Evo Morales en campaña inacabable

Por: Hernán Maldonado*

Bolivia del 2017, si se la compara con la Venezuela de Nicolás Maduro, vive una envidiable prosperidad. Lo más importante, los ciudadanos no están haciendo colas de hasta 8 horas para comprar alimentos o, peor aún, rompiendo bolsas de basura en las calles para conseguirlos.

En las protestas callejeras de abril a julio murieron 136 jóvenes, la mayoría estudiantes, cansados del actual gobierno que ha derivado en abierta dictadura. El régimen, apuntalado por los servicios de inteligencia cubanos, tiene en un puño al liderazgo opositor donde no hay ideas claras de lo que debe hacerse.

Cuando ese liderazgo convocó a las calles a la gente, lo hizo con la promesa de que la salida de Maduro estaba a la vuelta de la esquina, El régimen maniobró hábilmente y convocó a elecciones regionales (las mismas que caprichosamente las postergó desde el 2016) y los opositores aceptaron el reto para “no perder espacios políticos”.

Esta aceptación produjo una decepción enorme en la ciudadanía que no ha vuelto a salir a las calles. ¿Aceptar ir a unas elecciones con las mismas autoridades electorales tramposas que hacen votar hasta los muertos? Lo peor de todo es que el gigantesco bloque opositor se ha dividido (algo que buscaba el G2 cubano) en 3 partes: Los que van a votar, los que rechazan ir a votar y los que no creen en el gobierno ni en la oposición.

Pero el problema venezolano va más allá de lo político. El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, denuncia que bajo la dictadura de Maduro Venezuela vive una tragedia humanitaria de enormes proporciones (“Y no nos quedaremos con los brazos cruzados”) capaz de agudizar los problemas de inmigración ilegal y el narcotráfico en el hemisferio.

En Bolivia no se vive una tragedia de esa naturaleza y Morales, todos los días expresa su apoyo a Maduro. Inclusive dijo estar dispuesto a co-auspiciar una Cumbre Mundial por la Paz en Venezuela, lo que resulta paradójico estos días en que ve su propio rancho ardiendo con pronunciamientos de indígenas del altiplano y el oriente boliviano.

El Primer Presidente Indígena (que no habla ninguno de los idiomas nativos) parece que le importa poco esas pronunciamientos de sus “hermanos”, porque está obnubilado en buscar una tercera reelección el 2019.

Cuando exteriorizó esa ambición (prohibida por la Constitución que él mismo mandó a redactar) en un referendo del 21 de febrero, Bolivia mayoritariamente le dijo NO, pero parece que no entiende.

Morales está todos los días en los medios oficiales. Inaugura hasta el empedrado de calles, labor propia de un alcalde y no del presidente del país. Y es que lo suyo es aparecer entregando obras, decenas de las cuales solo han servido para despilfarrar millones de dólares, caso del yacimiento de úrea, a precios muy por encima del mercado internacional, y que están siendo almacenada porque faltó un pequeño detalle: La construcción del ferrocarril para su transporte.

En ese mismo afán se inscribe la legitimación de una ley para construir una carretera por el parque nacional TIPNIS, que los bolivianos estiman servirá solo para destruir el ecosistema de la ubérrima región amazónica para favorecer a los sembradores de coca, cuyo máximo líder desde hace 15 años es Morales.

El malestar que esto ha provocado en los indígenas es la actual piedra en el zapato del régimen y las cosas pueden empeorar. La Paz que busca para Maduro, bien podría necesitarla él.

Siguiendo el modelo chavista, el caudillo cocalero culpa de los inconvenientes a la derecha, al imperialismo, la oligarquía, a Mr. Trump, contra quien van dirigidos muchos de sus tuits cada semana.

Obviamente no es Morales quien escribe muchas de esas estupideces. Por ejemplo el jueves dijo: “Mi madre decía que para los indígenas era prohibido aprender a leer y escribir…” Morales ni había nacido cuando ya la Revolución de 1952 liberó al indio de la servidumbre. Mejor todavía, en 1966, cuando se supone que tenía 7 años él mismo ya estaba en la escuela.

¡Claro! Otra cosa es que no haya aprovechado debidamente su paso por allí, como nos lo ha demostrado en varias ocasiones. La tuitera Silvia Gamboa respondío así al tuit de Morales: “Se nota… porque Ud. no sabe leer y esta cuenta se la maneja otra persona por lo tanto tampoco sabe escribir”.

*Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor*