Mirando el panorama en un contexto hemisférico

Paradójicamente, los dos países de hispano américa que llamaríamos “los de mostrar”, presentan en estos momentos los panoramas más complejos y preocupantes de la región. Chile y Colombia.
Rodrigo Arboleda

Mirando el panorama en un contexto hemisférico

Rodrigo Arboleda

Paradójicamente, los dos países de hispano américa que llamaríamos “los de mostrar”, presentan en estos momentos los panoramas más complejos y preocupantes de la región. Chile y Colombia.

Ecuador parece haber manejado su crisis con mayor éxito, al menos en la superficie y por el momento. Bolivia salió del “dictador-democrático” esa extraña figura que surge de una estrategia muy bien pensada y muy refinada a lo largo de varias décadas: la de ganar el poder por las urnas, pero de ahí en adelante atornillarse en el mismo con miras a no dejarlo jamás.

Afortunadamente, los bolivianos se la jugaron toda y por el momento, también, parecería que van reconstruyendo la democracia, pero con nubarrones de tormenta al enterarse de que “El Evo” se muda a un vecindario que se perfila conflictivo y muy afín con esa filosofía nefasta: Argentina.

Uruguay presenta una oportunidad de contrarrestar mediante una refrescante demostración de sabiduría democrática, la de la alternancia en el poder. Luego de 17 años de sucesivos gobiernos socialistas, el pueblo, cansado y aburrido, decide darle oportunidad a un gobierno liberal, demostrando que sigue siendo un país que por los últimos siglos había sido relativamente serio, profundo, culto. Gente leída, bien informada, sin muchos aspavientos, habían sido capaces de navegar bien por estas difíciles aguas con alternancias o péndulos que tanto convienen a las democracias.

Hablar de Nicaragua y de Venezuela, es transitar por tristes y peligrosos callejones oscuros, diabólicos. En Nicaragua, Ortega y su mujer Rosario, personajes ambos de novela surrealista de García Márquez, o más bien de tragicomedia Kafkiana, continúan una tradición centroamericana que saca la cabeza del lodo en busca de aire, para inmediatamente volver a hundirla y caer en la desesperanza, la corrupción y la avaricia de sus mandatarios.

Pero qué decir de Venezuela: en cuál de los círculos de la Divina Comedia podríamos ubicar a Venezuela. Vaya dilema. Lo ultimo que vemos es a Guaidó cayendo en desgracia ante la administración Trump, como evidencian los comentarios de estos días de Pompeo y del subsecretario de Estado para la región, Michael Kozak.

Venezuela es la amenaza más grande de la región, no por su capacidad bélica ni ideológica, sino por los 4 millones de refugiados (que pueden convertirse en 8 cuando menos nos demos cuenta), factor de desestabilización para toda la región andina hasta el Cono Sur y aún a Brasil. Muchos artículos por escribir sobre solo este caso tan absolutamente absurdo y dramático.

Y Colombia. Ah!, Colombia, que dolor. Una juventud ilusionada porque ya casi no hay el número de muertes violentas de antaño, producto de “La Paz”. Tal vez por ello, ahora comienzan a demandar una serie de cosas al ver todo lo que lograron las FARC producto de una paz firmada a rajatabla, entregando lo que fuera necesario, incluyendo impunidad para crímenes de lesa humanidad, con tal de firmarla. Creen entonces que negociar exigiendo el oro y el moro, ahora si van a “consolidar la paz”. Pero lo que preocupa es ver que “la Paz que heredamos” es como esas calmas chichas que soterradamente vaticinan una tormenta mayor.

No nos damos cuenta que la paz quedó tan mal montada, o tan “bien montada” para los que quieren acabar con la democracia, que hemos cambiado temporalmente el numero de muertes violentas y que estamos navegando en un mar aparentemente mucho más tranquilo, sin saber que por debajo de nuestros pies hay una “resaca’ o “contra corriente”, que nos arrastra casi sin darnos cuenta, o solo algunos se dan cuenta, hacia un panorama de desolación y desesperanza.

Y a los que se dan cuenta, los acallan diciéndoles que son de “ultra derecha”, reaccionarios, cavernícolas o cosas por el estilo. Porque como de otra manera explicarse que un presidente como Duque, elegido por una abrumadora mayoría de votos, que en su mandato estamos creciendo por encima del 3% anual, a quien le cabe el país en la cabeza como lo he demostrado recientemente en entrevistas y reportajes, esté padeciendo un calvario de percepción negativa si todo lo que viene haciendo arroja resultados reales, contables, muy positivos.

Estamos pues viviendo unos momentos muy complejos, producto de muchas cosas. Columnistas, politólogos, “expertos en temas sociales” nos “iluminan”, casi todos con conceptos muy negativos sobre el gobierno de Duque como si en 17 meses de gobierno fuera el responsable de todos los problemas del país. Lo que pasa, y nadie parece estar interesado en decirlo, es que hay dos o tres tormentas que individualmente no son complicadas pero que juntas, se convierten en “tormentas perfectas”.

