La credibilidad de la Gran Prensa norteamericana en la mira

José Antonio Friedl Zapata

Entre el 80 y el 85 % de los periodistas de la gran prensa norteamericana, hoy en día, son activistas de izquierda y han roto lamentablemente con la tradicional barrera democrática entre un periodismo verdadero, independiente y un periodismo activista, politizado, ideologizado, provocando un gran daño a la democracia americana. Este lamentable fenómeno lo hemos podido observar y corroborar a diario en los últimos años. El resultado es que ha perdido credibilidad dentro y fuera de fronteras. Bien diferente es la situación de la prensa tanto en Europa como en varios países de nuestro continente, afortunadamente. La causa de este atentado a la existencia de una buena prensa, fiable, de buen nivel, independiente, que investigue, podemos muy bien atribuirlo a la profunda grieta política existente en el país y a la guerra desatada, justamente a través de los medios, por parte de muchos periodistas que se han adherido a un solo partido, y se han convertido prácticamente en portavoces del mismo. A esto se suma su alineación política en favor de un extraño marxismo cultural militante, sin escrúpulos, utilizando, cuando lo consideran necesario, fake-news, difamaciones, mentiras, para con la oposición , que representa más de la mitad del pueblo norteamericano. Al opositor, sea este libertario o conservador , se lo tilda ligeramente de supremacista blanco, racista, retrógrado, hasta nazi, sin presentar ninguna prueba contundente. Recursos bajos propios de sistemas fascistas.

Afortunadamente la población norteamericana está despertando lentamente y dándose cuenta de esta manipulación sistemática y antidemocrática de varios de los grandes medios de comunicación y los periodistas que los representan. Y las estadísticas fiables con las que contamos así lo demuestran. Últimamente los ratings tanto de los grandes medios de prensa como el New York times, Washington Post y otros que representan la izquierda mediática y los grandes canales de televisión del mismo color político, como la CNN, MSNBC, etc., etc., han tenido que tragarse el hecho que sus audiencias han mermado drásticamente. El único canal que ha aumentado su audiencia es el canal conservador de centro-derecha Fox News, que actualmente tiene la mayor audiencia del país en las noticias, con cerca de 2,5 millones de televidentes, mientras que los canales de extrema izquierda, como el MSNBC, cuentan tan sólo con 1,2 millones y el canal CNN con solo 819.000 espectadores. O sea que los dos canales de izquierda juntos no llegan a la suma de la audiencia de Fox News. En cuanto a la prensa escrita el periódico más prestigioso del país, el más confiable en cuanto a la información económica, política e internacional sigue siendo el Wall Street Journal, que mantiene una línea conservadora , con un tiraje de aproximadamente un millón de ejemplares, seguido por el periódico conservador el New York Post, con unos 500.000 ejemplares, que publicó detalladamente la corrupción del entorno familiar del presidente Biden y su hijo Hunter Biden. Atrás se ubican los periódicos de la clásica izquierda norteamericana como el New York Times con 480.000 ejemplares vendidos y el Washington Post con un tiraje de tan sólo 250.000 ejemplares. Este fenómeno podría muy bien estar indicando el hartazgo del ciudadano común, que da las espaldas a los productores de noticias ideologizadas, partidarias, ajenas en el fondo al profundo espíritu democrático del pueblo norteamericano y que infantilizan un debate hasta llevarlo a extremos delirantes satisfaciendo así la fantasía pueril de la extrema izquierda.

Es así que los grandes medios de información han estado ocultando, manipulando importantes noticias fundamentales para la información pública. Tomemos tan sólo tres ejemplos, cercanos, de los cientos existentes, para demostrar este ocultamiento.

El primero sería lo sucedido con toda la campaña electoral que llevó al presidente Biden a la Casa Blanca sin que este tuviera que presentarse a incómodas conferencias de prensa, mientras a su opositor se le quitaba el derecho de comunicarse con sus seguidores a través de las plataformas disponibles, y creándole el mito de una relación oculta con Rusia, el famoso Russiagate, que terminó siendo todo falso y fabricado, como se ha demostrando. Por otro lado los medios de izquierda ignoraron por completo las investigaciones serias de medios de comunicación independientes acerca de la enorme corrupción que desde años rodea al Clan Biden, luego que se documentaran los nexos del hijo del presidente, Hunter Biden con todo tipo de negocios sucios con países del este europeo, con Rusia y con China, de los cuales estaba enterado el actual presidente. Practicamente sólo el periódico The New York Post pudo documentar todos estos hechos ilegales, lo que le costó sendas censuras y la desconexión momentánea de importantes plataformas.

El segundo caso de ocultamiento en varios de los grandes medios mediáticos se refiere a la traición cometida por el General Mark Milley, nada menos que el Jefe del Estado Mayor Conjunto del país durante los últimos meses de la presidencia de Trump. Milley contactó varias veces a su contraparte chino, el General Li Zuocheng, informándole que él no daría las ordenes correspondientes a las fuerzas militares norteamericanas de atacar militarmente a China, si el presidente en ejercicio Trump así lo decidiera. Este caso de insubordinación fragrante fue totalmente ignorado por parte de la gran prensa, aunque se trató de un caso de traición nunca antes visto en la historia norteamericana y que muy bien podría haber influenciado el desenlace de las elecciones.

La tercera prueba de la controvertida actuación de los medios mediáticos de la izquierda es la noticia que llegara a la opinión pública recién en estas últimas semanas y que explotó como una bomba, en los medios independientes. Con el nombramiento del renombrado fiscal especial John Durham y en base a una contundente documentación se inició una seria investigación de una trama criminal, única en la historia política del país en la que está involucrada directamente Hillary Clinton y un importante entorno mafioso que han falsificado pruebas con la ayuda de agentes extranjeros y el visto bueno de algunos altos funcionarios de la CIA y del FBI, para arruinarle la presidencia a Donald Trump tratando de demostrar que era un agente ruso. Este fue el famoso Russiagate. Ya ahora el Fiscal Especial Durnham ha llegado a la conclusión que todo ha sido consecuencia de la fabricación de una enorme fake news, una gran patraña, contando con el decisivo apoyo de gran parte de una prensa mentirosa. Un escándalo político nunca antes visto en la larga trayectoria de la democracia norteamericana. La pregunta ahora es si al final la ex candidata a la presidencia, que irónicamente aún tiene esperanzas de presentarse nuevamente a las próximas elecciones , será finalmente condenada por sus fechorías, o todo quedará en la nada.

Mientras tanto la gran prensa calla, un desierto de noticias al respecto. Una verdadera vergüenza para el que fuera un gran periodismo de la otrora gran democracia del continente, hoy en evidente declive institucional, económico y periodístico, sin rumbo en su política exterior, contando con un presidente débil, con importantes problemas cognitivos, y con un índice de popularidad que está por el suelo. Tan sólo el 33 % de la población todavía lo apoya, y de esta cifra sólo el 22 % lo apoya firmemente. Tiene razón Vargas Losa cuando afirma que a veces la gente vota mal, y en el caso de los EE.UU. de hoy en día es un excelente, pero lamentable ejemplo.

Parafraseando a Hanna Arendt, politóloga, especialista en temas de totalitarismo, la libertad de opinión se convierte en farsa cuando se ignoran los hechos en función de la ideología o el poder. Es la desinformación deliberada de la “ máquina de hacer fango “ del gran filósofo italiano Umberto Eco.

José Antonio Friedl Zapata
Politólogo – Latinoamericanista – Periodista Independiente
Autor de varios libros con temática latinoamericana

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».