Por: Ricardo Israel - 31/03/2025
Esta no es una historia de buenos y malos, como tampoco hay una línea que los separa, con unos a un lado y los otros detrás de la barrera. La droga y la inmigración ilegal son materias de tal complejidad, que mas bien reflejan una combinación de buenas y malas decisiones, donde las malas se retroalimentan.
Son problemas que existen a través del mundo, y donde Estados Unidos (EE. UU.) no es el país que más lo sufre como tampoco el que más ha fracasado, además que América Latina, a pesar de todos sus problemas, es bastante más que solo drogas e inmigración ilegal. De partida, un buen porcentaje migratorio llega a países pobres antes que a ricos, ya que solo tiene que cruzar fronteras, normalmente al lado de donde aparecen las grandes tragedias. No solo África, ya que la gran inmigración siria llegó a el Líbano antes que a Europa y millones de venezolanos arribaron a toda la región mucho antes que lo hicieran a la frontera sur de Texas. De hecho, como porcentaje de la población son muchos más en Chile, el otro extremo del continente. Aún más, no deja de sorprender lo tarde que los grandes medios de comunicación descubrieron la existencia del temible Tren de Aragua, sin todavía notar que varias Cortes Supremas de la región decretaron expulsiones de sus miembros por la comisión de terribles delitos como tampoco casos como el asesinato del Teniente Ojeda, asilado venezolano en Chile, por orden y mediante pago de Diosdado Cabello, según han acreditado los fiscales, tanto que el caso ya fue oficialmente presentado por Chile a la Corte Penal Internacional en La Haya.
En EE. UU. la mala fama mexicana tiene un origen compartido por los grandes medios de comunicación y la clase política, incluyendo algunos representantes y senadores de origen latino, con el agregado que habitualmente son opiniones que también reproduce la prensa de otros países, además de muchos analistas.
Por cierto, que un enorme porcentaje de la inmigración ilegal y de las drogas llega desde México, pero esas no son opiniones, sino hechos que no admiten discusión. Mi argumento es otro, que las razones que se esgrimen en el debate de EE. UU. con la posibilidad que se transformen en decisiones son las equivocadas, con lo cual estaríamos hablando de malas decisiones, donde ha habido extremistas que han solicitado la utilización de fuerzas especiales operando en el propio territorio mexicano, felizmente en total minoría.
¿Y si algo o mucho sale mal?
La verdad es que, en el tema de la inmigración ilegal, de la mayor importancia ha sido un hecho estrictamente estadounidense, que, en pocos años, por el simple cambio del habitante de la Casa Blanca, Washington pasó de un extremo a otro, desde fronteras abiertas a una total cerrazón, reproduciéndose en relación con la inmigración, una (brusca) oscilación que se ha dado muchas veces en su historia, de aprobación a rechazo de la inmigración ilegal, en un país, que a pesar de todo, sigue siendo muy abierto, al recibir mediante distintas visas a millón y medio de inmigrantes legales cada año, lo que se compara muy favorablemente con otras potencias como China o Japón.
En todo caso, a pesar de todo, hay un denominador común en las últimas oleadas, ya que en general, ha habido un buen mercado laboral esperando a los inmigrantes por necesitarlos, con lo cual, aunque no tengan sus papeles al día, pueden mayoritariamente cumplir su “sueño americano”.
En el caso de la droga, sea sintética o no, el verdadero problema de fondo más que uno son dos, y nada va a cambiar, si a) no se acaba con el origen, el nivel de consumo, es decir, la drogadicción en EE. UU., y b) si no hay mayor eficiencia no solo en la frontera, sino en cortar la distribución interna, es decir, un problema, a la vez, social, policial, y de salud, todo mezclado con distintas expresiones generacionales, que además dependen de las políticas de cada Estado, con el agregado que una muestra del poder del narcotráfico es que nunca sabemos el nombre del equivalente estadounidense del Chapo o de Escobar, ya que a lo menos yo dudo que estos personajes que aunque lleguen hasta la frontera, tengan además las redes como para controlar la distribución a todo lugar del inmenso territorio estadounidense.
