Entrevista Imaginaria a Carlos J. Rangel

Carlos J. Rangel Octubre 22,2017

¿Por qué llamar al libro “La Venezuela imposible”?

Para esa pregunta, tengo dos respuestas. La primera es que la Venezuela de nuestros sueños, de nuestro pasado, de nuestro futuro, parece imposible. Una quimera. Citando una parte del libro, de un ensayo que escribí en septiembre de 2015, lo que deseamos, lo que se persigue es un modelo de país…

“basad[o] en la moral, la ética, el respeto, el trabajo, la cívica y el estado de derecho para y por cada uno de todos los venezolanos que deben asumir sus propias responsabilidades en la construcción del país. Una Venezuela en la que muchos desearían vivir. ¿Es eso mucho pedir? ¿Es acaso esa la Venezuela imposible?”

Un modelo conducente a paz y prosperidad en democracia y libertad. Cuatro condiciones generadas a partir de ese modelo. Un modelo a fin de cuentas por el cual vale la pena luchar. Esto es un anhelo universal y el libro expone los peligros y retos contra los cuales se enfrenta este anhelo, sea cual sea el país en donde se persigue esa meta.

Quiero reiterar aquella meta, ese fin, de lograr un país con paz y prosperidad en democracia y libertad. El dictador ha hecho y hace constantemente llamados a la paz. Pero esa paz que él propone es la llamada Pax Romana, la paz por represión. Esa paz que se vive en regímenes totalitarios y fundamentalistas. Es cierto que algunas élites prosperan en esas condiciones, pero esa paz es viciada, tiende a la corrupción y al abuso de poder. Es una paz que fractura la sociedad, aumenta la desigualdad y, ciertamente, no es conducente a la igualdad de oportunidad. El modelo que propone Maduro es de una paz represiva con prosperidad selectiva: la permitida y designada por la autoridad del régimen, incluyendo por supuesto la generada por la corrupción y el narcotrafico.

Mi segunda respuesta está en la introducción del libro. Aquí se hace un reclamo en contra de la situación que ha llevado al país a esta situación aplicando un modelo económico y político acogido por muchos, inclusive opositores, que simplemente piensan que está mal aplicado y lo que hace falta es un cambio de gobierno, no de modelo:

“…cuando se observa la situación en Venezuela la reacción casi natural es echar las manos al aire y calificarla de imposible. Decepciona ver a miembros destacados del liderazgo opositor utilizar e incluso acoger algunos conceptos y lenguaje paternalistas y dadivosos del chavismo por conveniencia populista coyuntural, dándole credibilidad a las falsedades de las cuales se nutre el pensamiento social-mercantilista en el país.”

Hemos vivido demasiado tiempo hablando de la ”Venezuela Posible”, el mito aquel de que si solo no hubiese corrupción, habría abundantes recursos para desarrollar al país, que la riqueza sería bien distribuida y todos seriamos felices. Que hay que recuperar los reales robados para tener verdadera justicia social; que hay que redimirse con la noble naturaleza del venezolano puro y original. El mito nocivo de que hay que salir de este gobierno de turno para entonces echar pa’lante, externalizando el problema… en gobernantes, en políticos, en potencias extranjeras, en los otros… y diciendo que los mandatarios son unos incapaces, tarados o imbéciles perversos con interés propio por encima de todo, y que por eso estamos como estamos. Hay quien dijese algo acerca de la definición de la locura: repetir la misma acción persistentemente a la espera de un resultado distinto cada vez. El libro trata de exponer la falacia de pensar en aquella Venezuela posible bajo el mismo modelo; la misma hegemonía ideológica y consenso de país que se viene aplicando por cincuenta años o más en el país.

Las 400 y tantas páginas del libro se dedican a detallar las fallas del modelo en ejecución y argumentar razonadamente los orígenes, los pros y los contras de esta discusión.

¿Cómo se origina, cual es la génesis del libro? ¿Por qué lo escribes?

La emoción y la pasión son un problema. A veces. En febrero de 1992 para mí fue enervante la reacción de una gran mayoría del país ante el golpe de Chávez, una reacción de justificativos, de complicidad, hasta de celebración del atentado a la ruptura institucional. Hablé con colegas, con compañeros, con “intelectuales” y académicos. Escribí a varios periódicos. Uno de ellos publicó uno de mis ensayos. La indiferencia colectiva a ese atentado fue para mí desesperante, la ceguera frustrante.

