El gobernante ungido por la gracia de Dios

Nayib Bukele era, hasta hace una semana, el gobernante con mayor respaldo popular del planeta. El domingo pasado intentó tomar el Parlamento. Ahora hay que esperar las encuestas para situarlo y saber si sigue siendo “el presidente más guapo y cool del mundo mundial”, como se autocalificó por twitter tras un incontrolable espasmo de narcisismo. Por lo pronto, los estudiantes universitarios protestaron por la intentona golpista. Se trata del presidente de El Salvador. Comenzó a gobernar en junio del 2019. El paso del tiempo desdibuja la tarea de las generaciones que hicieron historia. Bukele pertenece a ese mundillo nuevo incapaz de entender que ha llegado al poder gracias a quienes crearon el Estado de Derecho conforme a los valores republicanos: separación de poderes, libertades civiles, derechos humanos, constitucionalismo y el principio fundamental del sistema: todos los ciudadanos son iguales ante las leyes y están obligados a cumplirlas. Bukele se cree ungido por la Divinidad para dirigir a los salvadoreños. Incluso, la razón que dio para explicar el fin de la ocupación de la Asamblea estuvo teñida de trascendentalismo: Dios se lo pidió. Es una lástima que muchos jóvenes salvadoreños, un pueblo industrioso como pocos, no entiendan que el desarrollo económico está vinculado a la institucionalidad republicana y Dios no tiene vela en esta ceremonia. Es cuestión de paciencia y de respetar las leyes. Lo demás viene por añadidura.