La lotería chilena

Ricardo Israel

Chile fue entre 1989 y 2019 uno de los países mas estables de América Latina con crecimiento económico y social, políticas públicas que fueron continuadas de gobierno a gobierno y con alternancia entre la centro izquierda y la centro derecha, ejemplificado en los dos periodos que se intercambiaron en la presidencia Michelle Bachelet y Sebastián Piñera durante 16 años.

Ello cambió bruscamente en octubre del año 2019 cuando una combinación de protestas masivas, estallido social y mucha violencia se hizo presente en las calles. Piñera que había ganado el 2017 en forma amplia, fue totalmente sobrepasado, y quizás para terminar su mandato ofreció algo que no le había sido solicitado, como lo fue una Convención para redactar una nueva constitución, desplomándose a partir de entonces en la irrelevancia como gobierno.

La elección de 155 constituyentes marcó el inicio del fin del acuerdo sobre el sistema político y económico que había seguido Chile desde el fin de la dictadura. Allí colapsaron las dos fuerzas que había estado gobernando, la derecha y la Concertación para ser eclipsadas por el protagonismo de la izquierda radical, que hasta entonces había tenido una presencia marginal. Fue también el triunfo de una narrativa acerca de que Chile era uno de los países mas desiguales del mundo y donde poco se había hecho para reducir esas diferencias, lo que iba en contra de la evidencia reconocida a nivel internacional, pero donde la emoción había triunfado ampliamente sobre las razones.

Chile que daba la impresión de ser muy estable, entró en una incertidumbre acerca de sus reglas de juego y del escenario político y económico, lo que se vio incrementado por una particularidad que ha demostrado haber estado errada, la de un proceso constitucional que coincide con la elección general que tuvo lugar el domingo para presidente, Congreso y Consejeros Regionales.

El proceso electoral que consultaba primarias se inició con otros nombres como probables ganadores, pero fueron quedando en el camino, para que en un país polarizado, dos candidatos que no partieron hace algunos meses como favoritos, pero que representaban alternativas marcadas como extremas, fueran en definitiva los que se van a enfrentar en la segunda vuelta el Domingo 19 de diciembre.

Se trata de José Antonio Kast en la Derecha y Gabriel Boric en la izquierda. Kast reivindica el legado del gobierno militar y Boric se ha presentado como el continuador de la tarea inconclusa de la Unidad Popular. Por cierto, en ambos casos hay que considerar el transcurso del tiempo y cuan cambiado están Chile y el mundo, pero sus visiones ideológicas retrotraen a la sociedad al debate de Pinochet versus Allende como modelos.

Este resultado no hace sino consolidar el cambio profundo del país en estos dos últimos años, ya que marca el termino de la etapa de moderación y del centro político, en favor de la primacía de dos relatos distintos, el de la restauración por un lado y el del estallido social, por el otro. También muestra que las encuestas (a diferencia de la constituyente) estuvieron acertadas en sus pronósticos, a pesar del escepticismo generalizado.

Las cifras de la votación adelantan que las dos candidaturas en que se dividió la derecha debieran sumar sus votos, con lo que podrían acercarse a las votaciones anteriores de este sector, con lo que podría superar el muy mal rato de este sector con el desplome del gobierno de Piñera y la muy minoritaria representación que tiene en la convención constitucional. Por su parte, las candidaturas de Provoste (ex Concertación), Enríquez-Ominami y Artes debieran confluir al apoyo a Boric.

Se abre por lo tanto un periodo de negociación, donde la duda es si implica alianzas entre las respectivas fuerzas políticas, lo cual en definitiva va a depender si predomina la polarización o la búsqueda del votante moderado de centro. En este nuevo escenario, clave van a ser los votantes de quien obtuvo una alta e inesperada votación, como fue el caso de la segunda intentona populista de Franco Parisis y su Partido de la Gente, candidato que ni siquiera se hizo presente para votar en Chile, toda vez que reside en Estados Unidos y su regreso lo llevaría a los tribunales donde le esperan demandas por negocios y el no pago de la pensión alimenticia a sus hijos y que hizo toda su campaña por redes sociales e internet. En este caso, sus votantes parecen ser menos comprometidos con las alternativas ideológicas y mas cercanos a las promesas de campaña, lo que abre un marco mayor de incertidumbre para las semanas que vienen. Por donde se le mire, el resultado es una fuerte derrota para los partidos tradicionales e históricos.

El próximo mes Chile se enfrenta a un escenario desconocido desde la presidencial de 1970 y el plebiscito de 1988, en términos de dos modelos de sociedad totalmente distintos.

La de ahora fue felizmente una elección tranquila con claras diferencias generacionales, con el elector joven tendiendo a Boric y el mayor a Kast, y con un incremento en el número de votantes en comparación a otras recientes, aunque todavía menor a la mitad de aquellos habilitados para votar, lo que sigue siendo un déficit democrático.

El problema que enfrenta Chile tiene relación con el gran error cometido al hacer coexistir el proceso constituyente con este ciclo electoral, ya que las atribuciones de la Convención son tales que perfectamente su propuesta de nueva constitución podría cambiar el sistema político modificando el régimen presidencial, como también declarar de transición los cargos recién electos, convocando a nuevas elecciones.

Y esto sí que es un tema de fondo, toda vez que Salvador Allende nunca dispuso de la posibilidad de hacer una nueva constitución en reemplazo de la de 1925, que en definitiva la hizo Augusto Pinochet y que es lo que podría ser totalmente modificada, en vez de solo reformada. Por ello, de mantenerse el plebiscito para la propuesta de una nueva Constitución, con toda seguridad este se transformará el 2022 en la madre todas las batallas en este nuevo Chile.

Esta es la incertidumbre mayor y que pone un signo de interrogación sobre la segunda vuelta, sobre todo si llega a ganar Kast, toda vez que nada indica una disposición a la negociación por parte de la mayoría radical que predomina entre los constituyentes.

Marca eso sí un recordatorio de porqué en la Grecia clásica hace ya algunos milenios, se usaba la figura del timonel de un barco para describir al gobernante, ya que debía llevar la nave del Estado a puerto, tanto en tempestad como mar calmo, y en el futuro cercano se espera un mar agitado en el país como resultado de agitación social, expectativas altas, deterioro económico, menor inversión, y alza de impuestos para financiar nuevos derechos.

También y basta observar cómo se ha hecho presente una verdadera lotería en resultados cambiantes y en la modificación de las fortunas de los dos ganadores en esta campaña, para confirmar lo que decía Harold Wilson como Primer Ministro del Reino Unido en los 60s, que en política a veces una semana ya es un largo plazo.

(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona); Ph.D. en Ciencia Política (University of Essex); excandidato presidencial (Chile, 2013)

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