Para el que quisiera escuchar desde 1992 estaba claro lo que prometía Chávez: una sustitución de élites controlando el llamado capitalismo de estado creciente, en metástasis, desaforado, y basando su popularidad en la distribución de prebendas y favores. Un mercantilismo a ultranza controlado por una élite gubernamental populista, poderosa y oligárquica—es decir, socialismo. Un camino y una promesa demostradamente equivocados en la historia mundial.

Ese golpe emocional sobre lo que representa Venezuela para mí retornó con creces ante los eventos de febrero, iniciados en el día de la juventud, en el 2014. Una nueva generación se enfrentaba a la realidad de lo que representa el chavismo. El último “tirito” de mi generación había ocurrido con los eventos de abril del 2002. Ahora la generación de relevo se enfrenta a un país con oportunidades disminuidas, con promesas falaces, con retórica politiquera, con una sociedad en colapso. A partir del 2014 esta generación protesta contra esta realidad presente, contra su futuro truncado. Nosotros, los viejos, calvos y canosos, tenemos el deber de apoyarlos en las maneras que nos sea posible. Mi dolor ante el sacrificio de tantas vidas, muertos, heridos, presos, torturados, inhabilitados, desamparados, lo manifesté escribiendo y difundiendo en la medida de lo posible lo que ocurría en Venezuela.

De esa emoción nacen mis nuevos escritos sobre Venezuela; pero pronto me di cuenta que tenía que ir más allá de un simple recuento de eventos, una repetición de noticias. Tenía que aplicar la razón a la emoción. De ahí que los ensayos del libro buscan establecer el contexto, interpretación y razones de lo ocurrido en Venezuela, es decir, una especie de diagnóstico que tal vez contribuya a curar al enfermo. Y, como creo en democracia, se escuchan, se esperan, segundas, terceras, cuartas opiniones sobre ese diagnóstico.

Quiero aclarar, yo no quisiera haber tenido razones para escribir este libro. Yo no quisiera estar denunciando tiranías. Yo creía que vivíamos en un país “en vías de desarrollo”, y que mi participación sería ocuparme de mi oficio, de mi trabajo—contribuir a ese desarrollo. Esta situación que vivimos es una distracción de vida que me impide funcionar adecuadamente, que me frustra, que me golpea emocionalmente. Ojalá no me hubiese sentido en la obligación moral de alzar mi voz en protesta y simplemente ejercer mi profesión, desarrollar carrera, vivido mi vida en el país de mis antepasados con la vista puesta en las aburridas oportunidades que brinda el futuro. Pienso que muchos acá y allá se deben sentir igual. Esa rutina aburrida de país trabajador, espero, les tocará a los hijos de mis sobrinos, a mis nietos. El destino (y alguno que otro interesado con mala intención) se ha encargado de que las generaciones actuales de venezolanos vivan la maldición china de los tiempos interesantes.

¿Cómo puede adquirirse el libro?

Hay que apoyar a todo negocio local y mi recomendación es que soliciten el libro a su librería local.  En cualquier librería en los Estados Unidos y Europa puede solicitarse el libro, puesto que está en los catálogos principales de distribución de libros de estas regiones (Ingram y Baker&Hughes). En Latinoamérica debe hablarse con la librería local a ver si se lo pueden conseguir. Reconozco la conveniencia del mundo del comercio en la internet y por supuesto también se puede conseguir por esa vía, en Amazon Estados Unidos, Amazon Europa y, en esas regiones, en el sitio web del libro la www.lavenezuelaimposible.com.

A tu juicio, ¿que hace que Venezuela esté en la condición en la que se encuentra?

No tengo dudas acerca de las razones. Es subdesarrollo político. La madurez política antecede al desarrollo económico, pero esta llamada “madurez” no es permanente, es reversible. Como expongo en el libro se puede concebir el mundo de dos maneras: como un avance progresivo o como una turbulencia permanente. A mi parecer, Carlos Marx tenía cierta razón en eso de que la historia de la civilización es la historia de la lucha de clases. Es decir, desde su punto de vista, es turbulencia permanente. Él se enfocaba en clases, pero más allá de eso podemos ver conflictos entre religiones, entre generaciones, entre culturas. Los ciclos de turbulencia son generacionales y son impulsados por eventos coyunturales.