Por lo demás, con los años, el tema de la inmigración ilegal se ha transformado también en un tema de intercambio poblacional, toda vez que al menos hay un millón de estadounidenses con residencia ilegal o al menos irregular en México, sin que se sepa que consuman drogas como tampoco que se hayan convertido en un problema para las autoridades mexicanas o que exista un movimiento político para su expulsión. Aún más, me cuento entre quienes son testigos de su muy visible presencia en varios de los muy recomendables “pueblos mágicos” no muy lejos de la capital, Ciudad de México, donde se habla mucho inglés y circula el dólar como si fuera moneda local, pero a muchos kilómetros de la frontera.
Aún más, a pesar de la historia complicada y de la perdida territorial de buena parte del México histórico, cedido, vendido o conquistado , bastando al respecto imaginar si esta situación se diera al revés, a pesar de todo ello, el cariño y admiración hacia Estados Unidos es real, por la sencilla razón que hay tantas familias mexicanas viviendo en ambos países, que ese antecedente histórico recién mencionado no influye mayormente, y si lo destacamos es porque en otros países, vecinos con perdida territorial de uno de ellos, es al contrario una fuente de enemistad casi permanente a nivel de personas, sobre todo, por parte del derrotado.
Mas aun, ello se ha notado en fechas recientes, ya que se puede comparar cuan distinta ha sido la actitud de Trump y hacia Trump en Canadá y México, a pesar de que las decisiones tomadas unilateralmente afectan a ambos por igual. Quizás, México es demasiado débil para otra cosa, pero hemos visto una concesión tras otra, con aplausos surtidos para la presidenta Claudia Sheinbaum sin que exista un clima contra el mandatario estadounidense, a diferencia del despertar de una especie de nacionalismo canadiense en la otra frontera, que se expresa no solo en políticos (comprensible en periodo de elecciones), sino con fuertes repercusiones, hasta en consumidores, viajeros y espectadores de deportes.
Nada similar se aprecia en México, y quizás por ello, en su gobierno anterior Trump agradeció a AMLO (también lo criticó, pero por otros motivos) y ahora, lo ha hecho, en términos siempre muy amables con Sheinbaum, destacando su aporte, comparándolo con los canadienses para quienes no ha tenido el mismo tono, limitándose a decir que con el nuevo primer ministro ha tenido conversaciones “productivas. Y eso que todos saben, que hay un elemento de negociación en las posiciones de Trump, pero el punto es que no tiene palabras igualmente amables para los canadienses. Por cierto, que existe hipocresía en el Palacio Nacional de Ciudad de México, ya que nada semejante se hizo con España, a quien se criticó tan exagerada y amargamente por la conquista que se hizo imposible el viaje del Rey a la investidura del reciente cambio de gobierno.
Para EE. UU. el tema fronterizo sería mucho peor, si no fuera que la colaboración de México va mucho más allá de las obligaciones que demanda el derecho internacional, e incluso de lo habitual entre vecinos que tienen un tratado común de libre comercio, y quizás, por ello, siempre ha habido palabras amables de distintos presidentes de EE. UU. al menos desde los 80s en adelante que sigo habitualmente la política estadounidense, destacando como por ejemplo, México ayuda más allá de la buena vecindad cuando Washington lo solicita, hasta cuando ello ha incluido militarizar la frontera, por ejemplo con Guatemala.
Y ello ha tenido lugar, a pesar de que México desde hace mucho tiempo asegura que, para ellos, tan grave como el tema del consumo de drogas en EE. UU. es el tema de las armas, ya que las pistolas o ametralladoras con las que matan los carteles mexicanos llegan desde EE. UU., tema que han repetido no solo a nivel político, sino también en estrados judiciales, en distintos juicios contra empresas de armas.
Y así como EE. UU. tiene razón en criticar el rol de China en la producción industrial del fentanilo que los carteles introducen a través de las fronteras de México y Canadá, igualmente se incluye en otros lugares a empresas estadounidenses entre quienes producen los precursores químicos para hacer drogas como también del rol que tiene el mercado estadounidense para lavado de dinero e inversiones producto de la enorme riqueza que la droga genera, pidiéndose un rol más activo del Departamento del Tesoro para sancionar a individuos, países y empresas, incluyendo bancos, ya que es el único país que puede paralizar del todo transacciones financieras sospechosas.
