Colombia: Ivan Duque ganó la elección, pero el apoyo que logró Petro genera intranquilidad para el futuro de Colombia y la región

Si los grupos asociados con Kirchner y con el gobierno uruguayo han forjado alianzas con elementos tan radicales como Irán, es razonable suponer que Petro bien podría ser cortejado por Irán.

La victoria de Ivan Duque en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia es ciertamente una buena noticia. Duque es un seguidor del ex presidente Álvaro Uribe quien ha tomado una posición fuerte en oposición al gobierno venezolano, tiene fuertes credenciales democráticas y una visión moral que le permitirá a Colombia continuar siendo una fuerza estabilizadora en una región que aún no ha rechazado a los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua.Si bien la victoria de Duque fue contundente, los resultados podrían tener consecuencias altamente problemáticas.

Me refiero al hecho de que el oponente de Duque, Gustavo Petro, logró obtener 8 millones de votos, lo que equivale al 46% de los votos. Esto es innegablemente un serio avance para la oposición pese a su derrota numérica. Este resultado le da un impulso a la oposición tal cual Petro dejó muy claro en su discurso de concesión.

Según las declaraciones de Petro, la oposición adoptará una actitud muy fuerte y tratará de ejercer la mayor influencia posible en el ámbito nacional. Por supuesto, en una democracia, esto suena perfectamente legítimo. Sin embargo, es importante destacar una serie de puntos.

Petro construyó su campaña electoral sobre una plataforma que incluyó varios temas como la justicia social, el medio ambiente, el desarrollo económico y la necesidad de erradicar la corrupción. Sin embargo, no logró disipar su imagen como un hombre de la izquierda radical. Petro expresó algunas opiniones ambiguas que generan sospecha y preocupación.

Petro afirmó con razón que el gobierno de Nicolás Maduro es una dictadura, pero vindicó al gobierno de Hugo Chávez. Petro desenmascaró su posición que es similar a las de aquellos chavistas que todavía creen que el gobierno de Chávez era diferente del de Maduro ignorando que Maduro no es más que un producto del chavismo. Considerando que, bajo el gobierno de Chávez, el tráfico de drogas, las alianzas con grupos terroristas, el encarcelamiento y la expulsión de opositores, la subyugación del poder legislativo y judicial, las expropiaciones masivas y los éxodos en masa ya estaban a la orden del día. Si bien es cierto que las circunstancias se volvieron más difíciles bajo Maduro, las semillas fueron plantadas y establecidas por Chávez.

Además, durante la primera ronda de elecciones presidenciales, Petro apoyó la instalación de una Asamblea Constituyente, que es el primer paso que dieron Venezuela, Bolivia y Ecuador para perpetuar sus revoluciones autoritarias y corromper sus instituciones democráticas. Petro abandonó esta idea durante la segunda ronda de elecciones presidenciales para asegurar el apoyo de los miembros más moderados de centro izquierda de la amplia coalición que él logró formar con gran habilidad. Petro también expresó su apoyo a los acuerdos de paz firmados con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). (Duque si bien no pidió la abolición de los acuerdos, demanda una revisión de los mismos).El discurso de concesión de Petro tenía algunos matices. Petro señaló que “la oposición no permitirá que el gobierno tome un camino que pueda destruir los cimientos de nuestra sociedad, sus niños y su juventud. Somos una nueva fuerza avalada por 8 millones de votos. No siento que estoy derrotado. … Esto es parte de una lucha que hemos estado llevando a cabo durante décadas. Somos una alternativa al poder. No podemos ser parte de la continuidad de Colombia “.

Aunque Petro reconoció la victoria de Duque, llamó al presidente electo a romper con su mentor Álvaro Uribe porque este último representa un anacronismo. Agregó que “los 8 millones de ciudadanos que votaron por mí no nos permitirán retornar a un estado de guerra”. “No permitiremos que nuestros jóvenes vuelvan a la guerra y la violencia ” dijo Petro en alusión a la posibilidad de anular los acuerdos con las FARC.

La razón por la cual Petro perdió en las elecciones es precisamente porque las FARC no han podido convencer al público colombiano de que respetarían el acuerdo. Uno de los negociadores jefes de las FARC fue encontrado traficando cocaína y la gente resiente el hecho que las FARC gocen de representación en el Congreso sin que ninguno de sus miembros haya sido elegido democráticamente por ciudadanos colombianos.

Los comentarios de Petro son la punta del iceberg de un problema más profundo. Petro es un ex miembro del grupo guerrillero. El grupo entró a la política en 1990 después de abandonar sus armas y firmar un acuerdo con el gobierno colombiano. Sin embargo, Petro ahora está dando señales de que es una figura que promueve polarización y no conciliación. Parecería que la amplia y diversa coalición de fuerzas progresistas que votaron por él le ha dado una sensación de poder para adoptar una posición más ideológica preocupante. Parecería confirmarse que Petro está más cerca de La Habana y Caracas de lo que esté dispuesto a admitir. Petro, quien también fue alcalde de Bogotá, fue denunciado por sus propios seguidores por tener un estilo de gestión autocrático y por su intolerancia hacia opiniones que difieren de las suyas. Además, se ha rodeado de aduladores más que de pensadores.

