La política de Joe Biden hacia la guerra en Ucrania es adecuada

Luis Fleischman

La guerra en Ucrania ha puesto fin a la ilusión postguerra fría de que el peligro de otra gran guerra no existe.

Vladimir Putin tiene la intención de restaurar el espíritu de Rusia como una gran potencia mundial o incluso un imperio. Por lo tanto, se atrevió a atacar Ucrania porque pudo hacerlo. No solo vio a una Ucrania militarmente más débil a la cual ni siquiera reconocía su soberanía. También vio frente a sus ojos una OTAN dividida. Asimismo, Alemania, el país más poderoso de Europa, se encontró en una situación de alta dependencia del suministro energético ruso. Sobre todo, Putin percibió un Occidente pacifista que haría cualquier cosa con tal de evitar una confrontación. A esto se sumó la inclinación de las administraciones de Obama y de Trump a replegarse de la arena internacional lo cual permitió a Putin anexar Crimea y profundizar su intervención en Siria confirmaba. El camino parecía estar allanado para otra aventura militar rusa.

Al comienzo de la guerra, el presidente Joseph Biden cometió un error al expresar sus temores sobre la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial. Este mensaje alarmista, compartido por sus aliados de la OTAN, envalentonó aún más a Putin, quien parecía demasiado preocupado por las sanciones paralizantes impuestas sobre su país. Además, este enfoque cauteloso impidió establecer líneas rojas militares sobre Rusia. Histéricos rechazos a la idea de establecer zonas de exclusión aérea (que de por sí eran irrelevantes ya que las operaciones de la fuerza aérea rusa eran prácticamente inexistentes), y las actitudes demostradas por países como Alemania que inicialmente no proporcionaron armamento a Ucrania también contribuyeron a la beligerancia del Kremlin.

Sin embargo, contrariamente a las expectativas de Putin, la OTAN ahora está unida. Las sanciones al sector energético de Rusia se han intensificado. Estados Unidos y otros aliados de la OTAN han aumentado exponencialmente su ayuda a la resistencia ucraniana. Y para sorpresa del tirano, Finlandia y Suecia, países que juntos suman una frontera de más de 3,000 kilómetros con Rusia, han decidió unirse a la OTAN con la bendición unánime de todos los miembros de la alianza.

Biden y la determinación de la OTAN han enfrentado algunos obstáculos.

Las declaraciones públicas del secretario de Defensa Lloyd Austin en abril pasado según la cual Estados Unidos busca debilitar las capacidades militares rusas más la revelación de que la inteligencia militar estadounidense cumplió un papel crucial en el hundimiento del buque insignia ruso “Moskva” en el Mar Negro generaron ansiedad entre algunos miembros de la OTAN. Temieron la posibilidad de una mayor escalada. Además de esto, las sanciones a Rusia causaron un aumento en los precios del petróleo que, paradójicamente, aumentó los ingresos de Rusia, lo que permitió a Putin duplicar su esfuerzo de guerra. Estas preocupaciones finalmente llevaron al primer ministro francés, Emanuel Macron, a apoyar una solución diplomática inmediata e incluso sugirió evitar humillar a Rusia.

Macron no parece ser el único que mantiene esta opinión. Su declaración reveló una nueva división dentro de la OTAN. Por un lado, hay un campo de paz dentro de la OTAN que incluye a Alemania, Francia e Italia. Este grupo aboga por un alto el fuego y un acuerdo de paz con Rusia. Por otro lado, Estados Unidos y los países de Europa del Este apoyan al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y se niegan a otorgar concesión alguna a la agresión rusa.

Efectivamente la situación actual dista mucho de ser ideal. Rusia se retiró de varias zonas y centros urbanos en Ucrania, gracias al coraje de los combatientes ucranianos, pero luego trasladó sus esfuerzos de guerra al sur y este de Ucrania. Ciudades clave como Mariupol se rindieron después de un baño de sangre, y ahora Sivierodonetsk parece también estar marchando hacia un destino similar. Mas de 100 ucranianos mueren casa día. No está claro qué tan bien entrenadas están las fuerzas ucranianas y qué tan capaces son de resistir a Rusia, incluso con la ayuda de armas occidentales (que los ucranianos aún no están debidamente entrenados para usar).

A pesar de esta situación y a pesar de la caída de la popularidad domestica de Biden, y la proximidad de las elecciones de mitad de período en los Estados Unidos, el presidente se muestra decidido a derrotar a Rusia en el campo de batalla. Y esta actitud tiene razones complejas y justificadas.

A principios de junio, la subsecretaria de Asuntos Europeos y Eurasiáticos, Karen Donfried, describió la política y los motivos de EE.UU. de la siguiente manera:

“Ucrania es la víctima de la agresión, Rusia el agresor. Lo que está en juego para ellos no es simplemente la independencia de Ucrania, sino también la voluntad del mundo democrático de proteger el orden internacional basado en reglas diseñadas por Estados Unidos de las garras del presidente ruso Vladimir Putin, un autoritario sin disculpas”.

Esta concepción sugiere que la estrategia de Estados Unidos no solo trata de prevenir la expansión de dicha ofensiva militar en Ucrania y a otros países. El mensaje también aplica a China, que ha respaldado a Putin y amenaza a Taiwán, y por lo tanto también amenaza a la estabilidad de la región asiática. Además, la Administración Biden, contrariamente a las dos administraciones anteriores, parece darse cuenta de que el declive de la democracia mundial, apoyada por estados autoritarios como Rusia y China, está desafiando un orden internacional diseñado para asegurar la paz. Los estados autoritarios iliberales modernos crean caos, represión e inestabilidad. En algunos casos, estos regímenes apoyan el terrorismo o buscan cortar alianzas con estados deshonestos y canallas. Basta con mirar a Irán, un estado que apoya el terrorismo, y que ha establecido vínculos con estados autoritarios en el hemisferio occidental y otras regiones.

Por lo tanto, el presidente Biden está siguiendo una política de apoyo al esfuerzo ucraniano y cree que aún no es el momento de buscar arreglos con Putin, particularmente cuando es probable que Rusia reclame el 1/5 de Ucrania que ya ocupa. No olvidemos que históricamente Rusia fortaleció su estatus como gran potencia después de ganar las guerras contra Napoleón y la Alemania nazi. Si Rusia gana otra guerra, la ola antidemocrática putinista se expandirá globalmente más fuerte que nunca. Como señaló el historiador de Yale, Timothy Snyder, en una columna reciente del New York Times: “Si Rusia gana la guerra en Ucrania, esto no solo significaría la destrucción de la democracia ucraniana por la fuerza, que de por sí ya es algo bastante perverso. Implicaría también una desmoralización para las democracias en todo el globo”. Y por ende agregaría yo, envalentonaría a los autoritarios y populistas del mundo que aspiran al poder absoluto.

Una gran victoria para el enfoque de la Administración Biden fue la reciente reunión de la OTAN en Madrid, donde la alianza declaró a Rusia el “principal adversario” e incluso refrescó su adormecido espíritu que la caracterizó en la posguerra fría al declarar también a China, un aliado de Rusia, como un “desafío estratégico”.

Bajo ningún concepto estoy sugiriendo que el camino diplomático debería cerrarse. Pero ahora, tal ruta significaría una capitulación total. Esto no sería beneficioso ni para Ucrania, ni para el orden internacional, para la paz mundial o la democracia liberal. La política de la Administración Biden es por el momento correcta si bien las opciones deben dejarse abiertas si las circunstancias cambian.

Publicado en Infobae.com viernes 1 de julio de 2022.

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