El tumulto en Gaza refleja un estado de decadencia general del mundo islamista radical

El mundo árabe se encuentra en medio de una lucha interna muy seria por su esencia e identidad.

Durante las últimas seis semanas, Hamas ha organizado protestas bajo el lema “La marcha del retorno”. Las protestas se presentaron al mundo como manifestaciones pacíficas. Al comienzo las manifestaciones parecían normales. Pero a medida que se iban desarrollando, los operativos de Hamas comenzaban a instar a los manifestantes a quebrar la barrera fronteriza que separa a Gaza e Israel. Luego, procedían a instruir a sus entrenados terroristas para que usen armas de fuego contra los soldados israelíes y a que remonten cometas inflamables con el objetivo de quemar terrenos en el lado israelí.

La razón de “La marcha del retorno” es desencadenar una reacción israelí que conduzca a la muerte de palestinos. Tal evento provocaría una reacción de ira en las calles palestinas y árabes y además el mundo reaccionaría con indignación.

Sin embargo, esta vez podría haber una razón más profunda por la cual Hamas comenzó su provocación.

El mundo árabe se encuentra en medio de una lucha interna muy seria por su esencia e identidad. La primavera árabe ha comenzado paulatinamente a cambiar el contrato social entre el pueblo árabe y sus gobernantes. Los estados árabes ahora se están viendo más obligados a tener en cuenta el bienestar y los deseos de sus ciudadanos, pese al ausencia de democracia formal en la mayoría de los países. Los estados árabes en su afán de evitar una rebelión masiva intentan responder a algunos problemas internos apremiantes. Durante décadas, los regímenes autoritarios árabes y los fanáticos religiosos usaron a Israel como chivo expiatorio, como un enemigo externo y como una amenaza para el mundo árabe y musulmán. Esto ya no se vende tan fácilmente al público árabe hoy. Los árabes pueden no tener buen concepto de Israel, pero Israel no parece ser su prioridad. Como me dijo un joven intelectual árabe: “El problema palestino no es nuestro problema Nos preocupamos por nosotros mismos y nuestra futura prosperidad “.

En estos momentos el mundo árabe aspira a una mejora económica, a la restauración de la seguridad, a reducir los altos niveles de analfabetismo y a asegurar un mejor futuro para sus hijos. Por lo tanto, los extremistas radicales islámicos y los grupos violentos, aunque habían tratado de capitalizar el caos generado por la primavera árabe con el fin de obtener poder político, hasta ahora no han logrado lo que deseaban ni lo que esperaban. En Egipto, la Hermandad Musulmana fue depuesta con el beneplácito de la mayoría de los partidos y grupos egipcios. El gobierno de Abdel Fattah El Sisi que depuso a la Hermandad Musulmana en el año 2013 es ciertamente autoritario. Sin embargo, según varios intelectuales árabes con quienes hablé recientemente, El Sisi goza del apoyo de la sociedad egipcios porque durante el año en que la Hermandad Musulmana gobernó Egipto, el país cayó en un estado de caos, inseguridad y desorden. Además, agregó que los egipcios están observando lo que está sucediendo en otros países de la región como Siria, Libia y Yemen, donde las guerras civiles continúan teniendo efectos devastadores. Así, El Sisa es visto como la persona que ha logrado mantener la unidad del país y restaurar el orden. Mis interlocutores árabes afirman que la gente teme profundamente a los islamistas y fanáticos religiosos. Esto tiene sentido.

En Túnez, el partido islamista conocido como “Enhanda” comprendió que los tunecinos no estaban dispuestos a vivir el tipo de vida que proponían los islamistas. Por lo tanto, Enhanda se transformó en un partido que intenta adaptarse a lo que sus ciudadanos realmente demandan, que es la libertad de un gobierno tiránico y mejores condiciones. Así Enhanda adoptó una posición pragmática y aceptó además transferir el poder cuando fue derrotado en las elecciones. Además, el líder del partido, Rachid Ghanouchi, rechazó abierta y públicamente el tipo de régimen coercitivo y totalitario al estilo Irán o Talibán. Del mismo modo, las atrocidades cometidas por ISIS en Siria e Iraq y el hecho de que ISIS gobernó parte de estos territorios, dieron una prueba viviente de lo que es vivir bajo un régimen islámico radical.

Como me dijo uno de los intelectuales árabes, hablé con “¿Cómo es que estas organizaciones que representan el extremismo religioso llevan carteles que piden la muerte a Estados Unidos e Israel, pero nosotros, los árabes, somos los únicos que morimos”? Si bien, el islam radical aún no ha sido derrotado se encuentra en este momento en retirada tanto militar como política. ISIS está siendo derrotado en el Levante. Irán se encuentra económicamente presionado y se ha visto obligado a suplicar a los europeos que mantengan el acuerdo nuclear que es vital para su supervivencia económica. Además, los recientes enfrentamientos entre Irán e Israel en Siria que condujeron a la destrucción de la infraestructura militar iraní en Siria han puesto a la Republica Islámica y a sus soldados en una situación de debilidad y vulnerabilidad.

Por lo tanto, actos ostentosos de Hamas como la “Marcha del Retorno” tenían como objetivo servir no solo al radicalismo palestino sino al radicalismo islámico en general. Hamas se ve a sí mismo como parte de un movimiento Pan-Islamista más grande. Es una rama de la Hermandad Musulmana Egipcia, y cuenta con el apoyo de Irán, Qatar y, Turquía. Turquía, que alguna vez fue presentada como un modelo de islam democrático (incluso por nuestro propio ex presidente Barack Obama), hoy intenta imponer ley shaaria sobre sus ciudadanos, ha llamado a su intervención en Siria “Jihad”, e impone medidas coercitivas para promover la religión en las escuelas públicas. Además, facilitó las actividades de ISIS al lanzar una guerra contra los grupos kurdos que estaban luchando contra el Estado Islámico y al dejarlos usar su territorio para vender su petróleo. En su retórica, Turquía es tan hostil a Israel y al pueblo judío como cualquier grupo radical islamista e Irán, y actualmente es un partidario clave de Hamas. Las acciones de Hamas no tienen que ver con la libertad de los palestinos, el sitio de la Embajada de Estados Unidos o el bloqueo israelí. Se trata de la agenda radical islámica, palestina y más allá, que busca un nuevo impulso en medio del fracaso y del aislamiento.

Publicado en inglés por Center for Security Policy el jueves 17 de mayo, 2018

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