El mundo no fue y no será una porquería

Dice Henry Kissinger que “el mundo nunca será el mismo después del coronavirus”. Supone que la pandemia alterará para siempre el orden mundial. No lo creo. La verdad es que el mundo cambia constantemente. Todas las generaciones modifican la ropa, la música, las ideas, las cosas, pero la sustancia sigue ahí. ¿Quién recuerda la angustia de la pandemia de la mal llamada “Gripe española”? Mató entre 50 y 100 millones de personas entre 1917 y 1920. Cuando el virus del SIDA infectó a miles de personas en los años 80 y 90 del siglo pasado, parecía que llegaba el fin del mundo, pero la farmacología solucionó el problema y convirtió el terrible mal en una enfermedad crónica. Nos sucederá lo mismo. Pronto habrá pruebas para saber si uno tiene o tuvo el virus. Pronto habrá medicinas para combatir la pandemia y vacunas para prevenirla. ¿Cuándo? En los próximos días, semanas o meses. No se sabe con precisión. ¿Quedará algo positivo de esta pandemia?. En el terreno espiritual nos queda la experiencia. No es poca cosa saber que un microscópico enemigo puede poner a temblar a toda nuestra especie, pero consuela saber que la respuesta es global. Todos contra el virus y el virus contra todos. Complace ver en la misma trinchera a Israel, Eurasia y al Continente americano, desde Canadá hasta la Patagonia. Hay que gritarlo: ¡Viva la globalización! ¡Muera el absurdo nacionalismo!