La raya para la suma es que el consumo de drogas es lo que ha transformado a los carteles mexicanos en verdaderas internacionales del crimen, poder que les ha permitido controlar buena parte de las instituciones mexicanas, además de crecer su presencia en varios países latinoamericanos, tanto productores como de tránsito, siendo el último ejemplo, el caso de Ecuador.
Y por mucho poder que hayan adquirido no ayuda el intento de transformar a los carteles de la droga en organizaciones terroristas, que por muchos crímenes que cometan no son eso. Los carteles mexicanos de la droga no lo son, a diferencia de las FARC colombianos que si lo son y a pesar de que han colaborado y quizás lo seguirán haciendo con Hez bolá que, si lo es, que como medio de financiamiento también está muy involucrados en el tráfico de drogas en el medio oriente, principalmente de la sintética captagón, la llamada “droga de los yihadistas”. No son terroristas, si son organizaciones muy flexibles, que aprovechan toda oportunidad, como lo han hecho al trasladar algunos de sus negocios de drogas e inmigración ilegal a una frontera tan abierta como la de Canadá hacia EE. UU.
Además de la vecindad con EE. UU., si los carteles mexicanos han adquirido su actual relevancia no es solo por el consumo interno en el norte, sino también por haber reemplazado a los carteles colombianos, dado el éxito del Plan Colombia, la colaboración de Washington para que en Colombia, el gobierno de Álvaro Uribe arrinconara a las FARC, además de debilitar a Carteles como el de Medellín, tanto que en el imaginario colectivo el Chapo Guzmán reemplazó a Pablo Escobar, y en forma muy ágil, fueron los carteles mexicanos los que tomaron el lugar de los colombianos en el ingreso de la droga a EE. UU., primero la coca y después satisfaciendo la más grave y perjudicial demanda actual por el fentanilo.
EE. UU. lo ha tratado casi todo en relación a la droga, hasta la militarización, en el sentido de hablar o de una “guerra” contra las drogas, o al menos un “combate” contra ellas, y es de los pocos países que va más allá del tema de la salud y de lo policial para incluir a las fuerzas armadas en su estrategia, y es de los pocos, porque en general las policías son más efectivas en su represión, además que las experiencias en general no han sido gratas, ya que han terminado involucradas en la corrupción, y desde Vietnam Washington ha debido lidiar con el consumo por las tropas como también por los veteranos.
En el caso de los mexicanos, tampoco ha sido una experiencia del todo buena involucrarlas, habiendo transcurrido entre Felipe Calderón y AMLO la suficiente cantidad de años (2006-2024) para darse cuenta de que tampoco son la solución.
La complejidad del tema drogas es tal, que en EE. UU. aquellos Estados que han legalizado las drogas como consumo recreativo, tampoco han hecho mayor diferencia con aquellos lugares que no han dado el mismo paso, ni en lo que a salud o policía se refiere. EE. UU. también ha pasado por periodos donde ha llenado sus cárceles con drogadictos, penalizando a consumidores más que a traficantes, pero no ha habido gran cambio en lo que a niveles de consumo y tráfico se refiere, como tampoco en relación con los delitos que usualmente se asocian con las drogas.
Mas aún, todavía fresca está la experiencia de dos décadas de ocupación de Afganistán, que a la lista de fracasos que tuvo lugar, debe agregarse el tema de las drogas, otra muestra de que no existen recetas fáciles, toda vez que hubo aumento y no disminución de la producción de droga, necesario para tener acuerdos con los Señores de la Guerra en varias provincias, ya que, por sus ganancias, ese tráfico era condición necesaria.
Mas aun, el propio EE. UU. ha tenido una política ambigua frente al tema y no solo en cederle el control de su frontera sur a los carteles de la droga, sino que también lo ha hecho con aquellos países donde la delincuencia organizada está en el propio gobierno, transformándolos en narcoestados como es el caso de Venezuela, donde el Cartel de los Soles integra a los principales dirigentes civiles de gobierno y al alto mando de las Fuerzas Armadas, y en este caso, es el petróleo lo que ha sido la moneda de cambio.