Pero hay un mayor peligro potencial.

En una entrevista reciente con Frank Gaffney, hablé sobre el radicalismo expresado por elementos izquierdistas ahora en la oposición. Los seguidores de la ex presidenta argentina Cristina Kirchner no solo continúan apoyando a los regímenes de Maduro y Cuba, sino que también mantienen relaciones con Irán. Más recientemente, un grupo pro Kirchner, La Cámpora, amenazó a futbolistas argentinos que estaban listos para viajar a Israel para jugar un juego amistoso con la selección nacional de Israel. Estas amenazas llevaron a la selección nacional a cancelar el partido.

Kirchner llegó a un acuerdo con Irán mientras estaba en el cargo, en un esfuerzo por eliminar de la lista de requeridos por Interpol a un número importante de miembros de la Guardia Revolucionaria iraní implicados en dos grandes ataques terroristas en Argentina. Por sus intentos de proteger a los asesinos iraníes, Kirchner junto con su ex ministro de Asuntos Exteriores y otras personas asociadas con ella están siendo procesados ​​en un Tribunal Federal por encubrimiento, obstrucción de funciones y abuso de poder.

El gobierno de izquierda de Uruguay también se negó a condenar al régimen de Maduro y a unirse a las voces que exigían respeto por los derechos humanos en Venezuela y la restauración de la democracia. Más recientemente, Graciela Bianchi, una diputada uruguaya de la oposición, afirmó que elementos importantes en el gobierno asociados con el ex presidente uruguayo José Mujica (particularmente los pertenecientes al antiguo grupo guerrillero conocido como “Tupamaros”) reciben dinero de Irán. Curiosamente, cuando Petro fue acusado de ser chavista, desestimó esa acusación afirmando que estaba más cerca de Mujica. Aunque Mujica no destruyó la democracia como lo hicieron Chávez y Maduro, creó una cultura donde Castro y Chávez fueron admirados, donde Maduro recibió un pase a pesar de sus violaciones de los derechos humanos, y donde se fomentó el antiamericanismo y la amistad con Irán.

La diputada Bianchi es precisamente un ex miembro del partido de izquierda Frente Amplio. Ella se alejó de este partido cinco años atrás y tiene mucha familiaridad con el funcionamiento interno del Frente Amplio que ha gobernado el país en los últimos 13 anos. Bianchi señaló que miembros de Hezbolá viven en Uruguay y mantienen fuertes contactos con el gobierno uruguayo.

Irán, obviamente, ve a la izquierda latinoamericana como un aliado y es probable que amplíe estas relaciones. La izquierda latinoamericana no se ha convertido en una verdadera fuerza moderada que aboga por cuestiones sociales específicas a la vez que da prioridad a la democracia y el estado de derecho. La izquierda latinoamericana, radical y moderada, no son democracias sociales reales al estilo europeo y sospecho que Gustavo Petro no es la excepción tampoco.

Si los grupos asociados con Kirchner y con el gobierno uruguayo han forjado alianzas con elementos tan radicales como Irán, es razonable suponer que Petro bien podría ser cortejado por Irán. A través de estas relaciones, Irán busca aumentar su influencia política en la región.

Irán ya formó una fuerte alianza militar y política con los países de la Alianza Bolivariana (ALBA). Irán definitivamente podría penetrar Colombia fortaleciendo las relaciones con la oposición. Esto podría hacer que la influencia política de Irán en el país sea más importante. Si esa influencia viene con apoyo financiero, como la congresista uruguaya Bianchi afirma que es el caso con los sectores políticos en Argentina y Uruguay, la situación podría ser muy preocupante.

En este punto, no tengo evidencia de que Petro esté coqueteando con los iraníes, pero después de todo él es un ex líder guerrillero y su discurso es combativo. Eso lo convierte en un objetivo potencial para los iraníes que han visto a Colombia como una fuente potencial de dinero de la cocaína y fuente de posición al régimen venezolano y al ALBA.

La larga votación que Petro logró podría afectar a la región. Petro no solo ha evitado hablar sobre la crisis venezolana, sino que también ha definido la tragedia de ese país como “una distracción de los problemas reales de Colombia”.

Actualmente, la crisis venezolana no es el único desafío al que se enfrenta América Latina. Nicaragua enfrenta una crisis que ha provocado más de 150 muertes con altos niveles de violencia gubernamental. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se niega a renunciar a pesar de que el régimen ya no es legítimo. Petro no expresó públicamente su apoyo a Ortega, pero tampoco habló de la crisis nicaragüense. La posición alrededor de Ortega, es también otra prueba para la izquierda latinoamericana. La medida en que los líderes de América Latina impulsen la restauración de la democracia determinará el futuro de la democracia y la estabilidad en la región.

Petro ha logrado reunir el apoyo de una amplia coalición que ahora intenta mantener.

Hay razones para celebrar la victoria de Duque en Colombia, pero hay también motivos que generan preocupación. De hecho, Petro bien podría ganar las próximas elecciones presidenciales en Colombia. Todo lo que se necesita para cambiar el mapa político es que Colombia enfrente una crisis económica o el descontento público con el desempeño del gobierno de Iván Duque. Lo más probable es que el público no piense en nada más allá de sus necesidades inmediatas.

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