¿Cuál será la próxima guerra energética?

Beatrice E. Rangel.

Mientras todos lloramos la espantosa destrucción de Ucrania, los gnomos de la guerra se preparan para iniciar otro conflicto y este quizás tenga como teatro Sur América.

Y aun cuando muchos lo duden, la evidencia empírica señala a la lucha por el control de recursos energéticos como el meollo de una serie de guerras que hemos visto con distancia. Estas incluyen la Guerra entre Irán e Irak (1980-1988); La Guerra del Golfo the (1990-199), y la Guerra Civil de Sudan (1983-2005).

Si aceptamos que vivimos en un mundo donde el corazón económico es la energía comprenderemos que el control sobre los recursos de petróleo y gas (y sus medios de distribución) confiere primacía geopolítica a quienes lo tienen mientras crean vulnerabilidad económica en quienes carecen de ellos. Debido a que muchos países dependen de las importaciones de energía, las naciones con excedentes para exportar ejercen una influencia desproporcionada en el escenario mundial.

La actual crisis en Ucrania se inició en el 2013 cuando el entonces presidente Viktor Yanukovych le dio la espalda a un acuerdo de cooperación con la Unión Europea prefiriendo acercarse a Rusia. El rechazo de la sociedad civil no se hizo esperar y Yanukovich termino en Moscú. Moscú comprendió, en ese momento, que la colocación de sus recursos energéticos en mercados europeos depende de Ucrania. Ucrania no posee grandes reservas de gas y petróleo, pero es un país de tránsito clave para el petróleo y el gas ruso. Moscú tomó entonces dos providencias. invadió Crimea para garantizar el tránsito de sus tanqueros petroleros hacia sus mercados de destino. En segundo lugar, hizo un pacto con Alemania para construir un gasoducto que hará fluir el gas directamente a Alemania. Dado que Europa obtiene el 30% del gas que consume de Rusia y que más o menos la mitad es transportado por gasoductos que atraviesan Ucrania Moscú comenzó a urdir el plan de la invasión que hoy todos sufrimos.

Las medidas adoptadas por Europa, Estados Unidos y Japón ante este abuso van a tener como consecuencia una crisis energética similar en su impacto sobre la economía mundial al embargo petrolero árabe de 1973. Porque si bien es cierto que el petróleo no está sometido a sanciones, las transacciones financieras que lo hacen llegar a sus mercados de destino si lo están. Las sanciones financieras no permiten emitir ninguno de los instrumentos que se requieren para llenar un tanquero petrolero y hacerlo zarpar hacia sus mercados. Tampoco pueden recibir los compradores pago en ninguna otra moneda que no sean rublos. Y los rublos no se pueden cambiar en ninguna parte del mundo al estar el Banco Central Ruso sometido a sanciones. De allí que JP Morgan considere que aproximadamente el 66% del petróleo ruso esta buscando desesperadamente compradores y que su salida del mercado pueda llevar los precios del barril de crudo a $ 185 este año.

Mientras tanto, en nuestro rincón del mundo hay un país llamado Venezuela, aliado de Rusia y dueño del 12% de las reservas totales de petróleo del mundo. Está gobernado por una variedad de termitas que se las han ingeniado para destruir la industria petrolera. Pero ante las sanciones de Occidente contra Rusia y la incapacidad de los venezolanos de echar a andar su industria petrolera, la tentación es fuerte para Rusia de intentar colocar su petróleo via Venezuela.

Y esto bien podría ser una invitación a los aliados de Occidente para intervenir. Algo realmente preocupante porque el Sr Putin no parece tener mucha temperancia.

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