Chile y el día después

Ricardo Israel

Las encuestas dieron en el blanco y Gabriel Boric se convirtió en el nuevo presidente de Chile. Ganó con claridad, con mayor holgura de lo esperado y con una participación superior a elecciones anteriores, por lo que la legitimidad no está en duda, y en la tradición electoral chilena antes de dos horas de cerradas las urnas ya se sabía el resultado, y había sido reconocida la victoria por Kast.

Triunfara quien triunfara le esperaba una situación complicada, tanto en lo económico como en lo político, y con un país muy fracturado en lo social, eso sí con la duda de si la polarización es de los ciudadanos o solo de la élite, de la política o de la vida cotidiana. El escenario de los próximos años dificultaba a cualquiera recuperar la senda del desarrollo.

Mas que en un túnel Chile está en una encrucijada donde la decisión que tomen todos los actores es si doblan hacia el lado de la confrontación o hacia el de la negociación. Y desde el momento que existe un doble poder paralelo, despejar la interrogante dependerá también de cómo evolucione a esta nueva realidad la convención constitucional que va a recibir esta buena noticia, pero que al mismo tiempo cuenta con una apreciable cantidad de constituyentes a la izquierda de Boric. Hoy parece muy alejada la posibilidad de generar un nuevo pacto de futuro alrededor de la nueva constitución, ya que parece predominar la idea de la total derrota de los adversarios vistos como enemigos, de la refundación o reinvención del país por sobre la de Chile como la casa de todos.

En distintos momentos el electorado ha producido resultados dispares, ya que entre los constituyentes le dio poder a los antisistema, hace un mes generó un Congreso casi empatado y ahora le dio a Boric un triunfo muy convincente.

El escenario de confrontación puede ser atractivo para algunos, pero dificulta enormemente el cumplimiento de las promesas electorales como también la generación de los recursos necesario para financiar el gasto social que indudablemente quiere la mayoría de los electores. Además, el camino de la confrontación hace muy difícil la gobernabilidad y entorpece las relaciones con poderes autónomos tales como el Judicial, la Contraloría o mientras no exista una nueva constitución, el Tribunal Constitucional.

El camino de la negociación afecta todo lo que ha estado diciendo el hoy triunfador Frente Amplio desde su creación, en términos de su superioridad moral sobre todo lo hecho en la transición y reivindicaría a políticos muy criticados por ellos como Ricardo Lagos y también Patricio Aylwin, autor de una frase que definió toda una época, la de que las decisiones debían ser tomadas en “la medida de lo posible”, marcando los límites fijados por la búsqueda de consensos con otras fuerzas, la responsabilidad fiscal y la prudencia política. Es decir, la realidad percibida marcaba los límites de lo que era posible.

Pero al mismo tiempo, ¿cómo se cumple con lo ofrecido si es que al mismo tiempo no se buscan acuerdos?. Como este tango se baila al menos entre dos, la respuesta depende de cuan permanente era la moderación y el movimiento hacia el centro de ambos (Boric y Kast), y los cambios hechos a los programas de gobierno en la segunda vuelta. No hay que olvidar que la base de ambos era insuficiente para hacer o detener cambios, desde el momento que en primera vuelta Kast obtuvo el 27, 9% y Boric el 25,8%, pero solo del 47% de los habilitados para votar.

Como Chile y congresistas de izquierda, centro y derecha demostraron haber sido inoculados por el populismo, Boric se va a encontrar también con esta situación, y en las calles deberá superar el obstáculo de la difundida idea que los recursos si existen y pueden y deben ser gastados. El problema es cómo se pasa a hacer conciencia sobre los muchos límites, sin que ello genere frustración y desencanto entre sus votantes.

Por lo demás, una situación restrictiva puede modificar las prioridades, tanto en el gobierno como entre los militantes, como por lo demás ha ocurrido en temas como medio ambiente en variados países. En otras palabras, el manejo de las expectativas es un problema grave para su futuro gobierno, sobre todo, si el discurso ha sido por años que ello no se hacía exclusivamente por la actitud negativa hacia el pueblo de quienes ahora fueron derrotados.

Aún más, un marcado deterioro económico era el escenario que esperaba a ambos, incluyendo situaciones relacionadas con la pobreza que muchos chilenos creían superadas y que las generaciones más jóvenes no conocieron como tampoco cuan subdesarrollado era el país.

Todavía en Chile son más quienes cumplen la ley y las normas, por lo que todavía predomina un cemento social. ¿Se moderarán ambos sectores? ¿Moderará el poder al Frente Amplio tal como ocurriera con la Concertación hace algunas décadas? Si es así, ¿cuánto para no desencantar a esta mayoría?

Si Chile toma el camino del diálogo y la búsqueda de acuerdos, para que no se profundice la crisis de representación, ¿se puede o se debe hacer sin el centro político? ¿Cualquier centro o uno que sienta orgullo y no culpa por sus logros, uno sin complejos?

(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona); Ph.D. (Government, University of Essex); excandidato presidencial (Chile, 2013)

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