Gobierno de los Estados Unidos, los medios de comunicación y la opinión pública ya no pueden ser indiferentes a la situación en Venezuela

En Venezuela, este es el tercer levantamiento popular y la reacción internacional ha sido leve.

Miramos la televisión y los medios de comunicación en general en los Estados Unidos. Los programas de entrevistas y las noticias se transmiten las 24 horas del día. Los temas se repiten constantemente. Por supuesto, asuntos importantes como Corea del Norte, Irán, el futuro de Obamacare y la reforma tributaria están siendo discutidos. Todos estos temas son vitales, sin duda alguna, sin embargo, con ese flujo de noticias 24/7, ¿cómo es que se ignora la crisis venezolana?

¿Qué justifica ignorar la crisis en Venezuela, un país situado a pocas horas de vuelo de los Estados Unidos, cuyas acciones son tan consecuentes en términos de democracia, derechos humanos y nuestra propia seguridad nacional?

En los últimos días estamos siendo testigos de hombres y mujeres en las calles luchando por sus vidas, por sus hijos y por una vida con libertad y dignidad. El levantamiento popular actual ha sido nombrado “La Madre de Todas las Protestas”, lo que significa que esta es la batalla final para deponer un régimen cuya existencia ya no es humanamente tolerable.

Hemos visto gente marchando y gritando desesperada. El presidente venezolano, Nicolás Maduro y todas las fuerzas de seguridad se enfrentan a civiles inocentes para preservar un régimen obsoleto y opresivo. La policía, la Guardia Nacional Bolivariana (policía militarizada) y el ejército están lanzando gases lacrimógenos y reprimiendo en un intento desesperado por evitar la caída de un gobierno que no ofrece nada excepto fuerza bruta. Las pandillas paramilitares y callejeras, los así llamados colectivos atacan barrios y destruyen propiedades. Hemos visto a una valiente venezolana de pie frente a un carro blindado que obliga al coche a retirarse. Este acto de valor increíble nos ha recordado mucho los acontecimientos de la Plaza Tiananmen hace 27 años. Decenas de muertos ya se han registrado. Una joven de 17 años declaró que no le importa si muere “mientras este régimen asesino se derrumbe”. Este estado de ánimo es similar al que presenciamos en Checoslovaquia durante la primavera de Praga y en Túnez durante la revuelta contra el régimen de Ben Ali, donde dos individuos valientes se prendieron fuego en señal de que preferían morir antes que vivir una vida sin dignidad humana.

La gente continúa muriendo de hambre y pese a eso gente humilde, quien alguna vez haya sido fuente de apoyo al chavismo, rechazó limosnas del gobierno. Alimentos, productos básicos, jabón, ropa se está enviando a Venezuela desde Estados Unidos y otros países. Las familias luchan por alimentar a sus hijos. En muchos hogares, el marido y la esposa toman turnos para cenar una noche cada uno. Otros optan por huir del país tomando riesgos inhumanos. Nuestra colega Beatrice Rangel nos informa desde Colombia que 20 niños que iban escapando con sus padres de Venezuela hacia Colombia murieron en el arduo viaje. Cinco familias desaparecieron a raíz de un alud de barro que seguramente los sepulto en vida. Mientras que el gobierno Venezolano y el aparato de seguridad continúan enriqueciéndose ilícitamente.

Es increíble que en el año 2004, cuando el pueblo de Ucrania se rebeló contra un gobierno fraudulento, obtuvieron más atención estadounidense e internacional de lo que Venezuela está recibiendo ahora. Hace unos años, la Administración Obama pidió a Hosni Mubarak que renunciara a su cargo mientras los levantamientos populares comenzaban a llenarse las calles de El Cairo. La Administración Reagan a finales de la década de 1980 pidió a Ferdinand Marcus en Filipinas que renunciara tan pronto como se diera cuenta de que el régimen era insostenible.

En Venezuela, este es el tercer levantamiento popular y la reacción internacional ha sido leve. En Estados Unidos, el secretario de Estado, Rex Tillerson, expresó su preocupación porque el gobierno de Maduro está trabajando para silenciar a la oposición.

¿Podemos ser suaves con un país que hace sólo unos días, se reveló, proporcionó más de 10.000 pasaportes a sirios, iraníes y otros individuos cuestionables de Oriente Medio?

¿Podemos tener un enfoque de “esperar y ver” hacia un gobierno que ha transformado a un petro-estado (y uno de los más ricos de América del Sur) en un narco-estado que permite el tráfico masivo de drogas destinadas a los Estados Unidos? ¿Cuántas oportunidades podemos dar a un gobierno que ha engañado a todos y ha demostrado una y otra vez que no está interesado en comprometer?

Mientras tanto, PDVSA, la gigante petrolera venezolana, ha presionado sistemáticamente a nuestro gobierno y al Congreso para evitar acciones punitivas. Ellos han sido capaces de asegurar el apoyo a través de donaciones. La ex senadora Mary Landrieu, de Luisiana, intentó activamente evitar que se apruebe una ley de sanciones contra personas venezolanas involucradas en violaciones de derechos humanos. Más recientemente, PDVSA tuvo la audacia de donar medio millón de dólares a la ceremonia presidencial de inauguración, esperando lograr resultados similares. Esto demuestra lo permeable que es nuestro sistema.

No podemos permitir que esta situación continúe. Los Estados Unidos necesitan exigir la renuncia del señor Maduro y aplicar fuertes sanciones a la élite corrupta y asesina que gobierna el país. Si no lo hacemos en nombre de los derechos humanos, debemos hacerlo en nombre de la seguridad nacional, regional y propia.

Publicado en inglés por Center for Security Policy el viernes 21 de abril, 2017. 

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*