El auge y decadencia del petróleo, por ejemplo. Claramente la mentalidad prevaleciente del país es dependiente del petróleo, y con razón. Pero al aferrarse al petróleo como tabla para todo, el país se aferra al pasado. El mundo está al borde de una transformación energética sin precedentes, una nueva revolución tecnológica en la cual el petróleo no tendrá el papel protagónico que ha tenido en el pasado. Siempre mantendrá su importancia pero no la gran relevancia que ha tenido. La dirigencia política de Venezuela no parece incluir esto dentro de sus planteamientos de presente y futuro. Pero las presiones geopolíticas causadas por este cambio en ciernes ya afectan a la calle y al día a día. El valor presente neto, por decirlo de una manera, del futuro de Venezuela se disminuye todos los días y se refleja en las tensiones subyacentes que impulsan la crisis política del país.

No se trata de un lema simple como “sembrar el petróleo”. El recurso petrolero es importante y fundamental para el país, sin lugar a duda pero, desde hace toda la vida el petróleo se ha utilizado como una alcancía. Como digo en el libro, la riqueza del país no está en el subsuelo, está sobre el suelo. El subsuelo es limitado, el potencial humano ilimitado.

Es hora de utilizar el petróleo verdaderamente como una herramienta para la diversificación. Las herramientas se utilizan para transformar y eso va a comenzar cuando se privatice y atomice el gigante ineficiente que es PDVSA. Ese es el primer gran paso para desmontar la falacia del modelo centralizado de “capitalismo de estado” que ha llevado el país a su condición actual. Es un paso, tanto simbólico como real, que permitiría por los mecanismos naturales del mundo de los negocios que el país se enfrentara exitosamente al reto de la revolución tecno-energética mundial en ciernes.

¿Cómo interpretas las elecciones del 15 de octubre y la postura de la oposición ante esas elecciones?

Lo polémica desatada por estas elecciones es muy dinámica, por decirlo de manera diplomática. Para tener una discusión sobre este tema hay que pensar en los propósitos y despropósitos del régimen. La controversia, el diálogo y las posiciones adversarias no descalifican a los interlocutores. Vamos a estar claros, antes que nada. Los resultados de esta votación no son confiables y  la convocatoria a estas elecciones es viciada. Pero la existencia del voto en sí es problemático para cualquier autócrata puesto que para él su propia existencia está basada en detentar de manera absoluta el poder. Como autócrata, al existir opciones al ejercicio de su poder, aun cuando sean minoritarias, hará todo lo posible por reprimirlas. La existencia de elecciones atenta contra su control autocrático y es por ello que busca controlar las mismas sea mediante fraude, manipulación de medios y candidatos, clientelismo, intimidación u otras maneras. Pero al existir elecciones existe oposición y cada elector define su existencia política al participar o no en las elecciones.

La posición abstencionista tiene mérito. Hay quien se abstiene porque no cree en el voto y las elecciones, porque no cree en estas elecciones, porque no cree en los resultados posibles de estas elecciones—posiblemente ni Smartmatic crea en ellas—y hay quien se abstiene porque no cree en los candidatos postulados.  Todas estas posibles posiciones ante la abstención (desde la no creencia absoluta a las no creencias condicionadas) son la posición individual. La posición colectiva está dada por la convocatoria a elecciones y el implícito reconocimiento de existencia de oposición.

¿Qué le conviene al régimen? Esa es la pregunta. Al régimen le conviene dividir a la oposición y desmoralizar al elector, “enfriar” la oposición. Ese es el verdadero objetivo y la verdadera manera en la que gana tiempo. No nos olvidemos de aquel lema circulando desde el 2014: “el que se cansa, pierde”.  Estas tácticas dilatorias son para hacer cansar a la oposición. Estas elecciones no le dan legitimidad al régimen, y ellos lo saben. No les da reconocimiento. Lo que les da es una herramienta que ellos creen poder usar para dividir a la oposición democrática.

