Evo Morales, derrotado por la nación boliviana, sostenido solo por la intervención castrochavista

El flagrante fraude electoral y los crímenes cometidos por Evo Morales y su régimen activaron la “nación boliviana” luego de más de una década. En casi tres semanas de resistencia civil, Evo Morales es un dictador derrotado por la nación boliviana y solamente sostenido por la intervención castrochavista. El concepto y la existencia de la nación boliviana, mestiza, diversa pero única, se construye y sostiene por medio de la “alianza de clases” y no de la lucha de clases. Con la constitución castrochavista- se suplanta por la “lucha de razas” por medio del reconocimiento de 36 naciones en el territorio de Bolivia y la liquidación de la República con un estado plurinacional. En eso consiste el más grande crimen para destruir la “nación boliviana” y traición a la Patria perpetrados por Evo Morales, entregando Bolivia a la intervención de la transnacional del crimen organizado que en ese momento se presentaba como movimiento bolivariano o socialismo del siglo XXI y que hoy se reconoce como castrochavismo. Porque hay una nación boliviana la confrontación en Bolivia está planteada entre el régimen y el pueblo de Bolivia, entre Evo Morales y los bolivianos, entre la intervención transnacional castrochavista y la defensa de la Patria. Por eso el pedido de renuncia es nacional. Solamente la intervención violenta y criminal del castrochavismo sostiene a Evo Morales. Pero el dictador está derrotado, el enemigo identificado y la nación boliviana unida y movilizada.

POR QUÉ MORALES SÍ, POR QUÉ MADURO NO

La caída de Evo Morales ha sido recibida con entusiasmo o desolación según los barrios.  Los que llevan años esperando que en Bolivia exista algo lejanamente parecido a un sistema democrático se encuentran entre los primeros; los partidarios del socialismo del siglo XXI entre los segundos. De la caída de Evo Morales pueden extraerse varias conclusiones. La primera es que la colaboración de la dictadura cubana es importante para este tipo de regímenes en áreas como la represión o las tareas de inteligencia, pero, ni lejanamente, resulta decisiva. Los agentes cubanos son dañinos, pero no son infalibles, seguro, ni garantes, a fin de cuentas, de nada.  Bolivia es un ejemplo clamoroso. La segunda es que la permanencia de una u otra dictadura arranca de circunstancias fundamentalmente nacionales. Al final, el correlato de fuerzas en el interior de la nación pesa mucho más que la llegada de espías, asesores o torturadores. La tercera es que la clave de esa permanencia está estrechamente vinculada con el control del ejército y de las fuerzas policiales. La elección de Guaidó tuvo como consecuencia directa su reconocimiento por varias docenas de naciones, pero mientras con una mano se estrechaba la diestra del embajador de Guaidó, con la otra, se pagaban las concesiones a Maduro. A diferencia de unas fuerzas armadas nada dispuestas a sostener a Morales y, por lo tanto, determinantes en su final. Maduro cuenta con otras que lo mantienen en el poder porque son pagadas y lo son en medio de un devastador panorama económico.  Y es que esa circunstancia explica sobradamente por qué  Morales sí y por qué Maduro, no.