Alemania en crisis

José Antonio Friedl Zapata

Uno de los tantos biógrafos de Angela Merkel definió su estilo político como eminentemente pragmático, oportunista, tratando de resolver los problemas de cada día en forma tal como le era conveniente a su imagen, y a mantener su poder férreamente. Efectivamente careció de una visión de futuro para su país y para Europa, careció de ideas para formular estrategias a futuro. La era Merkel ha definitivamente terminado y su legado, su imagen se va derrumbando, haciéndose añicos, justamente en estos momentos dramáticos para su país y para Europa que enfrenta lo que podríamos llamar una tormenta perfecta. Al peligro de una guerra inminente, se suma para Alemania en particular la dramática crisis de la dependencia de las fuentes energéticas de la Rusia de Putin, en casi un 60 % . A su sucesor, a su favorito, el social-demócrata Olaf Scholz no le quedó otra hoy en día que barrer con el legado de la Merkel y hacer un cambio en la estrategia futura energética y de política exterior del país en 180 grados. Pero su legado negativo no sólo se circunscribe a no haber previsto o planteado alternativas mejores para el futuro energético de su país.

Los errores cometidos en sus 16 largos años de mandato son muchos más y de trascendencia a nivel europeo, no sólo alemán. Es bien cierto que la era Merkel se caracterizó también por una estabilidad y un crecimiento económico. Para el profesor de Ciencias Políticas, Jan-Werner Müller, de la Universidad de Princeton, muchos alemanes la han considerada como como una empleada pública enormemente fiable , pero demasiado pendiente de la opinión pública.

Su relación estrecha, amistosa, de colaboración con el sátrapa ruso Vladimir Putin, es bien conocida. 26 veces se han encontrado cara a cara, siempre en un clima amistoso y de sonrisas, y Putin no dejaba de recibirla con un ramo de flores. ¿Y ahora en medio de esta crisis no hubiera sido ella, justamente, la mediadora ideal de Europa para lidiar con Putin? Pero no, calla, no interviene. Hubiera sido la persona indicada por su larga amistad con el tirano ruso, su conocimiento del Este Europeo, dado que ella se crio y estudió en la Alemania Comunista, la RDA, y domina el idioma ruso y hubiera podido dialogar cara a cara en el propio idioma del dictador. Pero no, no le conviene. Ella es en gran parte responsable de la crisis actual europea. ¿Cómo no podía prever las intenciones criminales de Putin, luego que éste invadiera a Crimea en el año 2014? Sin embargo decide entregar a su país y a Europa a la dependencia energética con Rusia al apoyar ya en ese entonces la construcción de los gasoductos Nordstream 1 y poco más tarde el gasoducto Nordstream 2 .

La situación es aún más grave si consideramos que el actual canciller Olaf Scholz ha sido un fervoroso sostenedor de estos proyectos energéticos. Pero los errores estratégicos de Alemania no sólo se centran en la responsabilidad de Merkel y de Olaf Scholz, sino también en la responsabilidad del ex Canciller Gerhard Schroeder, que ha actuado durante varios años como consejero personal de Putin en temas económicos, siendo premiado por éste con la dirección de la más grande empresa rusa de gas, la Gazprom, puesto que aún mantiene. Una verdadera vergüenza para una democracia como Alemania que actuó solo en base a ventajas económicas sin pensar con quien hacía los negocios, y sin considerar al chantaje del cual podía ser víctima en cualquier momento. ¡Qué falta de visión estratégica a futuro que ha hipotecado a la Europa democrática!

¡Qué gran tipo era Vladimir para la Merkel, para el ex canciller Schroeder y también para el actual canciller Scholz, que ahora tienen que tragarse la amarga píldora que Putin ha invadido brutalmente Ucrania y está atemorizando al mundo con un ataque nuclear! Recién ahora vienen a descubrir que es un malvado, un tirano, un matón. Pero sin ningún escrúpulo aprovecharon esta relación para hacer a la economía alemana la gran potencia de Europa, eso sí, dependiente del Kremlin. Durante los últimos años de su mandato, para poder seguir gobernando, la Merkel cedió a las fuerzas de la izquierda ideológica de su país, reunida en torno al Partido Verde, Die Grünen, y fue así que le cortó a su país la posibilidad de independizarse, aunque sea tan sólo en parte, en el tema energético. Desmanteló la energía nuclear de punta con la que contaba el país, cerró la mayoría de los reactores existentes que proporcionaban el 12 % de la electricidad utilizada en Alemania y declaró enfáticamente que para el año 2030 no existiría más en el país energía proveniente del carbón ignorando el hecho de que Alemania posee enormes reservas. Una verdadera vergüenza, para una Alemania sedienta de energía.

