que Cuba no puede ser China – y conservar una dictadura del partido comunista, pero con mejora de las condiciones de vida. No podrá conseguirlo porque la cercanía con Estados Unidos es enorme, porque ya hay millones de cubanos en este país y porque la economía ha quedado tan maltrecha a causa del régimen comunista que no puede soñar con lograr lo que han conseguido otros regímenes marxistas en Asia. Entonces la dictadura se cuarteará y, poco a poco, dará paso a un sistema democrático aunque, económicamente, dependa de los Estados Unidos más que Puerto Rico o que Canadá. Podemos optar por esa vía que, a medio plazo, tendrá éxito o volver a transitar el camino fracasado del embargo para fortalecer la dictadura y dejar que China, el principal peligro para Estados Unidos, se instale a unas millas de la Florida. Que cada uno reflexione sobre lo que es mejor.

Publicado por Diario las Américas el viernes 2 de diciembre, 2016

https://www.diariolasamericas.com/opinion/pensando-el-futuro-cuba-n4109227