Sincerar la política exterior de los gobiernos latinoamericanos con la dictadura de Cuba

La mayor amenaza a la estabilidad de las democracias en las Américas es la dictadura de Cuba con su control sobre las dictaduras de Venezuela y Nicaragua, su pretensión de recuperar sus regímenes en Ecuador y Bolivia, y su estrategia de constante sedición con el crimen como instrumento. La política exterior “es aquella parte de la política general formada por el conjunto de decisiones y actuaciones mediante las cuales se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros actores de la sociedad internacional”. La realidad objetiva de la región presenta en el siglo XXI la existencia de dos Américas divididas por la naturaleza de sus gobiernos y sistemas: la democrática y la dictatorial de crimen organizado. Una legítima y otra de facto. La primera con estado de derecho y la segunda con regímenes de oprobio. La democrática con libertades y la dictatorial con presos y exiliados políticos. Las dictaduras de crimen organizado bajo la jefatura de Cuba, han disfrazado de política su actuación criminal con la desgastada propaganda de la revolución cubana hasta que el fracaso es inocultable y vergonzoso como productores y exportadores de miseria y crimen. Este resumen de actos criminales que en el siglo XXI son del castrochavismo, resultan solo la repetición de similares crímenes practicados por la dictadura de Cuba desde la década de los sesenta en que ensangrentó la región con guerrillas, terrorismo, narcotráfico…..Es solo mas de lo mismo y es la dictadura de Cuba por 61 años. Las preguntas son: por qué los gobiernos democráticos siguen sin considerar abiertamente un “estado agresor”, un “régimen enemigo” o “un sistema de crimen organizado” a la dictadura de Cuba? Por qué las democracias insisten en mantener políticas exteriores de simulación e indefensión frente a la agresión dictatorial? Por qué continúan relacionándose y comerciando con Cuba en lugar de ajustar sus políticas exteriores a la protección de su propia estabilidad?

Choosing the Suicide Weapon

Another caravan of migrants seeking asylum in the US has started its journey in San Pedro Sula, Honduras. About 30% of them will never make it to the U.S. or even to Mexico. Everywhere they have to surrender a possession to make the next mile. When they have given up all their possessions, then they become servants to organized crime through drug cartel recruitment. Servitude comes in many packages, the most obvious is prostitution for both women and men. There also is kidnapping. Finally, there are two jobs that tie migrants to organized crime. These are drug distribution and transportation and spying for the criminal gangs. Today the genie is out of the bottle and is spreading havoc in the region. For the U.S. government it is raining unwanted immigrants. For Central America organized crime is taking away freedom and economic progress. Mexico on its part is being devoured by a wave of violence that claims more casualties than the war in Syria. In short, everyone is losing except organized crime. The clock is thus ticking for the U.S. as leader of the free world to realize that these developments merit a hemispheric treatment. One that brings together law enforcement resources while facilitating prosecution of the mafia leadership and drying out organized crime’s sources of economic gain. Or maybe it is too late to do anything effective, like it is too late to save a significant proportion of migrants from an assured death.