Me refiero por un lado a los políticos furiosos a quienes les quitaron la “mermelada”. Están rechinando en sus huesos al ver que no tienen el juego político de antaño, ni el dinero de antaño, ni la manera de quedarse personalmente con partes importantes de esos dineros, destinados a proyectos de beneficio a la sociedad.

Por otro lado, la “Gran Prensa”, esa que los super millonarios adquirieron dizque con la altruista misión de no dejarla quebrar, pero con un ulterior beneficio colateral de darles poder político para defender sus propios negocios. Les salió el tiro por la culata. Los columnistas, que vienen siendo indoctrinados o creyendo fervorosamente en políticas socialistas sin importar que todas han fracasado en llevar bienestar a la población, son los que tienen el verdadero poder en los medios. No sus dueños.

Para muestra, lo que sucedió hace poco en SEMANA. Los dueños también se quedan callados porque ven con esta actitud anti-gobiernista de sus columnistas y comentaristas, una oportunidad de que vuelvan a otorgarles pautas comerciales enormes como las del gobierno anterior, y los ayude a aminorar la crisis financiera que a todos agobia. Los “likes”, los “retweets”, son el nuevo barómetro de su aparente éxito o fracaso. Y entre más dramáticos sus reportajes, mayores “likes” y por ende mayor sensación de éxito. No se dan cuenta de que si triunfa ese “Socialismo del Siglo XXI” a los primeros que les cortarían las alas es a los mas vociferantes hoy día de esa intelectualidad de izquierda. Miren solo lo que les pasó a los periodistas “de vanguardia” para darse cuenta para donde los llevarían a ellos.

Lo que todas estas congruencias camuflan es que en realidad lo que está en juego aquí es un ataque frontal contra la democracia. No es contra los “recalcitrantes derechistas” por parte de los “iluminados progresistas”. Hoy día lo de derecha e izquierda, esta “pasé”. La nueva realidad es democracia versus dictaduras. Y da la casualidad de que todas las dictaduras del hemisferio son de ultra izquierda.

Aquí lo que hay que hacer, pero que no ve uno a los dirigentes políticos, sociales, académicos o empresariales muy activos, es defender, apuntalar, apoyar y ayudar a que al presidente Duque le vaya bien porque es nuestro presidente elegido en franca lid democrática, con un numero de votos que no dejó la mínima duda sobre su legitimidad. Un presidente serio, honestos, con visión a largo plazo del país. Recientemente Andrés Oppenheimer lo entrevistó y dijo que era el único presidente de la región que entendía que se tenia que hacer para que saliéramos del circulo vicioso que no deja el que podamos insertarnos en el club de los países que saldrán adelante.

Los que saben que la innovación, la ciencia y la tecnología, son la llave para nuestro futuro. Los estudiantes deberían estar protestando, pero no por lo que actualmente protestan. Deberían protestar por acelerar al máximo las practicas pedagógicas del futuro, las materias del futuro, que tienen un contenido mucho más fuerte en las ingenierías, las ciencias, la biotecnología, la Inteligencia Artificial, el manejo masivo de datos, los algoritmos, el manejo y comprensión del poder del “BlockChain”, esta última verdadera fuente de esperanza y confianza por su capacidad de exterminar la corrupción por motivo de su poder autónomo distribuido en el manejo de transacciones.

Por mas de un siglo nos hemos convertido en sociedades exageradamente cargadas para el lado de las abogacías, las sociologías, la filosofía, las letras. Con ello, estamos fabricando unas generaciones de magníficos diletantes de café parisino de la ribera izquierda, que discuten hasta el amanecer sobre la vida, el amor, la muerte, entre humos de sustancias y líquidos muy “cool”, pero que poco contribuyen a general la riqueza que el país necesita para sostener las generaciones que vienen y que no tienen la menor idea de cuál es el mundo que les va a tocar. Con destruir no lograrán nada de esto.

Pero no, seguimos desgastándonos en discusiones bizantinas, pulsos de poder, egos infinitos, resentimientos profundos sin darnos cuenta que con ello lo que estamos haciendo es dejando al país rezagado en el “partidor” de la carrera, una carrera que se corre a ritmos exponenciales, en sincronía con las tecnologías del mismo nombre, las de la cuarta (y quinta) revolución industrial.

Despierta Colombia, no sea que nos pase el bulldozer del desarrollo por encima cuando menos lo pensemos y sin que siquiera nos demos cuenta. Y no preguntemos entonces al día siguiente: “Y qué fue lo que nos pasó?”.

“Las opiniones aqui publicadas son responsabilidad absoluta de su autor”

Rodrigo Arboleda es un ejecutivo senior con 50 años de experiencia en los campos de Arquitectura, Desarrollo de Negocios Internacionales, Educación y Tecnología, iniciativas cívicas y filantrópicas. Además de su experiencia en el desarrollo de negocios internacionales, sus actuales áreas de trabajo están relacionadas con la promoción de ideas globales de aprendizaje digital. En la actualidad, Arboleda es el CEO de Fastrack Institute (FTI), una fundación sin fines de lucro.