América Latina y el mundo post-pandemia.

Y en un mundo post-pandemia todo apunta a una competencia cada vez más fuerte por inversiones y capitales como también apoyos políticos. Un escenario, donde el poder de China es cada vez más visible y donde su ofensiva competitiva hacia Estados Unidos no es muy distinta en este siglo XXI a la de ese país con Gran Bretaña en el siglo pasado.
Ricardo Israel.

Con la información que hoy disponemos, todo parece indicar que el virus no va a desaparecer y al igual que en otras ocasiones, somos los seres humanos los que vamos a tener que aprender a convivir con él, incluyendo campañas periódicas de vacunación.

También se va a necesitar adaptación a las nuevas realidades sociales, políticas y económicas, un mundo que ya está generando ganadores y perdedores, y donde todo parece indicar que como consecuencias de lo que ha pasado, América Latina figurará entre estos últimos, ya que incluso África pareciera haber tomado mejores decisiones.

Mas allá de países individuales, como región y en comparación América Latina parece retroceder. Lo refleja mejor que nadie China, quien en años anteriores ha avanzado hasta disputar y superar a Estados Unidos como el principal socio comercial de muchos países. Sin embargo, el 2020 sus principales bancos institucionales (equivalente al Banco del Desarrollo y al Banco de Importación y Exportación) estuvieron ausentes y no se comprometieron con nuevos préstamos soberanos, lo que llama la atención toda vez que según el Diálogo Interamericano desde el 2005 habían aportado sobre US$ 136 mil millones a grandes proyectos.

Más aún, China ha integrado mejor a África a la iniciativa de infraestructura más ambiciosa del mundo cual lo es la Ruta de la Seda, donde a pesar de las grandes inversiones de empresas chinas en sus países, América Latina parece ser la región que cada vez figura menos en esta gran obra.

China dirigió financiamiento a países afectados por el CV-19 para que siguieran comprando en China, pero América Latina no ha sido favorecida en comparación a otras áreas, por lo que más allá de la pandemia hay que buscar razones en decisiones tomadas en la región, es decir, opciones políticas y económicas.

Es innegable que distintos procesos electorales en Argentina, México, Perú, y otros países apuntan a una preferencia hacia alternativas que cuestionan al mercado y hacen sentir a la inversión extranjera como poco bienvenida. Y eso se hace sentir cuando los gobiernos pueden acudir a razones estratégicas para distinguir entre países, pero los inversionistas privados ven en general a toda la región como una unidad. Chile gozó de años de buen nombre para efectos de estabilidad política y crecimiento económico, pero las fuerzas partidarias de esas políticas son hoy minoritarias en el proceso constitucional que redactará las nuevas reglas del juego.

Asia en general, China en particular, Estados Unidos, islas como Australia, países pequeños como Israel parecen reinventarse, como siempre ganadores y perdedores. A través del mundo la deuda ha crecido, hay déficit fiscal y ha aumentado la pobreza, por lo que se avecina una lucha dura por recursos cada vez más escasos, en términos de apoyos políticos y acceso a los mercados de capital.

Lo que diferencia a una región de otra es hoy la actitud y las decisiones políticas y económicas de América Latina apuntan a preferir a aquellos que no creen en ese modelo de desarrollo, situación que puede afectar futuras renegociaciones de la deuda. Y aunque pueda mantenerse el interés de grandes inversionistas y la contracción económica fue tan dura que varios países van a experimentar un crecimiento en la región, la realidad puede ahuyentar inversiones y estimular la salida de capitales.

América Latina experimenta además un escenario indefinido con Estados Unidos. Salvo los temas de drogas e inmigración no parece haber mayor interés en la potencia, ni siquiera para confrontar a China. En ese sentido la Casa Blanca de Biden no difiere de la de Obama y Trump, sin embargo, la región no parece saber que hacer en este escenario. Durante muchos años se pidió que Estados Unidos no interviniera y ahora que parece predominar esta situación, no existen iniciativas desde los propios países de la región para tranquilidad del castrochavismo.

Para empresas que están en áreas que requieren grandes inversiones como minería o petróleo permanecer es siempre mas atractivo que retirarse, de ahí la importancia de la actitud de los países, sobre todo en lo que tiene que ver con el respeto a los acuerdos y reglas. Por eso también son tan notorias las decisiones y elecciones de la región que parecen diferir de las tendencias que predominan en el mundo.

Y en un mundo post-pandemia todo apunta a una competencia cada vez más fuerte por inversiones y capitales como también apoyos políticos. Un escenario, donde el poder de China es cada vez más visible y donde su ofensiva competitiva hacia Estados Unidos no es muy distinta en este siglo XXI a la de ese país con Gran Bretaña en el siglo pasado.

(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona), Doctor (Ph.D.) en Ciencia Política (Government, University of Essex), ex candidato presidencial (Chile, 2013)

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