LA RESURRECCIÓN DEL “VIEJO DE LA MONTAÑA”

¡ Deplorable ausencia de Estadistas los que posee hoy la civilización occidental para defenderla!
La ilustración muestra, quizá el primer asesinato de la secta, 1096 aproximadamente. de un libro del S.XIV

La ilustración muestra, quizá el primer asesinato de la secta, 1096 aproximadamente. de un libro del S.XIV

El New York Times de hoy, nos trae una información que, sin ser sorprendente en lo absoluto, nos lleva a pensar en la resurrección de Hassan ibn Sabbah, más conocido como “El Viejo de la Montaña”, un reformador religioso, autor y precursor de la nueva prédica o da’wa de los ismailitas nizaríes, cuyos acólitos pasaron a la Historia como “los asesinos”. Allá en el siglo XI, y tuvieron su cuartel general en un casi inaccesible risco, denominado “Alamut” (la enseñanza de las águilas).

En efecto, Harry Sarfo, un ex recluta alemán del Estado Islámico, reveló durante una entrevista con The New York Times, realizada en una prisión de máxima seguridad cerca de Bremen, que “una división del grupo, llamada Emni, trabaja con voluntarios extranjeros que llegan a Siria para que vuelvan a sus países a realizar ataques”.

Los servicios de inteligencia de Alemania, Francia, Bélgica y Austria coinciden con los testimonios de los agentes que han sido capturados: Emni se ha convertido en el eje crucial de la maquinaria de terrorismo.
Los excombatientes interrogados describen a esta división como un servicio secreto que dirige el jefe de propaganda y portavoz del Estado Islámico, Abu Muhammad al Adnani. Por lo visto, el nuevo “viejo de la montaña”.

Sarfo dijo que desertó cuando descubrió que los videos que lo inspiraron a ir a Siria eran un montaje. En una ocasión le pidieron participar en la grabación de una ejecución de prisioneros, dijo, y a los encargados de disparar solo les interesaba saber si habían salido bien en las tomas.

Nunca he sido un convencido de la tesis de Polibio y otros autores, de que la Historia siempre se repite, es decir en La teoría cíclica de la Historia, mal podría serlo, siendo un convencido del libre albedrío, de la capacidad del hombre para cambiar el propio destino y en algunos casos el curso de la Historia.

El innegable auge del terrorismo, obliga a pensar en la ola anarquista que sacudió a Europa, en el siglo XIX y comienzos del XX, en Mijail Bakunin, en Netchayev, y que se llevó las vidas del Zar Alejandro II, en 1881, de la emperatriz de Austria-Hungria, la hermosísima bávara, Sissi (1898),  Paul Doumer, presidente de Francia, en 1932, la del Archiduque y príncipe heredero de Austria-Hungría,  Francisco Fernando, a manos de la organización la mano negra, que fue la chispa que desencadenó la gran guerra 1914-1918, con sus millones de muertos y la desaparición y creación de nuevos países, de un mundo distinto.

Soy un convencido de que el terrorismo, en cualquiera de sus formas, es el medio más abyecto de lucha, siento una repugnancia casi celular hacia esa perversión de la política. Puedo entender, al fin y al cabo soy politólogo, en ciertos y muy específicos casos, en los cuales de la desaparición de un solo hombre pueda depender el curso de la Historia y posibilitar la libertad de un pueblo: el magnicidio. Que no obstante me repele, pero jamás los atentados colectivos, a mansalva que cercenan vidas inocentes, como los del IRA irlandés, los mau-maus ugandeses, ETA, la organización del ejército secreto –OAS- francés, los tupamaros, las Farc o el hampa organizada y armada en “colectivos” del actual régimen venezolano.

Admirador inveterado de la cultura árabe, de su poesía, arquitectura, filosofía, de los jueces del califato Omeya de Córdoba, de su astronomía, de su geometría, del algebra, sus números –hasta ahora insuperados- no puedo sino lamentar con sangrante dolor, el que el sedicente “Califato Islámico” haya resuelto revivir al fundador de los asesinos, a Hassan Ibn Sabbah en lugar de a Omar Kayam.

Lord Thomas de Swynnerton recordaba igualmente a la secta nizarí que en el siglo XI dirigió Hassan i Sabbah, el Viejo de la Montaña, desde la fortaleza de Alamut, a orillas del mar Caspio. Los «hachichines» o «hashishin», de los que procede el nombre de «asesinos», fueron los primeros terroristas de la historia.

También el muy ilustre historiador inglés contemporáneo, Hugh Thomas, señalaba que «los responsables políticos podrían tener algo más en lo que apoyarse si recordasen que en el pasado ya ha habido movimientos musulmanes puristas e intolerantes», Thomas, quien recientemente en La Tercera de ABC insistía en que «debemos ver al ISIS (el Estado Islámico, en sus siglas en inglés) como parte de un patrón histórico»”.

Si a esta dolorosa y peligrosa realidad, sumamos la derivación islamista que le está imprimiendo a Turquía, el deletéreo Erdogan, el panorama se hace aún mas oscuro, ya es calificado por la prensa europea como: “el primer tirano nazionalista-islámico”. En  comprensible alusión al nazismo alemán de Adolfo Hitler. Turquía que posee el mayor ejército de la OTAN -después de Estados Unidos- y una tradición bélica e imperial de primer orden, suma un elemento temible al tsunami fundamentalista que nos amenaza desde el medio oriente.

¡ Deplorable ausencia de Estadistas los que posee hoy la civilización occidental para defenderla!