LOS COMUNISTAS LLEGARON (I)

Desde que Podemos apareció en el panorama político español en paralelo a un abandono de los principios políticos por parte de Rajoy anuncié que la llegada al poder de fuerzas comunistas no era, en absoluto, impensable.

Desde que Podemos apareció en el panorama político español en paralelo a un abandono de los principios políticos por parte de Rajoy anuncié que la llegada al poder de fuerzas comunistas no era, en absoluto, impensable.  Anuncié también que esa conquista de los resortes del estado no se produciría porque ganaran unas elecciones – ciertamente, se trataba de un extremo casi imposible – sino porque, a partir de determinados polos de poder, subvertirían el sistema.  La primera circunstancia se hizo realidad hace un bienio cuando el PP sufrió un verdadero descalabro electoral que lo mantenía como el partido más votado, pero, a la vez, desprovisto de capacidad para gobernar en un sistema parlamentario. Ni siquiera la imprudente táctica de engordar las posibilidades de Podemos desde los medios estatales para así instar al voto del miedo había salvado a Rajoy de aquella situación.  Si Podemos no logró entonces fraguar una coalición de gobierno fue porque en su inmensa arrogancia plantearon unas exigencias al socialista Pedro Sánchez que éste no podía aceptar.  En paralelo, Podemos fue ocupando cotas de poder local – los ayuntamientos de Madrid y de Barcelona, por ejemplo – mientras intentaba controlar la calle mediante sus conexiones con lobbies como los nacionalistas catalanes y vascos, el gay, el feminista o los pro-inmigración sin controles. El hecho de que, sin embargo, no se formara la coalición llevó a muchos a anunciar de manera prematura que Podemos se desinflaría como un globo.  Gran error.

La corrupción del PP, sus repetidos excesos en el gobierno y la manera en que Mariano Rajoy siguió aferrándose al poder abocó a su partido hace pocas semanas a una situación dramática.  En lugar de mantenerse en el poder hasta 2020  – que es el final de la legislatura – como esperaba, el PP contempló estupefacto que el socialista Pedro Sánchez presentaba una moción de censura y que esta salía adelante con el respaldo de los nacionalistas catalanes y vascos y de los comunistas de Podemos e Izquierda Unida.  De las celebraciones porque el poder estaría en su mano hasta 2020 se pasó a la desolación de ver cómo el partido socialista, a pesar de sus escasos escaños, alcanzaba el poder.

De esa conquista del poder, se ha derivado un programa de futuro en que el PSOE y Podemos persiguen objetivos diferentes aunque vayan unidos por un tiempo.  Pedro Sánchez persigue mantenerse en el poder hasta 2020 en que concluye la legislatura y entonces ganar las elecciones con la holgura suficiente como para desarrollar sus objetivos.  En primer lugar, necesita evitar la quiebra derivada de la pésima gestión de Cristóbal Montoro, el ministro de Hacienda del PP.  De hecho, la nueva ministra de economía, Nadia Calviño, se ha apresurado a mostrar cómo Montoro mentía cómo un bellaco y la deuda pública supera al 130 por ciento del PIB.  El primer objetivo es evitar la suspensión de pagos (default) logrando que Bruselas lo ayude a alcanzar esa meta.  Junto a ello, Pedro Sánchez ha decidido – por convicción o por conveniencia – aceptar una agenda como la impulsada por George Soros en temas como la ideología de género o la inmigración islámica en Europa.  No deja de ser significativo que, fuera de agenda, Sánchez recibiera a Soros mientras, en paralelo, acogía a los ilegales del barco Aquarius. Finalmente, como cemento para sostener todo el nuevo edificio Sánchez ha decidido desandar el camino seguido durante la Transición – una decisión ya tomada por Rodríguez Zapatero, antiguo jefe del gobierno español y asesor y aliado ahora de Nicolás Maduro – y dividir a la sociedad española como en 1936-39 recurriendo, por ejemplo, a exhumar los restos mortales del general Franco.  Igual que en el rugby, Sánchez, sustancialmente, se ha entregado a un juego de patada a seguir a la espera de que sortear la quiebra económica y satisfacer a ciertos lobbies le permitirá ser reelegido en 2020 en mejores condiciones.

De la debilidad de Sánchez, se aprovechan, fundamentalmente, dos segmentos políticos. El primero es el formado por los nacionalistas catalanes y vascos dispuestos a dejar hacer a Sánchez siempre que arranquen de él nuevas concesiones que debiliten todavía más el edificio constitucional.  El segundo son los comunistas de Podemos que han olfateado hasta qué punto pueden acabar con el sistema y sustituirlo por otro semejante al venezolano. Bastaría, a su juicio, con utilizar a los nacionalistas catalanes como ariete contra la monarquía como, por otra parte, hizo Lenin en 1917 con las nacionalidades y como ha hecho la izquierda española desde inicios del siglo XX siempre que pensó que podía aniquilar el orden constitucional.

Si la monarquía se debilita por el empuje de los nacionalistas catalanes y de los sectores de la población española partidarios de la república, se abriría un proceso constituyente que Podemos pretende que no sea limpio sino copia del perpetrado por Hugo Chávez en su día.  Desgraciadamente, el plan no es imposible siquiera porque Pedro Sánchez ya ha comenzado a entregar pedazos del poder estatal a los comunistas de Podemos.  De eso hablaremos en la próxima entrega.

CONTINUARÁ…

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