LA CORRUPCIÓN EN AMÉRICA LATINA ES UN DESAFÍO GEOPOLÍTICO

La corrupción trasciende la ideología política.

El programa de sobornos llevado a cabo por varios gobiernos latinoamericanos y la constructora brasileña “Oderbrecht” ha sido noticia en los últimos meses.

El esquema implicó una financiación ilegal de partidos políticos que involucra a varios presidentes y gobiernos latinoamericanos de todos los lados del pasillo político. Entre ellos están el Partido de los Trabajadores en Brasil(PT) y los ex presidentes Luis Ignazio “Lula” Da Silva, Dilma Rousseff y el actual presidente Michel Temer del Movimiento Democrático Brasileño, los ex presidentes peruanos Alejandro Toledo y Ollanta Humala, la ex presidenta argentina Cristina Kirchner , el ex presidente panameño Ricardo Martinelli y el actual presidente Juan Carlos Varela, el presidente colombiano Juan Manuel Santos y su oponente en la última elección Oscar Zuluaga, y por supuesto, Nicolás Maduro de Venezuela.

Lo interesante de este esquema es que es un método sistemático en el que la empresa obtuvo contratos gubernamentales mediante la sobrecarga y luego canalizando parte de este dinero a los políticos. Parte de este dinero fue directamente a los bolsillos de los políticos y otra parte fue para financiar campañas políticas.

Curiosamente, “Oderbrecht” fue la empresa más involucrada en éste fraude, pero no fue la única. Había varias otras haciendo lo mismo. Lo más probable es que los propios líderes políticos promoviesen el sistema, ya que vieron que funcionaba bien con “Oberbrecht”. Del mismo modo, la constructora también extendió sus “operaciones” a otros países al ver que funcionaba tan bien en Brasil.

Este es precisamente el problema. Una vez que este esquema se convierte en un patrón, peligrosas conductas se van multiplicando. De hecho, la ex presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, replicó el plan con empresas argentinas involucradas en el tráfico ilegal de efedrina. Este comercio ilícito ha sido llevado a cabo por casi una década por varias compañías farmacéuticas argentinas que importaron la droga de Asia para posteriormente venderla a cárteles de drogas en México. La campaña presidencial de Kirchner recibió la contribución de estas operaciones ilegales.

La conclusión obvia aquí es que la necesidad de recaudar dinero para campañas políticas fácilmente puede conducir a una coalición entre altos funcionarios del estado y organizaciones criminales. Basta recordar el caso del ex presidente colombiano Ernesto Samper, quien se benefició de contribuciones por parte de los carteles colombianos de la droga para su campaña electoral.

Los escándalos que involucran a los presidentes son realmente serios. Venezuela y hoy es un narco-estado, o sea un estado abiertamente envuelto en el crimen transnacional. Pero los cárteles de la droga han sido también muy efectivos penetrando los niveles inferiores del gobierno socavando los fundamentos del estado y su sistema legal. Como señaló el experto en América Latina Kevin Casa- Zamora, la penetración del crimen organizado en América Latina es la más extensa del mundo. Casa-Zamora sostiene que “Para las organizaciones criminales cooptar autoridades locales es mucho más barato y menos visible. Un cartel de la droga no necesita tener al Ministro de Hacienda o al Ministro de Seguridad en su planilla; necesita tener al funcionario local de las aduanas y al jefe de policía de la localidad. Además, los controles legales existentes rara vez llegan al nivel local, como tampoco llega la cobertura de la prensa” De hecho, esta es la manera en que el crimen organizado ha logrado corromper países enteros como Guatemala, gran parte de México y otros lugares de la región. Pero estos son solo algunos ejemplos. La corrupción ha sido el modo de vida en América Latina desde hace mucho tiempo. Los controles legales son altamente ineficaces, y la prensa a menudo teme denunciar. Asimismo, con algunas excepciones, el poder judicial en la mayoría de los países latinoamericanos no goza de la autonomía y los conocimientos necesarios para luchar contra la corrupción.

La corrupción trasciende la ideología política. Por supuesto, si pensamos que este no es un problema para los Estados Unidos también estamos equivocados. Tal permeabilidad estatal en la región abre el camino al terrorismo y definitivamente afecta la seguridad de los Estados Unidos. A principios de esta semana el experto Emanuelle Ottolenghi señaló lo siguiente:

La convergencia del Islam radical patrocinado por Irán con la delincuencia organizada transnacional en América Latina constituye una grave amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos, especialmente en la zona de la triple frontera donde convergen la Argentina, Brasil y Paraguay.

En ésta área, los partidarios y operativos de Hezbollah participan en actividades ilícitas que generan decenas de millones de dólares para esta organización agente de Irán. Operaciones de blanqueo de capitales basadas en el comercio se extienden a los Estados Unidos, lo que representa una amenaza directa a la integridad de su sistema financiero.

Esto nos coloca en una situación de vulnerabilidad. Si nuestros vecinos no tienen integridad institucional, ni ley, ni gobierno, no tenemos a dónde recurrir cuando enfrentamos algún peligro proveniente del Sur, como ser terrorismo o delincuencia transnacional. Necesitamos vecinos sólidos, sobre todo cuando nuestras fronteras son tan vulnerables. Esto es algo que ni un muro lograría reemplazar.

Dicho esto, el escándalo de los presidentes y líderes latinoamericanos tiene su lado bueno pese a todo. En primer lugar, hay un movimiento dentro de la sociedad civil latinoamericana denunciando la corrupción generalizada. Este movimiento probablemente continuara expandiéndose. Las manifestaciones en Venezuela no sólo son contra la tiranía del régimen, sino también contra su corrupción. En Guatemala, el trabajo de una comisión de la ONU que ayudó a revelar corrupción gubernamental desencadenó protestas masivas que terminaron en el desplome del gobierno de Otto Pérez Molina. En Honduras, manifestaciones contra la corrupción llevaron al gobierno a aceptar una comisión internacional similar a la de Guatemala bajo los auspicios de la Organización de Estados Americanos (OEA). En México, un movimiento ciudadano recolectó firmas en una petición que llevo a la aprobación de nuevas leyes para combatir la corrupción de manera más efectiva.

Pero es en Brasil donde este movimiento se inspiró. Es allí donde los jueces que llevaron a cabo las investigaciones y no temieron enviar a políticos de alto nivel a la cárcel ayudaron a desencadenar lo que esperamos será el comienzo de un cambio con implicaciones regionales.

No nos ilusionemos. Esto será un camino largo y lleno de baches y turbulencias. Pero es el único posible.

Los Estados Unidos deben apoyar a América Latina en sus esfuerzos por restablecer el buen gobierno y el estado de derecho.

Publicado en inglés por The Americas Report (A project of the Center for Security Policy) el miércoles 14 de junio, 2017. 

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*