De la PAX americana la Era Americana

Beatrice E. Rangel

Muchos son los pronósticos sobre la inminente caída del imperio americano, pero pocas son evidencias de que esto sea una contingencia inminente o probable.

Quienes así opinan señalan como pruebas irrefutables del declive americano la perdida de valor del dólar; la reducción de la participación económica de Estados Unidos en la economía global que de 1945 a 2019 paso del 45% al 23% y finalmente señalan que Estados Unidos ha perdido terreno en el ciberespacio y en el espacio sideral avanzando en esas dimensiones China y Rusia. La realidad sin embargo pareciera contradecir estas afirmaciones ya que el 60% de todas las transacciones del mundo se hacen en dólares; si solo tomamos en cuenta la dimensión digital de la economía Estados Unidos representa el 80% de lo que se denomina la economía digital mundial que en el 2018 alcanzo los $13.2 millones de millones (trillones en USA) y se espera que para el 2023 alcance los $53.3 millones de millones o la mitad del PIB nominal del mundo1.

En consecuencia, no estamos a las puertas de un colapso rápido o paulatino de la economía de Estados Unidos. Lo que si estamos viviendo es el comienzo de una era distinta a la que conocimos los nativos del siglo XX. Entonces había una potencia europea indiscutible que era Inglaterra, una economía ascendente que era la norteamericana, una potencia política ascendente con signo ideológico opuesto a la democracia liberal y al capitalismo que era la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y un sinfín de islas de desarrollo dentro de democracias liberales en el continente europeo.

Ahora se inicia una era en la que habrá dos potencias económicas con marcadas interdependencias. Una es la sede de la democracia liberal mas vibrante del mundo y la otra de un sistema que no deja de secuestrar la libertad individual y pisotear los derechos humanos de sus ciudadanos, pero fomenta el desarrollo económico que es China. Alrededor de esas dos potencias habrá potencias menores. Europa, muy a su pesar, continuara orbitando alrededor de los Estados Unidos mientras muchas naciones de Asia lo harán alrededor de China. Rusia será una potencia menor harto-peligrosa para todo el concierto internacional por poseer armas nucleares.

La interdependencia económica entre China y Estados Unidos va a forzar la formación de regiones integradas de libre comercio. Y es allí donde reside la gran oportunidad de América Latina. Porque una zona de libre comercio que cubra todo el hemisferio occidental lograría romper la chaqueta de fuerza medieval que impide la liberación de las fuerzas económicas de la región. Esto es esencial para alcanzar el desarrollo y para sentar las bases de democracias liberales. Para darse cuenta de esto basta con echar un vistazo a México, país que a partir del tratado de libre comercio con Estados Unidos vio su economía pasar de US 360,096 millones a US $ 1.269 millones de millones3 mientras su sistema político comenzó un proceso de apertura y de política competitiva que el actual mandatario no ha podido destruir pese a sus diarios intentos. Este proceso ocurrirá con o sin la participación de las elites latinoamericanas porque si algo caracteriza a la economía global es su poder de penetración. Porque una vez que Estados Unidos inicie en México el near shoring (creación de capacidad manufacturera cerca de casa) las economías tributarias de Centro América serán atraídas hacia ese centro de gravitación. Panamá y las naciones de la costa pacífica de Sur América seguirán el mismo camino. Quizás las ultimas economías en gravitar hacia este polo de desarrollo sean las de Brasil y Argentina. Pero dentro de 50 años la tracción seguro que será irresistible. Y muy a su pesar serán parte integral de la Era Americana.

1. Fuente: https://www.statista.com/statistics/1134766/nominal-gdp-driven-by-digitally-transformed-enterprises/

2. Fuente: World Bank

*Beatrice Rangel es Internacionalista; Maestría en desarrollo económico, integrante del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».