La función legítima del gobierno

José Azel

¿Cuál es la función legítima del gobierno? ¿Cuánto gobierno es necesario?

En Estados Unidos, la primera de estas preguntas fue contestada por Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados…” Es decir, la función legítima del gobierno es proteger los derechos de sus ciudadanos.

Acerca de la cuantía de gobierno necesaria, la Constitución de EE.UU. concede al Congreso autoridad para gravar y gastar en algunas actividades específicas, como proveer para la defensa común y el bienestar general. Actualmente, gran parte de lo que el gobierno gasta está fuera de su autoridad constitucional. Jefferson pronosticó: “La evolución natural de las cosas es que el gobierno gane terreno y la libertad lo ceda”.

A principios del siglo XX, el contribuyente medio estadounidense pagaba anualmente un total de 60 dólares en impuestos federales, estatales y locales. En comparación, en 2018, la familia estadounidense media pagaba 15,748 dólares en impuestos.

Una racionalización para este crecimiento del gobierno es que deseamos que el gobierno sea útil a los desfavorecidos. Hemos llegado a creer que el gobierno debe ayudar a los pobres, a los ancianos, proporcionar asistencia sanitaria, educación, y mucho más. Dos cuestionamientos importantes a esta creencia son: 1) El gobierno no tiene facultad constitucional para la mayoría de estas actividades y 2) el gobierno no tiene recursos financieros propios para pagarlas.

El punto 2 implica que el gobierno tiene que incautar el dinero de unos individuos para dárselo a otros. En esta breve columna, debo dejar de lado la difícil cuestión filosófica que plantea esta confiscación: ¿es moral desposeer por la fuerza a una persona para satisfacer las necesidades de otra? Sin embargo, si la función fundamental del gobierno es asegurar nuestros derechos y libertades, la confiscación de los recursos financieros de la ciudadanía no encaja en la definición.

En su libro de 1850 La Ley, el economista político Frederick Bastiat argumenta que: “La vida, la libertad y la propiedad no existen porque los hombres hayan hecho leyes. Por el contrario, fue el hecho de que la vida, la libertad y la propiedad existieran de antemano lo que hizo que los hombres hicieran leyes en primer lugar”. En otras palabras, tenemos derechos naturales, y un gobierno democrático no es más que un grupo de ciudadanos contratados para proteger esos derechos, y para realizar funciones autorizadas por la ciudadanía.

Los gobiernos no democráticos ven inútil la cultura política del compromiso. Al respecto, consideremos el contraste entre las revoluciones americana y francesa. La experiencia colonial había dejado a los estadounidenses la cultura del toma y daca del gobierno representativo. Los franceses, sin esa formación, recurrieron mayormente a la acción violenta con consecuencias trágicas.

El filósofo que guio la Revolución Francesa, Jean-Jacques Rousseau, afirmó en su teoría de la Voluntad General, que existe una voluntad colectiva discernible para el pueblo en su conjunto. Los regímenes dictatoriales siempre se creen agentes de esta voluntad general y rechazan la idea del compromiso político. Durante la revolución, los patriotas franceses optaron por conspirar y maquinar en lugar de buscar compromisos políticos.

Los Padres Fundadores estadounidenses no buscaron una voluntad colectiva. En su lugar, buscaron el compromiso en la divergencia política. John Adams señaló en una carta de 1814 a Thomas Jefferson: “No se puede concebir nada más destructivo para la felicidad humana; más infaliblemente concebido para transformar a hombres y mujeres en brutos… que una comunidad de esposas y propiedades”. Adams continúa diciendo a Jefferson que cree que los filósofos como Rousseau están locos.

Pero fue James Madison quien dejó más claras las razones del gobierno: “Si los hombres fueran ángeles, no sería necesario ningún gobierno. Si los ángeles gobernaran a los hombres, no serían necesarios los controles externos ni internos del gobierno”. No somos ángeles, ni estamos gobernados por ángeles.

El último libro del Dr. Azel es Libertad para principiantes.

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