En Colombia estalló la paz

En realidad, Colombia no era un estado tramposo. Especialmente desde que Iván Duque ganó la presidencia en agosto de 2018. Antes, en la época de Juan Manuel Santos, lo había sido. Santos hizo trampas y lo desconoció en beneficio de las FARC. El error original fue igualar a los narcoguerrilleros comunistas con el Estado colombiano. La narcoguerrilla se maneja con unos códigos morales y políticos absolutamente diferentes y contrarios a los del estado colombiano. Es cierto que en Colombia reina una enorme corrupción, pero la diferencia con las FARC o el ELN (y con todas las mafias), es que los narcoterroristas cuentan de antemano con la absolución marxista a todos estos pecados. En cambio, los funcionarios y militares de la República que se extralimiten en sus tareas deben enfrentarse permanentemente a sus delitos. Ya sé que la mayor parte de los asesinos de las FARC y del ELN les basta la vulgata, o el rumor de la vulgata, para llenarse la boca hablando de “los pobres” y de las causas de esa desgracia. Cuando, en realidad, vuelven a la selva y al delito porque es en esa atmósfera en la que se sienten material y emocionalmente recompensados. Le toca a Duque organizar la batida final de estos criminales. Duque no debe perder tiempo. Ahora o nunca.