LA PERSECUCIÓN TOTALITARIA o y ahora Karen

Hay que estar voluntariamente ciego para no ver que los Castros siguen oprimiendo a su población con miseria y ausencia de libertad...

Hace muy pocas semanas señalé en este mismo foro cómo la atención – más que justificada – que provoca en la actualidad el régimen que esclaviza Venezuela se está traduciendo en gravísimos olvidos que deberían causarnos un profundo desasosiego y una más honda preocupación si cabe. En primer lugar, está el caso de la dictadura cubana. Hay que estar voluntariamente ciego para no ver que los Castros siguen oprimiendo a su población con miseria y ausencia de libertad. Para remate, La Habana acaba de conseguir un éxito verdaderamente espectacular gracias a un acuerdo en el que ha sido mediadora y que garantiza que las FARC hayan arrancado al gobierno de Colombia lo que no consiguió ni siquiera Pablo Escobar sólo como primer paso para su asalto al poder. Naturalmente, como saben los que me leen, Cuba – de Estados Unidos a España – ahora sólo interesa a las democracias como territorio en el que abrir negocios. Pero no se trata tampoco sólo de Venezuela y Cuba. Resulta también obligado recordar una Nicaragua donde el sandinista Daniel Ortega ha logrado difuminarse en el paisaje del totalitarismo mientras tritura a la oposición valiéndose de la administración de justicia y prepara unas elecciones con las urnas marcadas en un intento de perpetuarse en el poder no menos que su amigo Fidel Castro. Se mire como se mire, el sandinismo está repitiendo el modelo de algunas dictaduras de la Europa del Este, como la Polonia comunista, donde puede haber elecciones e incluso otros partidos, pero donde también todo el mundo sabe que los comunistas obtendrán perpetuamente la victoria. Resulta asimismo indispensable acordarse de una Bolivia donde Evo Morales utiliza la coacción y el clientelismo de manera sistemática mientras sigue convirtiendo el territorio de la nación en un inmenso campo cocalero. Y no se puede olvidar a un Ecuador donde Correa no sólo ha impuesto las leyes más represivas contra la libertad de prensa, con la única excepción de las cubanas, sino que además continúa desatando la persecución contra los disidentes. Por supuesto, todos estos regímenes colaboran entre si. Por supuesto, no se dan por vencidos por más optimismo que derroche un sector de la oposición venezolana. Por supuesto, están encantados de ayudar a movimientos ideológicamente similares como Podemos en España. Por supuesto, saben que los disidentes son un objetivo privilegiado. Uno de los últimos episodios de esa persecución de los que defienden la libertad ha tenido como escenario Ecuador y como víctima a una doctora afincada en Miami cuyo nombre es Karen Hollihan, miembro destacado de este Instituto. Telesur, el brazo mediático de la Unasur, emitió hace unos días un reportaje en el que la acusaba de ser la cabeza de la CIA en una conspiración cuya finalidad es acabar con el gobierno de Correa. La realidad es que la doctora Hollihan es miembro activo de este Instituto Interamericano para la Democracia (IID) del que forman parte disidentes que pasaron por las zahúrdas castristas como Armando Valladares y Carlos Alberto Montaner; opositores a Evo Morales como Carlos Sánchez Berzaín, intelectuales de primer orden como Guillermo Lousteau y otros defensores de la libertad, de la democracia y de la institucionalidad, en no escasa media exiliados, como es el caso de quien escribe estas líneas. Nuestros menesteres personales son diversos, pero la doctora Hollihan entre otros aportes, ha prestado su ayuda a opositores al correísmo como Martha Roldós, Carlos Vera, Andrés Páez o Emilio Palacio y forma parte de una familia que ha contribuido no poco al bienestar del Ecuador. Persona educada, profesional, sensible, culta, amante de su nación y defensora de la libertad, la doctora Hollihan es un caso más de la persecución que los sistemas totalitarios desencadenan de manera masiva y sistemática sobre todo aquello que desprenda el aroma de la democracia. Si para ello hay que recurrir a la calumnia, a la insidia, a la injuria nada importa a los sicarios del totalitarismo, convencidos de que la mentira es, como señaló Lenin, una arma revolucionaria. A día de hoy, para muchos, estos regímenes son dignos de imitar; para no pocos, gobiernan en lugares ideales para ganar un dinero que, como dijo el déspota romano, no tiene olor; para algunos, como el que escribe estas líneas, no son sino una muestra de la vileza horrible a la que puede descender el ser humano. Dios quiera que pronto no sólo en Venezuela sino también en Cuba, Ecuador, Nicaragua o Bolivia se vean sustituidos por la libertad gracias al esfuerzo de personas como la doctora Hollihan.