LOS COMUNISTAS LLEGARON (II)

La culpa de esta situación no la tiene La Habana ni Caracas – a pesar del dinero entregado a Podemos por Hugo Chávez – sino las propias circunstancias de España y los españoles. 

Hace apenas un par de años, Pablo Iglesias, el dirigente del comunista Podemos, señalaba que si tuviera que escoger un cargo para él sería el de director de Radio Televisión Española (RTVE). La afirmación era mucho más aguda de lo que puede parecer a primera vista.  A semejanza de lo que sucede en sistemas como el sandinista en Nicaragua, la televisión en España es un duopolio apenas matizado por RTVE.  El duopolio – al que se concedió la articulación de un sistema que le entrega más del ochenta por ciento de la publicidad – mantiene buenas relaciones con un poder político, sea el que sea, que garantiza su enriquecimiento.  La única excepción sería la RTVE que, teóricamente, es independiente, pero que se convirtió hace décadas en un codiciado bocado para los partidos.  Pues bien Pedro Sánchez ha entregado RTVE en manos de los comunistas de Podemos.  Es cierto que, al final, el partido de Pablo Iglesias no ha conseguido que el director del ente sea uno de los suyos, pero es persona consensuada con el PSOE y ha logrado introducir a varios de sus miembros de tal manera que la RTVE no pasará de ser un organismo de propaganda comunista. Quizá el ejemplo más claro de cómo es la situación pueda entenderse teniendo en cuenta algunos de los nombramientos logrados por Podemos.

Tomemos, por ejemplo, a la periodista Rosa María Artal. Nueva consejera de RTVE a propuesta de Podemos, concurrió en las listas de Podemos en las  elecciones generales por Zaragoza en el año 2016.  Ese mismo año, en una entrevista que le practicó el propio Pablo Iglesias en La Tuerka señaló que “para manipular hay que hacerlo muy bien. Sí, porque cuando se nota mucho es contraproducente”.  Artal sabía de lo que hablaba porque se refería a la manipulación del gobierno del socialista Felipe González no sólo para mantenerse en el poder durante casi década y media sino para ganar el referéndum de permanencia en la OTAN.  Artal es, en no escasa medida, una maestra en el arte de la manipulación televisada y, por añadidura, no ha dejado de manifestar su animadversión hacia los políticos del PP e incluso del PSOE.  Esperar su objetividad en una televisión pública resulta, como mínimo, impensable.

Otra de las  nuevas consejeras de RTVE a propuesta de Podemos es la periodista Cristina Fallarás.  Tras pasar por algunos medios como El Mundo, Cristina Fallarás se ha ido radicalizando definiéndose como “marxista” – aunque, sinceramente, es dudoso que haya leído a Marx – y arremetiendo, por ejemplo, contra la virginidad como un modelo de conducta, desde su punto de vista, peligroso porque incita a la violencia machista.  A tan peculiares visiones se suma un análisis de la Transición como mera cobertura de los crímenes del franquismo en la que habrían colaborado medios como El País – periódico, por cierto, cercano al PSOE durante décadas –  señalando que “España es la construcción de la nada sobre una podredumbre sin cerrar“.   Este descubrimiento – que la señora Fallarás ubica en un período situado hace seis u ocho años – no sólo la llevó a girar en la órbita de Podemos sino a defender el secesionismo catalán – siempre que sea de izquierdas – y a jactarse de haber robado en un supermercado.  Según sus propias palabras:  “Y el siguiente paso es robar… y robar con una cierta soltura, si me lo perdonan. Así que me fui por la mañana a Caprabo. Y me fui muy mona muy mona y salí, cogí la pasta, le dije a la cajera ‘me la llevo’ y salí por la puerta. Aquella pobre tipa no daba crédito, claro, pero yo me llevé la pasta en la mano”.  Según ella, “aquel para mí, realmente no fue un acto culposo, es decir, en ningún momento ni sentí remordimientos ni me sentí robando, ni siquiera me sentí miserable. Dije me falta pasta, voy a por pasta’ y ya está”.  En una conferencia organizada por el Ayuntamiento de Vitoria en noviembre de 2013 denominada ‘Desahucios en primera persona: una mirada de género’, Fallarás había afirmado también:  “En el momento en el que una madre no puede alimentar a sus hijos, ya te pueden hablar de robar, ya te pueden hablar de legalidad, ya te pueden hablar de lo que quieras. Lo primero es que tus hijos tengan leche, lo primero”.

En otras palabras, los comunistas ya están en España en buena parte del poder local y ahora mediático.  Aprovecharán, sin duda, la ocasión.  Lanzarán demagógicos mensajes que justifiquen el desorden social y el asalto a la propiedad privada; deslegitimarán el sistema político actual como hijo directo del franquismo; apoyarán el secesionismo catalán como ariete – una larga tradición de la izquierda totalitaria española – contra el régimen de 1978 y buscarán la implantación de un sistema chavista en el que, teóricamente, se mantenga la legalidad, pero que no pasará de ser una dictadura sin libertades.  Y no nos engañemos.  La culpa de esta situación no la tiene La Habana ni Caracas – a pesar del dinero entregado a Podemos por Hugo Chávez – sino las propias circunstancias de España y los españoles.  Si los partidos del régimen no se hubieran manifestado insoportablemente corruptos e incompetentes – bastaría incluso con que el PP hubiera actuado con decencia en el último lustro – hasta asquear a millones de votantes; si el secesionismo catalán hubiera recibido una respuesta contundente; si no se hubiera dado espacio a Podemos, incluso desde televisiones vinculadas a la iglesia católica, para que Rajoy intentara detener la hemorragia de votos simplemente no se habría llegado a este punto.  La cuestión es si se trata o no de un punto de no-retorno.

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*

Ver: LOS COMUNISTAS LLEGARON (I)