La verdad “oficial” no sirve para nada

No tiene sentido revisar la historia. En esta etapa de estatuas derribadas, incluso la del pobre Colón, un navegante que murió hace 500 años, y cóleras traídas de los cabellos, vale la pena revisar lo que ha sucedido en España. La derecha oficialmente olvidaba los miles de crímenes cometidos en Paracuellos del Jarama, y la izquierda no invocaba los miles de fusilamientos cometidos en la plaza de toros de Badajoz por las fuerzas nacionalistas. Lo trascendente era pasar la página y dejar a la sociedad civil examinar los hechos. Cosa que hicieron sin tregua y sin consecuencias penales en los diarios y revistas, en las editoriales y en el cine, porque había una absoluta libertad de prensa, pero no se estableció una “verdad oficial” porque eso era destapar el avispero y era, además, inútil. Cada generación trae con ella una visión diferente del pasado.

Un admirado cubano con una vida ejemplar

Conozco a Carlos Alberto Montaner desde el año 1987 en Guatemala, cuando fue invitado por la Cámara de Comercio de ese país a dar una conferencia. Desde entonces hemos mantenido una amistad entre correos electrónicos, presentaciones de libros y encuentros en diversos países en pro del periodismo libre y la búsqueda de la libertad para Cuba y el resto del Continente. Recientemente, entre mi nuevo exilio en Miami y el coronavirus, he terminado de leer sus memorias sobre lo acontecido en estas últimas décadas en esta feroz batalla entre el aberrante comunismo y la democracia y sus constantes amenazas, entre la estupidez y el raciocinio. Pero además del hilo personal, estas célebres memorias cotejan con precisión dialéctica la narración de hechos sociopolíticos no solo de Cuba, sino también de la extinta URSS, España, Alemania, del fin de la Guerra Fría y de otros notables acontecimientos que viajan por la pluma de este muy leído periodista, también condecorado en 2006 con la Orden Rubén Darío de manos del ex presidente Enrique Bolaños.