Elecciones sin Democracia: César Vidal entrevista a Carlos Sánchez Berzaín

Carlos Sánchez Berzaín ha sido acusado por Evo Morales de "liderar la oposición" desde su exilio en el sur de la Florida. César Vidal, escritor, historiador y periodista, entrevista a Sánchez Berzaín para el diario español La Razón, con el propósito de entender cómo Morales se perpetúa en el poder a través de la manipulación electoral.

Carlos Sánchez Berzaín es un político curtido. ministro en cinco ocasiones, congresista y pre-candidato presidencial, no ha abandonado el servicio político, una circunstancia que ha terminado provocando su asilo político en el extranjero. En la actualidad, desde el exilio, en su calidad de director del Interamerican Institute for Democracy, continúa a día de hoy su lucha en favor de la democracia para el pueblo de Bolivia.

​- ¿Qué se siente cuándo el presidente del país lo moteja como el jefe de la oposición
Me siento ante una maniobra de Evo Morales que pretende dividir a la oposición. Ahora la oposición no necesita jefes sino unidad.
– ¿Son estas elecciones una posibilidad para la oposición?
Las elecciones señaladas para el 12 de octubre próximo son “elecciones sin democracia”. Constituyen únicamente una “puesta en escena”, un proceso de simulación democrática.
– ¿A qué se refiere cuando habla de simulación democrática?
No hay ninguna duda de que esta “puesta en escena” va a concluir con la reelección de Evo Morales, quien incluso ha señalado el porcentaje de votos con que va a ganar. Según la Carta democrática interamericana de 2001, las elecciones requieren respeto a los derechos humanos y libertades, estado de derecho, pluralismo político, limpieza electoral y separación de poderes. Ni uno solo de estos requisitos se da en la Bolivia de Evo Morales.
– No deseo caer en la ironía, pero ¿cómo puede saber Evo Morales el porcentaje con que triunfará en unas elecciones que no se han celebrado?
– Lo sabe porque necesita dos tercios para gobernar como un dictador y eso es lo que va a obtener. Los candidatos de la oposición son candidatos intimidados y su acción esta reducida a lo que Morales quiere. Ahora mismo hay más de un millar de exiliados en países como Brasil, España, Estados Unidos, Perú o Paraguay y de entre ellos una docena podrían ser candidatos.
– ¿Se refiere usted a personajes como Reyes Villa, Sánchez Losada, Cosío o usted mismo?
Sí, sólo por citar unos cuantos.
– En otras palabras, las elecciones son una farsa…
Por supuesto. En las elecciones de Bolivia no existe ninguna condición para que este proceso sea reconocido como democrático. Un proceso electoral es democrático sólo cuando es “libre”, “justo y “basado en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo”. Así lo establece la Carta Democrática Interamericana y la misma legislación electoral boliviana.
– Quiere usted decir que la campaña electoral no ha sido libre?
Por supuesto que no. ¿Cómo van a ser libres unas elecciones donde los candidatos potenciales son perseguidos o inhabilitados, se los arroja en prisión o se ven obligados al exilio? Bolivia es un país con presos políticos y exiliados políticos, su política está judicializada y criminalizada. Con esas condiciones, no se puede pretender que hay democracia. En realidad, las elecciones sólo se celebran para mantener indefinidamente en el poder a Evo Morales.
– ¿Cuál es el respaldo real del que goza Evo Morales?
Su apoyo real está formado por los productores de coca del trópico de Cochabamba, los movimientos del alto de la Paz y subvencionados. No pasa de un tercio de los votantes.
– No es mucho, pero en algunos países europeos se gobierna con un porcentaje no muy diferente…
La diferencia está en que Bolivia tiene un sistema presidencialista y no parlamentario y que además Morales pone en aplicación el denominado “voto comunitario” que consiste en la coacción pública para que poblaciones enteras o barrios voten íntegramente por él, amenazando previamente con dar latigazos a quienes voten por la oposición. Así lo han hecho públicamente el diputado Gallego y los candidatos del gobierno. Eso sin contar con otras ilegalidades.
– ¿Más ilegalidades que la coacción física?
Sí. Por ejemplo, la Constitución boliviana prohíbe expresamente más de dos mandatos al presidente de la República. Es cierto que ese texto ha sido sustituido por la denominada constitución del estado plurinacional, pero ésta tampoco los permite. Ni con su propia constitución Evo Morales puede ser candidato presidencial. Sin embargo, forzó una resolución del tribunal constitucional – cuyos miembros han sido designados por él – que afirmaba que la primera elección de Evo Morales no contaba porque era anterior al llamado Estado Plurinacional. Así, la elección del 2014 sería la primera. El magistrado Cusi, miembro no firmante de esta resolución, señaló la nulidad del fallo al ser ilegal.
– ¿Qué posibilidades ha tenido la oposición en la campaña?
Nulas. Evo Morales tiene a su servicio todo el aparato, obras, publicidad, vehículos, aviones y medios del estado y lleva haciendo campaña ya medio años. Por el contrario, la oposición sólo ha podido hacerla treinta días antes de las elecciones. Todo ello sin contar que Morales ha acusado, calumniado y enjuiciado a los opositores durante este tiempo. Además, no se puede hablar de temas como el narcotráfico, la corrupción o los exiliados políticos. Finalmente, el órgano electoral boliviano está al servicio absoluto de Evo. A decir verdad, los candidatos no son oposición sino resistencia.
– ¿Cuál es la diferencia?
Muy sencilla. La oposición en una democracia tiene la “posibilidad de acceder al poder”. Estos candidatos no tienen ninguna salvo la de, quizá, salvaguardar algunos intereses personales. La intimidación y los límites impuestos por Evo Morales impiden otra cosa.
– Pero ¿y los observadores internacionales?
Carecen de valor, porque el fraude ya está perpetrado antes de que se celebren las elecciones. Fue Ortega y Gasset el que dijo que la salud de la democracia depende de un mísero detalle técnico que es el procedimiento electoral. Eso es lo que yo invito a verificar a los observadores de la OEA, Unasur y otros organismos afines al socialismo del siglo XXI. Descubrirán entonces que en Bolivia no hay democracia.
Fuente: CésarVidal.com (Publicada en la página 40 de La Razón, 12 de octubre de 2014)