La convención constitucional chilena y el elefante en la cristalería.

En el pasado de Chile, otras constituciones fueron el resultado de la imposición de un sector sobre otro y sería terriblemente negativo que Chile desperdiciara esta oportunidad repitiendo lo mismo. Después del plebiscito de 1988 mucho separaba a los bandos del Chile de aquel entonces, ya que un sector no quería la democracia y el otro, no quería al mercado. La búsqueda de un acuerdo logró un periodo virtuoso en la vida del país.
Ricardo Israel.

El día 7 de julio se iniciaron formalmente las sesiones de la Convención Constitucional de Chile. A partir de ese día, los 155 constituyentes disponen de un año para entregar su propuesta de nueva constitución a la aprobación o el rechazo de un plebiscito.

Todo ello fue el resultado de un acuerdo político, consecuencia del estallido social que puso en serios aprietos al gobierno y sobrepasó a la policía. Los electos fueron un terremoto político, ya que marcaron una derrota total de quienes habían conducido al país desde el retorno a la democracia. Mal le fue a la gobernante derecha quien ni siquiera obtuvo 1/3 y mal le fue a la izquierda socialdemócrata y al centro socialcristiano, que fueron derrotados por el Partido Comunista y la izquierda dura.

Aún más, el mejor resultado lo obtuvo la Lista del Pueblo, conformada por una izquierda extraparlamentaria, organizada a partir de las violentas protestas de octubre del 2019 y que sumados a otros grupos marcaban una clara mayoría a favor de cambios muy radicales a lo que Chile ha construido en las últimas tres décadas.

Las criticas han sido variadas: que muchos de los constituyentes no entienden que su cometido es importantísimo pero limitado, ya que deben proponer una nueva constitución al electorado, es decir, son autónomos pero no soberanos, como tampoco son un nuevo poder del estado, ya que no pueden inmiscuirse en las atribuciones de los tres clásicos, ejecutivo, legislativo y judicial como también que los acuerdos de la Convención deben aprobarse por los dos tercios de los integrantes.

Su función tiene limitaciones, ya que el acuerdo y la reforma constitucional aprobada por el 78% en un plebiscito con baja participación electoral, establece que no pueden alterar los tratados internacionales firmados por Chile, como tampoco alterar el carácter democrático o republicano del país. También se mantiene vigente la actual constitución hasta que no sea aprobada una nueva y las atribuciones del actual Congreso, razón por la que son una Convención y no una Asamblea Constitucional.

Lo grave es que muchos de los constituyentes han manifestado que no se sienten limitados por estas normas y ha surgido preocupación frente a una visión en la que piensan que las reglas, acuerdos y leyes no se les aplicaría a ellos como también que su función va mucho mas allá de un nuevo texto constitucional, ya que proponen la “refundación” de Chile.

A ello se ha agregado la solicitud de más recursos y privilegios, es decir, desconocen situaciones que eran conocidas por todos, al momento de postular a estos cargos.

Sin embargo, a mi juicio, el hecho mas notorio, el elefante en la cristalería que no ha sido visto en toda su magnitud, es una declaración de inicio, aprobada por una mayoría superior a los dos tercios, donde se acepta una legitimación de la violencia para generar cambios.

Y ello es un tremendo problema para toda visión democrática, ya que la característica fundamental de la democracia es que es un sistema de resolución pacífica de los conflictos, donde las decisiones se toman por la mayoría, pero respetando a las minorías. Sobre todo, en un cometido como una constitución, donde la idea es fijar las reglas del juego para las generaciones futuras y construir una casa común para todos los que habitan un país determinado.

Es un giro preocupante y creo que obliga a situar el tema no en propuestas determinadas de organización económica o política, sino en la necesidad de centrarlo en el tema del tipo de democracia. El tema no son las propuestas de una constitución que ni siquiera ha comenzado a redactarse, sino la validación de la violencia y una actitud donde muchos constituyentes parecen decir que el poder obtenido por su elección no está sujeto a las limitaciones que impone la ley.

En el pasado de Chile, otras constituciones fueron el resultado de la imposición de un sector sobre otro y sería terriblemente negativo que Chile desperdiciara esta oportunidad repitiendo lo mismo. Después del plebiscito de 1988 mucho separaba a los bandos del Chile de aquel entonces, ya que un sector no quería la democracia y el otro, no quería al mercado. La búsqueda de un acuerdo logró un periodo virtuoso en la vida del país.

Esa etapa terminó y desafortunadamente, no parece existir disposición a buscar un acuerdo para el futuro. Tampoco interés en muchos de quienes deben redactar la propuesta de una nueva Constitución.

Ello es un recordatorio de una antigua regla de oro: en democracia los resultados de una elección deben respetarse, pero también los electores deben responsabilizarse por sus decisiones.

(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona), Doctor (Ph.D.) en Ciencia Política (Government, University of Essex), ex candidato presidencial (Chile, 2013)

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».