Franco Parisi, el elector de la presidencial chilena

Ricardo Israel

Durante la edad media europea, en el Sacro Imperio Romano Germánico los emperadores eran elegidos con votos de una serie de príncipes electores, antes de la coronación papal.

Franco Parisi no tiene una gota de sangre azul, sino una mezcla de autoproclama liberal y propuestas populistas. Sin embargo ¿podría cumplir un rol semejante el domingo 19 de diciembre en la segunda vuelta de la presidencial chilena?

Fruto de la polarización del país, la elección del 21 de noviembre dejó dos contendores que hoy representan extremos de la política chilena, José Antonio Kast y Gabriel Boric, junto con la derrota de la centroizquierda y de la centroderecha que habían ganado todos los gobiernos desde 1989, particularmente la ex Concertación.

Sobre todo, la primera mayoría de Kast generó un escenario diferente al que eligió a la Convención Constitucional que está sesionando en paralelo, y que tiene mayoría de izquierda radical, de marcado tinte refundacional.

Los pocos días transcurridos han permitido que Chile redescubra que la segunda vuelta es una nueva elección, ya que todas las que habían tenido lugar habían sido de resultado predecible, salvo la de 1999, en la que Ricardo Lagos tuvo que trabajar muy duro, dado el virtual empate con Lavin en la primera. Y ahí sí que hubo sorpresa. Por su parte, en América Latina, en la mayoría se ha repetido el ganador de la primera, aunque ha cambiado en casi un tercio de los casos.

Ambos contendores han hecho ajustes de equipos y propuestas para atraer al centro político, muy marcado en el caso de Boric, en lo que se ha calificado como “voltereta”, ya que se abrió a temas fuertes de Kast como el orden, la seguridad y la delincuencia.

En ese contexto, se ha dado una situación previsible, donde las otras candidaturas de izquierda y sus votantes se están alineando detrás de Boric y los otros partidos de derecha detrás de Kast.

Además de interesar a quienes no acudieron a votar, ¿dónde podrían entonces estar los votos decisivos que inclinen la balanza?. Ellos se ven en quienes votaron por Franco Parisi, ese 12,80% que le dio el tercer lugar y que no se explican-a diferencia de otros-solo por el esquema derecha-izquierda.. Lo más llamativo fue que Parisi los obtuvo sin pisar Chile (tampoco lo hace al escribir esta columna), casi exclusivamente en redes sociales y su canal de YouTube. Parisi, radicado en Alabama, Estados Unidos, tuvo que enfrentar además una serie de denuncias de incumplimientos económicos como también lo potencialmente más dañino, que era una orden judicial de arraigo por el no pago de sus deudas con sus hijos. Es claro que a muchos no le importa, en un país como Chile donde no ha existido un voto de castigo a las conductas de los candidatos.

Con la experiencia de haber competido hace ocho años, creo que se equivocaron analistas y medios de comunicación chilenos al presentarlo como un fenómeno electoral novedoso, toda vez que el 2013, en su participación anterior, y siendo mucho menos conocido, obtuvo con más candidatos (9) y sin haber formado un partido, un porcentaje similar (10,11%) y en los mismos lugares, sobre todo, en su fuerte electoral de la zona norte. Quienes no se equivocaron esta vez fueron las encuestas.

¿De qué habla Parisi? El 2013 y ahora con la característica básica de todo candidato populista, la gente (el pueblo) versus una elite corrupta. A modio de ejemplo, sus temas tienen que ver con la concentración económica y la inmigración irregular. No está contra el sistema económico, sino que se dirige contra los abusos, y se le percibe como un mensaje contra los partidos tradicionales y la clase política. Es populista pero también partidario del mercado como asignador de recursos.

Debemos siempre tener presente que las elecciones democráticas eligen representantes, y los representados que acuden a las urnas, tienen que sentirse cómodos con ellos.

¿Cómo votarán en segunda vuelta quienes lo acaban de hacer por Parisi?. De la elección del 2013 sabemos que entre sus votantes predominaron los hombres de 31 a 40 años, que además no acudían habitualmente a las urnas. En términos sociales, eran parte del sector que los publicistas llaman el C-3 en Chile.

En esa oportunidad Parisi no orientó a sus votantes, y los estudios posteriores mostraron que la mayoría lo hizo por Evelyn Matthei, la candidata de derecha. Lo llamativo es que fue ella quien denunció sus líos judiciales y comerciales, y en lo personal, estoy convencido qué si no hubiera dado ese paso, Parisi perfectamente la pudo haber reemplazado en el balotaje.

¿Pasará lo mismo? Difícil predecirlo. Aunque los votos no son propiedad de nadie y es posible que existan quienes no se interesen en otros candidatos, a simple vista, sus votantes están más cerca de Kast que de Boric, pero hay varios motivos por los cuales esta vez Parisi se preocupará que la decisión sea mucho más cuidadosa. El primer factor es uno de poder, esta vez tiene un partido, el Partido de la Gente, que eligió 6 diputados, y en condiciones de empate en el Senado, y de muy leve predominio de la izquierda en Diputados, su bancada puede marcar la diferencia entre aprobación y rechazo de las leyes.

Lo segundo es que en una política tan líquida y gaseosa como es hoy la chilena, Franco Parisi debe estar ya preparando su próxima candidatura presidencial, por lo que esta vez sí se preocupará de orientar a sus votantes.

El punto es que la Convención podría buscar cambiar la fecha de la próxima elección al igual que el sistema presidencial, con lo que Parisi se va a ver obligado a plantearse también acerca de las propuestas constitucionales, lo que lo va a transformar -y a su partido- en un actor, a la vez mas permanente, pero también más parecido a los otros qué critica, y contra quienes compite.

(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona); Ph.D. en Ciencia Política (University of Essex); excandidato presidencial (Chile, 2013)

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