Pero Merkel no sólo arruinó el futuro energético independiente de Alemania, sino que acarreó otros graves problemas para su país y el continente europeo. Nos referimos a su decisión allá por el año 2015 de abrir las puertas de su país y por ende de Europa a millones de inmigrantes económicos del mundo musulmán, sin haber consultado previamente a sus ciudadanos y a sus socios europeos, un verdadero paso en falso del cual aún están sufriendo varios países por la difícil y casi nula integración de estos inmigrantes. ¿Y porqué lo hizo? Porque su imagen en Europa estaba decayendo y quería presentarse al mundo como la géneros “Mutti “, como la protectora de los desposeídos.

Y ahora consideremos también que con su estilo de hacer política, egoísta, oportunista, ha logrado destruir a su propio partido, la CDU, que en las últimas elecciones ha obtenido los índices más bajos de electores en su historia reciente. Prefirió apoyar al candidato Olaf Scholz de la SPD en lugar de Friedrich Merz de su propio partido, ninguneándolo y perjudicándolo. Hace pocas semanas, Merz fue elegido por amplia mayoría como el nuevo jefe del partido CDU, una clara revancha a la actitud de Angela Merkel , buscando que su partido vuelva a jugar el rol en la política alemana que se merece como garante de una sólida democracia.

El actual Canciller alemán Olaf Scholz, del partido socialista SPD, considerado como el sucesor natural de la era Merkel, se encuentra envuelto en todo el desastre de la dependencia energética con Rusia. Por eso aún hoy en día es el más tibio en condenar al criminal Putin por sus terribles matanzas en Ucrania. La prensa alemana le puso el apodo de pitufo, Schlumpf, aquella caricatura cómica creada por el dibujante franco- belga Peyo, en el año 1959. En la vida real Scholz no es azul ni vive adentro de un champiñón como los pitufos, pero muchos alemanes juran y perjuran verlo parecido a esos personajes animados. Lo interesante es que Scholz mismo se ha hecho cargo del chiste, afirmando que si bien son chiquitos, son vivísimos y siempre salen ganando. ¿Estará Alemania contenta de ingresar en una era pitufa?

Bien diferente ha sido la política de los líderes franceses en los últimos decenios al apostar a la energía nuclear para lograr así un autoabastecimiento energético. Macron es un enfático continuador de esta política y acaba de anunciar que el país proyecta para los próximos años la construcción de hasta 14 nuevos reactores y la modernización de la mayoría de los ya existentes, mientras que Alemania en este año cerraría los últimos reactores siguiendo el plan de la Merkel aprobado en el año 2011.

El presidente francés Macron, de 44 años, obtuvo en las elecciones del 10 de abril pasado el 27,8% de los votos frente a Marine Le Pen con el 23,1%, con lo cual pasa a una segunda vuelta prevista para el 24 de abril. Sus chances de ganar los comicios son altas. Su triunfo seguramente le dará un rumbo diferente a Europa, una nueva Europa, más independiente de los EE.UU., unida no sólo económica sino políticamente.

Macron y Scholz pugnan veladamente por ser el futuro referente de una nueva Europa. Olaf Scholz no es un líder carismático y carga con el fardo de haber estado involucrado directamente en todo el desastre estratégico de su protectora Merkel. Macron por lo contrario de ganar las próximas elecciones presidenciales en su país tendrá un peso aún más grande de ser el nuevo líder europeo.
¿Angela Merkel, ángel o demonio para su país y para Europa? El futuro próximo lo decidirá definitivamente.

Politólogo – Latinoamericanista – Periodista Internacional
Autor de varios libros con temática latinoamericana

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