Estados Unidos: Nicaragua sí; Uruguay no

Beatrice E. Rangel.

Nicaragua es el sexto exportador de carne a Estados Unidos por encima de Uruguay y de Argentina. Nicaragua disfruta los beneficios de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Nicaragua esta gobernada por un régimen que diariamente viola los derechos humanos y que expulsa migrantes hacia Estados Unidos. Uruguay es uno de los países modelo con respecto la observancia del estado de derecho, los índices de desarrollo humano y de libertad económica. Uruguay tiene años tratando de concluir un tratado de libre comercio con Estados Unidos sin éxito alguno.

Esta conducta por parte de Estados Unidos es incomprensible cuando se excluye del análisis el factor migración. En efecto, para nadie es un secreto que la población americana ha llegado a un punto de rechazo a todo lo extranjero por percibirlo como hostil y peligroso. Esto obnubila a sus gobernantes y es alimento de los grupos extremistas que preferirían que existiera el esclavismo, la segregación de las personas de color y rechazan todo lo que no sea estrictamente americano. El activismo de estos sectores ha tenido éxito en los últimos años bajo el liderazgo de Donald Trump quien logro movilizarles políticamente y penetrar el partido republicano.

Y aun cuando el partido demócrata tiene una base heterogénea conformada por intelectuales progresistas, ciudadanos con altos niveles educativos que ocupan los escalones mas elevados de la pirámide del empleo, movimientos antisegregacionistas y conservadores del sur en estos días de polarización no se puede permitir perder un sector de sus votantes ya que perdería la tenue mayoría con que cuenta en el senado y en la cámara de diputados.

Dentro de este contexto la burocracia estatal americana esta dispuesta a llegar a los más extraños acuerdos con los personajes más sombríos de nuestro continente a cambio de que estos regulen e impidan los flujos migratorios hacia Estados Unidos. Así se logro que Lopez Obrador se colocará a la bandera de la represión de los migrantes centros americanos y que les impusiera los venezolanos como requisito de ingreso a México contar con visa para los Estados Unidos. Así también se permitió a Juan Orlando Hernandez desarrollar una entente cordial con los traficantes de droga hasta que el propio Departamento de Justicia tomó cartas en el asunto e inició un juicio contra el primer mandatario. Y desde luego esta fue la premisa que llevo a dos funcionarios de alto nivel de la administración Biden a sentarse con Nicolas Maduro, cuyo gobierno n reconocen.

Estos intentos por frenar o al menos reducir los flujos migratorios de América Latina hacia Estados Unidos tendrán todos como desenlace el fracaso. Ellos parecen olvidar que la forma de detener estos flujos es impulsando al Sur del Rio Bravo regímenes que se sustenten en el estado de derecho cuyas piedras angulares sean la libertad individual y el derecho a la autodeterminación hoy en día conculcados por los regímenes a los cuales se les está pidiendo ayuda. Aún más el mensaje que están trasmitiendo al mundo con esas tratativas es que la democracia importa poco cuando se trata de detener flujos migratorios. O sea, una invitación a que haya menos democracia en la región.

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