El dilema de la educación en países en vías de desarrollo ante el COVID-19

El internet dejó de ser percibido como un privilegio y se convirtió en un derecho ciudadano. Similar a tener acceso al agua potable, al alcantarillado, a la energía eléctrica, a la telefonía. Pero no un internet cualquiera.
Rodrigo Arboleda

El Corona Virus cambió muchos aspectos de nuestra vida cuotidiana. Dos de los más importantes se relacionan con trabajo a distancia y educación a distancia. Hemos visto como Zoom.com en diciembre tenía 10 millones de entradas por día y pasó a 200 millones de entradas en Marzo. Estas dos tendencias seguirán siendo parte de la vida cuotidiana por mucho más tiempo de lo que la gente cree. Dos aspectos tecnológicos se convierten en temas fundamentales.

El primero, que el internet dejó de ser percibido como un privilegio y se convirtió en un derecho ciudadano. Similar a tener acceso al agua potable, al alcantarillado, a la energía eléctrica, a la telefonía. Pero no un internet cualquiera.

Si queremos visualizar este tema, podemos pensar en autopistas llamadas 4G actualmente en construcción. Como mínimo son de 4 carriles, con pendientes suaves para que grandes camiones con contendedores de carga puedan subir eficientemente, pocas curvas y estás con radios de curvatura amplísimos. Fuera de esto, construyendo puentes, viaductos y túneles para poder cumplir con estos otros requisitos.

Pensemos entonces en la próxima generación, las autopistas 5G. Lo que pasa es que estas autopistas no serán de asfalto, no tendrán túneles ni viaductos, ni puentes enormes. Es más, ni siquiera las vamos a ver. Serán autopistas virtuales. Serán el internet a velocidades medidas en gigabits por segundo (Gbps) y no en megabits por segundo (Mbps). La unidad llamada un “bit” o impulso, reemplazará a la otra llamada “átomo”. Mover átomos implica esfuerzos físicos enormes. Mover “bits” tiene un costo marginal cero, es inmediato y por ende eficiente.

No podrá haber latencia (demora) en la señal. Un médico que tenga que operar a distancia a un paciente no puede darse el lujo de esperar ni siquiera una décima de segundo porque puede significar la muerte del paciente.

Dentro de 10-15 años los vehículos autónomos eléctricos tendrán que procesar miles de impulsos y sus sensores responder en tiempo real al los automóviles y peatones, animales, u obstáculos repentinos. Esto, igualmente en tiempo real. Esa es la razón fundamental.

El segundo, relacionado con el estudio, sacó a la luz una terrible consecuencia de la pandemia. Millones de chicos(as) en los países en vías de desarrollo no pudieron asistir a clases durante estos últimos 4 meses por no tener internet y por no tener un dispositivo llamado laptop, tableta o tan siquiera un teléfono inteligente. Este equipamiento se convierte igualmente, en el caso de los estudiantes, ya no en un privilegio, sino en un derecho ciudadano. Este ultimo punto fue el que tratamos de resolver con el proyecto Una Computadora Por Niño (One Laptop Per Child). Entregamos 3 millones. Necesitamos entregar mil millones a nivel mundial. Las consecuencias negativas para la sociedad en materia de equidad serán funestas. Ni para que hablar en términos de competitividad.

Estos dos temas deberían hacer parte de una política publica de vanguardia. De lo contrario nuestros países no podrán aspirar a hacer parte efectiva del Siglo XXI.

Rodrigo Arboleda