¿Qué le conviene a la oposición? Entendamos, primero, que la MUD es una agrupación de intereses, no un partido. La MUD aglutina desde exPSUVistas a Copeyanos—partido que ya no existe como tal, adecos, socialistas y otros, unidos en su oposición al gobierno existente, pero no necesariamente contra el modelo de gobierno. Pero si al régimen, o gobierno dependiendo de quién esté hablando, le conviene desmoralizar al elector y socavar la democracia, entonces la respuesta está clara. Hay que tener voz sobre las elecciones. La voz de la oposición es la voz de la democracia, una voz opuesta al régimen totalitario de Maduro, sus secuaces y sus amos en Cuba, una voz que se opone a vivir en dictadura.  Las transiciones hacia democracia requieren un cuerpo civil democrático y la existencia de elecciones, aún amañadas, contribuyen a la formación de ese cuerpo. De poder votar yo lo hubiese hecho, pero respeto a los abstencionistas porque ellos también están contribuyendo al debate democrático y a la existencia de la voz democrática. Son los que se callan los que anulan su propia existencia política. Y son los que mandan a callar los que hieren a la democracia.

Un argumento fundamental del libro es que la verdadera democracia es frágil y asediada constantemente; que hay que luchar constantemente por la democracia; y que a la democracia le dan muchos nombres. Los gobiernos represivos y autocráticos se llaman a sí mismos con frecuencia democráticos, indicando que aún estos consideran que usar el nombre, “democrático”, legitima su control del poder. Corea del Norte y Alemania Oriental son emblemáticos en este sentido. Pero el Egipto de Mubarak y el Iraq de Hussein convocaban a elecciones frecuentes, con participación masiva y resultados unánimes, siempre a favor del régimen.

La democracia es un ideal, su implementación complicada, su defensa difícil. La democracia requiere de ciudadanos y los ciudadanos son ruidosos, contestatarios, quejicas, con opiniones, con rotación de liderazgo. La democracia no es contar votos, la democracia es formar ciudadanos. Desarrollar el “espíritu ciudadano” del cual hablaba el historiador Alexis de Tocqueville. Los regímenes totalitarios exitosos quiebran ese espíritu y mantienen la ilusión de democracia.

Creo que el objetivo del régimen de interrumpir la verdadera voz democrática y crear una ilusión de democracia no se logró. Creo que su objetivo de fraccionar la oposición se logró a medias y temporalmente. Creo que su objetivo de ganar tiempo sí se logró. Pero hay que reiterar, la democracia es intrínsecamente frágil y hay demasiados intereses que siempre pugnan por mediatizarla. ¿Existen voces puras? No creo, pero la Política, esa disciplina que persigue lograr objetivos mediante la agrupación de voluntades heterogéneas, no hay que confundirla con la politiquería y la demagogia. Está de moda adoptar posiciones extremas en asuntos de estado, el populismo desenfrenado se nutre de epítetos descalificadores de los opositores a quienes tildan de enemigos en vez de adversarios. Es difícil lograr política en ese clima de animadversión, difícil de lograr objetivos de verdadera Política. El objetivo en Venezuela, en realidad para cualquier sociedad occidental moderna, es lograr paz y prosperidad en democracia y libertad. No debe perderse de vista ese objetivo.

Paz y prosperidad en democracia y libertad. Los cuatro componentes son importantes para la sinergia necesaria que crea el bienestar de un país. La libertad se define en el libro como “la condición bajo la cual el ser humano tiene la oportunidad de desarrollar plenamente su potencial como tal”. Ese ingrediente, en combinación con los tres primeros, es el que genera desarrollo y bienestar para cualquier país.

¿Qué va a suceder? ¿Qué se puede esperar?

Es más fácil diagnosticar que curar, aunque es importante el diagnóstico para determinar la cura. Pero la cura está en manos del paciente. Si el paciente no se toma la medicina, si no se ocupa de operarse, si no hace el ejercicio que tiene que hacer, no hay quien lo cure.