En cuanto al poder actual de los carteles mexicanos, no hay duda de que la frontera abierta ayudó a transformarlos en factor aún más decisivo y relevante tanto para la inmigración ilegal como para el tráfico de droga, todo facilitado por su control territorial, que incluye sus propios túneles.
Mi critica al lenguaje de muchos políticos en EE. UU. y a la gran prensa, es que habiendo mucha información sobre el daño a EE. UU. hay muy poca sobre cuanto afecta a México, toda vez que el combustible para la droga es el consumo en el norte, ya que en México, aunque crece, todavía no alcanza ni remotamente ese nivel, y en el caso de la inmigración ilegal, quienes llegan a la frontera quieren ingresar a EE. UU., no permanecer en México.
Sin embargo, dejan muchas externalidades negativas en su camino, ya que son muchos los problemas sociales, de violencia, de empoderamiento de los carteles, de búsqueda de nuevas líneas de delitos, de presión sobre los servicios, y los problemas de delincuencia que significan para México, además de tiroteos en las calles y mayor cantidad de homicidios, listado que no incluye las distintas concesiones que hacen autoridades mexicanas a estadounidenses como el uso de fuerzas armadas para intentar detener flujos inmigratorios, y la política de “remain (permanecer) in México” ya que nada obliga en el derecho internacional que el país de tránsito deba comprometerse a aceptar que ciudadanos de terceros países deban permanecer largos periodos de tiempo en su país, que no es aquel al que desean ingresar, simplemente por razones electorales o de política interna de aquella nación.
A mayor abundamiento, por la presión recibida, más de alguna vez se ha hecho la oferta que los migrantes de paso permanezcan legalmente allí con visa de trabajo incluida, a pesar de que ahí si pasaba a crearse una obligación internacional para México, toda vez que por ejemplo, en lo que a “asilo” político se refiere, una vez que alguien que alega persecución en su país de origen adquiere permanencia legal en otro país, aquel donde ha solicitado asilo, EE. UU. en este caso, no tiene la obligación de otorgarlo, ya que obtuvo antes la protección de otra nación. Y si pongo la palabra asilo entrecomillas, es porque como es de conocimiento público, para apurar sus casos, el asilo es solicitado también por mucha gente, que solo es migrante económico.
Y si de derechos laborales y de inmigración económica hablamos, oportuno es referirse a César Chávez (1927-1993), destacado activista de los derechos civiles y cofundador de la Asociación Nacional de Campesinos, cuyas huelgas no solo mostraron los abusos para con los trabajadores agrícolas migrantes sino también mejoraron su condición. Chávez es una de las grandes figuras históricas del sindicalismo, tanto que en las fotografías detrás del presidente Biden en su oficina Oval se puede notar la suya enmarcada.
Si lo mencionamos es porque Chávez era por sobre todas las cosas un sindicalista, tanto que, en pasajes menos divulgados de su vida y obra, organizó protestas contra la inmigración ilegal en plena frontera, ya que con razón argumentaba que hacían bajar los salarios de los trabajadores sindicalizados, lo que es tan cierto que ese argumento todavía tiene vigencia.
¿Qué postulaba Chávez?
Aunque ello no está tan claro, mi impresión era que le gustaba el programa de trabajadores invitados para mexicanos que existió en la segunda guerra mundial y que duró hasta la década del 50, en el sentido que eran las empresas las responsables de traerlos por ejemplo para periodos de cosecha, y al gobierno le correspondía fiscalizar que se respetaran sus derechos humanos como también que no bajaran los salarios de los estadounidenses, idea que también dio resultados en Alemania, cuando se inició su despegue post segunda guerra.
En lo personal no creo que, de igual resultado en un mundo más complejo como el actual, pero si es útil para países que no sienten suficiente curiosidad por ideas que han tenido éxito, sea en otros lugares o en otra época, como ocurre y no solo en EE. UU. Lo mismo es aplicable a las drogas, donde es útil examinar a los países cuyos resultados prueban que lo han hecho mejor.
En ambos casos, la moraleja es que quizás las soluciones del futuro se encuentran en el pasado.
-Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U de Barcelona), Abogado (U de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».