La decision de Trump de reconocer Jerusalén es correcta

La decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, ha provocado temor sobre la posibilidad de violencia árabe generalizada. Se añade a eso la preocupación de que tal medida pueda socavar las posibilidades de avanzar en los esfuerzos de paz.

La decisión del presidente Donald Trump de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel comenzando el proceso de reubicación de la embajada de EE. UU. de Tel Aviv a Jerusalén, ha provocado temor sobre la posibilidad de violencia árabe generalizada. Se añade a eso la preocupación de que tal medida pueda socavar las posibilidades de avanzar en los esfuerzos de paz.

El rey Abdullah de Jordania advirtió sobre las “peligrosas repercusiones” de la decisión de Trump. Mahmoud Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina, advirtió sobre las consecuencias que esto podría tener sobre el proceso de paz, así como sobre la estabilidad general de la región.

Por su parte Francia declaró que la cuestión de Jerusalén debería ser resuelta en un acuerdo de paz final. Algunos Demócratas y analistas de medios en los Estados Unidos expresaron preocupaciones similares.

Sin embargo, el Reino Unido y el Vaticano sabiamente evitaron fuertes juicios sobre el tema.

Los argumentos que se oponen a la decisión del presidente Trump no han analizado el panorama general de la situación ni los precedentes ya registrados en ésta compleja situación.

Israel ofreció soluciones al tema de Jerusalén durante las negociaciones con los palestinos en varias ocasiones. En 2000, durante la Conferencia de Camp David, el Primer Ministro israelí Ehud Barak ofreció soberanía palestina sobre la Jerusalén árabe y también la custodia de los lugares sagrados musulmanes. Esa oferta fue de largo alcance y sin precedentes, donde Israel rompió el dogma de una Jerusalén unificada, un gesto que el presidente Bill Clinton reconoció con mucha admiración.

Asimismo, Israel aceptó conceder territorios en Jerusalén Oriental, en la Ciudad Vieja y en el Monte del Templo. Sin embargo, el entonces líder palestino, Yasser Arafat, exigió soberanía palestina sobre toda Jerusalén Oriental incluyendo los lugares sagrados judíos. Para defender ésta posición, Arafat llegó a negar el indisputable hecho de que las ruinas del antiguo templo judío se encontraban en Jerusalén.

Esa negociación no solo fracasó por intransigencia Palestina, sino que culminó en una violencia de 5 años, conocida como la Segunda Intifada.

Aún bajo estas circunstancias de violencia, menos de medio año después del colapso de Camp David, Israel aceptó los “Parámetros de Clinton”. Ésto era un conjunto de propuestas para una paz final entre las partes que incluía el reconocimiento de Jerusalén Oriental como la capital del estado palestino, cuyo e territorio incluía los suburbios árabes, así como los barrios árabes de la ciudad vieja.

Sin embargo, Arafat respondió nuevamente exigiendo el control de la mezquita de al-Aqsa y de la totalidad del Monte del Templo. En otras palabras, Arafat exigió el control de todos los lugares santos: musulmanes, judíos cristianos (incluido el Muro de los Lamentos, el sitio más sagrado para el pueblo judío).

La realidad es que la insistencia en la retención del 100 por ciento de Jerusalén no parece una estrategia de negociación apropiada. Es cierto que el proceso de negociación puede comenzar desde lo irrazonable, incluso a veces desde lo absurdo. Pero lo irracional no puede proponerse tan tarde en el proceso en ninguna negociación realista donde lo que se persigue es un resultado exitoso.

Nuevamente en el año 2008, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, propuso otra oferta a Mahmoud Abbas, sucesor de Arafat. Según ésta propuesta, la capital palestina estaría en Jerusalén Oriental. Los barrios árabes serían parte del estado palestino y los barrios judíos de Israel. Israel, los palestinos, Jordania y los Estados Unidos gobernarían conjuntamente la Ciudad Vieja y los lugares sagrados. Incluso se consideró también que los saudíes podrían ser parte de esta coadministración siempre que reconozcan al estado de Israel. Esta increíble oferta no recibió respuesta alguna de Abbas.

¿Podemos decir realmente que no se han intentado soluciones razonables? ¿Una embajada norteamericana en Jerusalén Occidental va a cambiar una actitud palestina que ha sido negativa desde el principio? ¿Qué gesto o paso los EE UU o Israel deberían tomar para satisfacer a los líderes palestinos?

También Egipto en su momento se negó a responder al llamado del presidente Clinton para garantizar la negociación de Arafat durante la conferencia de Camp David. Egipto abandonó todo el proceso de paz. Solo procedió a presentar resoluciones negativas sobre Israel en la ONU en nombre de los palestinos. Francia y algunos otros países europeos apoyaron una resolución de la UNESCO que negaba la conexión especial entre el Muro de los Lamentos y el pueblo judío.

¿Por qué Francia lo hizo? ¿Para apaciguar y agradar a la calle árabe y palestina? ¿Para evitar ataques terroristas en su suelo? Ciertamente no fue para avanzar la paz.

El verdadero problema del proceso de paz no radica en la decisión de los Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel. Además, tal movimiento no excluye la posibilidad de un compromiso en Jerusalén Oriental. La pregunta sería si los palestinos se presentarían para esa negociación. La respuesta es “a no.” La Autoridad Nacional Palestina es demasiado débil e ilegítima para negociar o implementar la paz. Por su parte, los países árabes no han hecho mucho para apoyar tales compromisos.

La decisión del presidente Trump sobre Jerusalén envía un mensaje claro a los palestinos y la los países árabes de que ya no tendrán más poderes de veto sobre Jerusalén y de que deberán cumplir de una vez por todas un papel positivo en la promoción de la paz y la reconciliación con Israel. Una política guiada por el miedo a la ira árabe habría sido un signo de debilidad y una peligrosa y defectuosa política exterior. Trump tomó la decisión correcta.

Publicado por El País el viernes 8 de diciembre, 2017

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