El tema de política y sociedad es muy complejo, no simplemente porque todo el mundo mete la cuchara en la sopa y recomienda un poco más de sal, más tomate, o que le faltan diez minutos. Pero hay una cosa que me molesta mucho y tengo que decirlo. Desde hace veinte años hay mucha gente que dice que Venezuela no es Cuba, que “no somos cubanos”, y que el país nunca se dejaría llegar a la condición de sometimiento y miseria que ha existido en esa isla ya casi por sesenta años. Hay que darse con una piedra en los dientes y agradecerle a dios que no somos cubanos. El régimen cubano está donde está porque asesinó a la oposición cuando asumió el poder. “Paredón” era el lema. Fusilados, ahogados, asesinados en cárceles, la oposición cubana ha sacrificado su vida, el uno por ciento de la población asesinada directamente por el régimen. El diez por ciento de la población expulsada del país. Una proporción de presos mayor que durante el apogeo del Gulag soviético bajo Stalin. Gracias a dios, no somos cubanos, y ese pueblo sufrido, su exilio y sus líderes opositores merecen nuestro apoyo y respeto incondicional.

La coyuntura en Venezuela es distinta. Desde hace veinte años existen CNN, medios masivos e independientes de información, el fin de la guerra fría y el colapso soviético; existen hoy día las redes sociales, los teléfonos inteligentes, las comunicaciones instantáneas. Todo esto ha contribuido a que la masacre cubana no se repitiera en Venezuela tan crudamente como ocurrió en esa isla. Pero por lo mismo, no ha sido clara la oposición a lo que desde un primer momento, para los que querían verlo, devendría en un régimen totalitario represivo conducente a la miseria de la población tal como, o peor, que la cubana. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni paciente que se cure si no toma la medicina.

El llamado a crear un gobierno paralelo es difícil. Es difícil porque instalar un gobierno paralelo es hacer una declaración de guerra civil: dos gobiernos disputándose un mismo territorio. La responsabilidad de llamar a la guerra no debe tomarse a la ligera, y los líderes opositores están conscientes de ello. Sin embargo, y tomándose sus atribuciones constitucionales, deben tomar pasos cautelosos para crear ese gobierno paralelo. En primera instancia, finalmente nombraron un tribunal supremo de justicia. Predeciblemente, y bajo la tesis de guerra civil, las personas nombradas fueron inmediatamente perseguidas por el régimen. Ciertamente, y a sabiendas de que ocurrirá lo mismo, deben nombrarse nuevas autoridades para el Consejo Nacional Electoral. Las elecciones del domingo pasado hacen ilegítimo al CNE actual, y las nuevas autoridades deben asumir sus cargos, así sea in-absesntia y convocar elecciones generales. La comunidad internacional debe estar claramente informada de la situación legal y constitucional para apoyar esa convocatoria. Nuevamente, es probable que esas elecciones no se puedan llevar a cabo, pero representa un elevado nivel de presión contra el régimen que quiere pintarse de constitucionalista y democrático.

Finalmente, hay que negociar y dialogar.  No con los delincuentes en el poder, sino con los institucionalistas que, como dice Maria Corina, si los hay. Los hay dentro de las Fuerzas Armadas, y los hay dentro del oficialismo. Hay que encontrarlos, tragar duro, taparse la nariz y negociar con ellos. Pero el diálogo y la negociación no se limitan al territorio nacional. Hay que reconocer que Venezuela es una colonia cubana, por lo cual hay que negociar con la sede del imperio cubano. No hay solución posible en Venezuela que no pase por Cuba, que ve en los recursos de Venezuela su oxígeno para mantenerse—y no va a dejar que le corten ese oxígeno calladamente. La mediación de países como México y Colombia en este sentido debe ser solicitada y aceptada.

¿Que qué va a suceder? No lo sé. Lo que sí sé es que el asomo de guerra civil a partir de una rebelión popular es cada vez más real—salvo que la oposición no tiene balas suficientes. La masacre resultante sería aterradora. Se dice que el liderazgo de la MUD es timorato, cobarde, vendido. En algunos casos pareciera ser así. Pero nadie puede desear una masacre de venezolanos contra venezolanos y las pasiones pueden fácilmente desbordarse y hacer que se cometan errores. Errores que les cuesten la vida, los recursos y el futuro a demasiados compatriotas, al mismo tiempo que ocurra una probable eventual intervención militar extranjera con efectos y desenlaces imprevisibles.

Muchas gracias.

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Publicado por Carlos J. Rangel el domingo 22 de octubre, 2017